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Jesús Peinó Piñeiro

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Peinó Piñeiro, mensajero del Himno de Galicia

Fue director de Vivero en Cuba y académico correspondiente de la Gallega

El Progreso 03/11/2021

AL INICIARSE LA última década del siglo XIX, Jesús Peinó Piñeiro (Lugo, 1869), es nombrado cajista de 2ª en la imprenta de la Diputación lucense. Tiene 21 años y una vocación periodística que imaginamos iniciada o acrecentada tras el mencionado empleo.

Renunciará a él en 1901, pero entre 1894 y 1898 lo compagina con la corresponsalía informativa y administrativa de El Diario de Galicia, por lo que su nombre y su domicilio, en Manuel Becerra (Progreso), figuran todos los días en la cabecera del periódico.

Escribe con corrección y da noticia del acontecer de Lugo. Solo en una ocasión, cuando critica la actuación de las fuerzas de orden público (1894), es denunciado ante el Juzgado por los inspectores del cuerpo de Seguridad, pues consideran que vierte conceptos injuriosos.

Se casa con Caridad Quintana González, dos años menor que él, y juntos residen en Cuba con su hijo Luciano. Sin embargo la mujer regresa a Galicia al poco tiempo. Jesús explica a sus amistades que va a ser tratada en A Coruña de la grave dolencia que padece, una tuberculosis crónica que la lleva a la tumba en 1911.

Sin embargo, dos años antes de que esto ocurra, Caridad salta a la prensa por un escabroso asunto, pues el juez Antolín Mosquera la emplaza a presentarse en un sumario sobre corrupción de menores, o sea, trata de blancas y prostitución. Se la conoce como A Carracha, tiene 38 años y regenta “un nido de amor” en la calle coruñesa de Progreso, a donde lleva engañadas a dos jóvenes orensanas. 

Una es Emilia Iglesias, de 22 años, y la otra, Dolores Fernández, de 16. Como quiera que los clientes solo piden la compañía de Dolores, decide reenviar a Ourense a Emilia, a lo que ella se niega estando ya en la estación. Se resiste y descubre el pastel a la policía.

Poco tiempo de vida le queda a la Carracha para mantener su lupanar. Nada nos permite pensar que Jesús está al corriente de las actividades de su esposa, ni lo contrario.
Las actividades de Jesús en La Habana se centran cada día más en el ámbito asociativo de los gallegos, especialmente en el Centro, del que llega a ser jefe de Propaganda; la sociedad Unión Lucense y la publicación Vivero en Cuba, la decana de la emigración, de la que es director.

También funda un efímero semanario, La Raza, que igualmente dirige. Colabora en otras cabeceras y se hace un nombre como periodista y escritor. Llegarán a decir de él que es “literato, historiador, humorista, comediógrafo. En fin, una enciclopedia”, aunque solo hemos localizado algunas colaboraciones esporádicas y    un artículo sobre “El maestro Montes. Breves apuntes sobre su vida y sus obras” (Eco de Galicia, 20-IV-1924).

Peinó viaja a España  a finales de la primera década del XX y en alguno de esos viajes sirve de intermediario entre el presidente del  Centro Gallego, José Fontenla Leal y el poeta Eduardo Pondal. El tema que los une es naturalmente todo lo relacionado con el Himno de Veiga, con el poema Os Pinos y con lo que finalmente será el Himno de Galicia.

Por eso Peinó es citado en  las cartas que se cruzan Fontenla y Pondal.

En 1907 crea con otros paisanos la Asociación Protectora de la Real Academia Gallega y a través de ella consigue que se apruebe su candidatura como académico correspondiente.

Antes de fallecer en La Benéfica, Jesús, cuyos apellidos escribe ahora como Peynó Piñeyro, aparece en una sorprendente noticia, pues en ella se dice que ha tomado camino de la playa de Varadero para ver chicas guapas (Diario de la Marina). Tiene entonces 69 años.  
 

Jesús Peinó Piñeiro
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