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José López Castro

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López Castro, el policía modelo que bajó a los infiernos

Había limpiado de ladrones San Sebastián, pero en Barcelona el delincuente es él

El Progreso 20/10/2021

EL AÑO 1919 fue especialmente convulso para el orden público en Barcelona. Sindicalistas, pistoleros somatenistas, políticos, anarquistas, huelguistas y policías se solapan en sus funciones y cuesta trabajo identificar quién es quién en cada momento.

Uno de los muchos personajes que se manejan en esa ciudad de los equívocos es el inspector de Policía José López Castro (Lugo, 1885), que en sus once años de carrera dentro del Cuerpo no ha dejado de recibir elogios y felicitaciones, tanto de sus superiores como de la prensa por la honradez y eficacia de sus intervenciones.

Es hijo de José López Fidalgo y de Josefa Castro. Que tienen un establecimiento de tejidos en la Plaza de la Constitución 7, cuyos escaparates son usados para mostrar los juguetes que las familias de Lugo donan por Reyes a los niños de la Casa de Beneficencia. Además, Josefa es conserje en la Escuela Normal de Magisterio. Su padre muere en 1931 a los 74 años.

En 1908 es inspector de tercera clase con un sueldo de 2.500 pts. Está destinado en Lugo, pero pronto lo trasladan a Barcelona, a San Sebastián y de nuevo, a la capital catalana. Se casa con Concha Caralps Torné, que se morirá en 1932 sin hijos. La mujer está vinculada a la Asociación de Armadores y Exportadores de Pescado S.A., en Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa), también con muelles y almacenes.

En 1909, José Castro Peinó es destinado a Burgos y él, a Guipúzcoa. La investigación más sonada de las que lleva a cabo allí descubre las operaciones de contrabando dirigidas por Nicolás Peláez, con gente de Marsella, Génova y Burdeos.

En marzo de 1912 asciende a Inspector de primera y los periódicos vascos justifican el nombramiento con una hipérbole imposible de creer, pues dicen que López Castro ha logrado “desde hace ya mucho tiempo” que en San Sebastián no se registre ni un robo. 

En 1915 es trasladado a la Comisaría de Atarazanas, en Barcelona, y en el 1918, a la del Norte, también en la Ciudad Condal.

De su estancia en Barcelona destaca su intervención en el descubrimiento de una imprenta de billetes de banco portugueses, franceses y españoles, así como de bonos  de la Cámara de Comercio de Argel, y troqueles para la fabricación de monedas. Se encontraba en la calle de la Libertad, barriada de Gràcia y el caso cobra especial resonancia porque uno de los detenidos es hijo del alcalde republicano de Valencia, José Igual Torres. López Castro es felicitado por el inspector jefe de la Policía.

También desbarata una red de timadores que habían desplumado un millón y medio de pesetas a varios incautos prometiéndoles rentabilidades muy altas, en imitación del método piramidal de la famosa estafadora Baldomera Larra, hija del escritor y periodista. López Castro descubre la sede de la agencia en la calle del Hospital y se procede a la detención de todos ellos.

Sin embargo, esa trayectoria continuada de éxitos se ve bruscamente interrumpida el 3 de mayo de 1919, cuando se anuncia que él, jefe de la brigada de investigación criminal, y otros ocho comisarios e inspectores de Barcelona han sido suspendidos de empleo y sueldo tras una inspección originada por una denuncia.

La medida se explica por la desaparición de ciertos fondos recaudados con fines benéficos, aunque dado el ambiente que entonces se vive en Barcelona, el público especula con delitos de mayor enjundia, al menos, por parte de alguno de ellos.

Después de la caída, encontramos a José como gerente de la Asociación de Armadores vinculada a su mujer.

José López Castro
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