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Juan Eiroa Gómez

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Juan Eiroa Gómez, protector del capitán Etayo en Nassau

El empresario de Viveiro se ofrece para atender a los marineros españoles de la Niña II tras su viaje colombino

El Progreso 13/01/2022

EN 1962, EL capitán navarro Carlos Etayo protagoniza un viaje del que se está pendiente en todo el mundo. Construye una carabela similar a la que pudo utilizar Colón, la bautiza Niña II y se lanza con ella a repetir el recorrido colombino de 1492.

Cuando la expedición toca Nassau, la capital de las Bahamas, aparece ese gallego que está en todas las partes del mundo y se ofrece para ayudarles en lo que necesiten. Ese buen samaritano es Juan Eiroa Gómez (Viveiro, 1901), convertido primero en ebanista de caoba cubana y luego en un prestigioso fabricante de baldosas.

El carpintero Eiroa, al que allí llaman mister John E. Gómez, llega a la isla en 1922. Su destino en ella está ligado a la reconstrucción del Hotel Colonial Británico que ha sido destruido por un incendio, pero ocho años más tarde crea su propia empresa.

Antes y después del viaje de Etayo viene a Viveiro. Es un hombre que habla inglés, traduce su pensamiento al castellano con cierta dificultad y conserva un marcado acento gallego.

Etayo y sus hombres lo han nombrado cónsul honorario español en Bahamas y su agradecimiento no tiene límites. Uno de ellos es el ferrolano Nicolás Bedoya, que se apunta a la aventura con 69 años cumplidos. Al terminarla reconoce que hubo fallos en la organización, pero prefiere guardar silencio y quedarse con lo bueno.

Tras 76 días de travesía, sin radio, ni más provisiones que las que se le calculan a Colón, llegan a Nassau, donde Eiroa los acoge desde el primer momento. Etayo permanece allí siete días, pero el resto de su tripulación se queda 22 días con el de Viveiro, que al saberlos desprotegidos les envía un telegrama para ofrecerles su casa.

Se encarga de que las autoridades norteamericanas organicen una recepción y que también se interese por ellos el embajador español Antonio Garrigues Díaz-Cañabate. Etayo le encarga que cuide la Niña II, pero no tramita bien el permiso, por lo que las autoridades no lo dejan tocar la embarcación.

El resultado es que la Niña II permanece abandonada en el embarcadero del Hurricane Hole Marine. El criterio general es que el marinero navarro ha sido un buen capitán durante la navegación, pero al tocar tierra se ha desinteresado de ellos y del barco.

Según Eiroa, Etayo tendría que haberlo vendido a la gente de allí, pues mostraban interés en conservarlo. Sin embargo, consigue que se quede con la embarcación un mexicano, en el caso de que la traslade hasta allí y eso parece imposible, “pues ni con dos motores camina”.

Nada impide que míster Gómez reciba los mayores elogios por parte de todos. 

En el momento de la aventura, 1963, en Nassau no existe representación consular española, ni turística, pese a que Bahamas ya es el centro de mayor atracción del Caribe. Allí viven tres españoles y Juan es el decano.

Un contrato con Collins House le abre el mundo del azulejo y desde 1930 es propietario de la Nassau Tile Factory, para la fabricación de baldosas y mosaicos, que hereda su hijo José Gómez y que aún existe hoy, comandada por la tercera generación.

El de Viveiro es también un experto en el sector turístico. Cuando viene a España en 1955, anima a que los empresarios inviertan allí. Dice que el año pasado se había gastado en propaganda _ publicidad, se entiende _, 400.000 libras esterlinas, cada una de las cuales había dado diez de beneficio.

Vinos y perfumes, según míster Gómez, tendrían allí magnífica acogida. Millones de colas de langosta salen de Nassau con destino a Florida, pero los azulejos van viento en popa.

Juan Eiroa Gómez