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Jacinto Calvo López

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Jacinto Calvo, decano de los senadores españoles

En tal condición preside las sesiones constitutivas de la cámara alta en 1982 y 1986

El Progreso 30/12/2021

EN SENTIDO ESTRICTO fue el senador más senador de todos los senadores cuando se abre la legislatura de 1982 llamada la Isidora, por ser Felipe González el hombre encargado de pilotarla en una amplia singladura, pues habrá que sumarle otras tres.

Jacinto Calvo López (Viveiro, 1903), tenía 79 años y una pipa de tribuno a la antigua usanza. Por eso preside la sesión constitutiva como volverá a hacer en 1986.

Se había sentido atraído por la política muy joven a través de la prensa que su padre, el aragonés Manuel Calvo, recibe desde Madrid, además de la provincial. Su madre, María López, es oriunda de As Arieiras y ahijada de doña Rosita la pastelera, aunque en su caso no como Francisco Martínez de la Rosa, que así le llamaron de apodo, sino porque era verdad. Se llamaba Rosita y hacía pasteles.

Ese personaje va a unir las vidas de Manuel y María, lo que propiciará la existencia de Jacinto y sus hermanos. Después de diez años en Viveiro, se trasladan a Lugo y nace la famosa Confitería Calvo de Doctor Castro. Él solo tiene cuatro y es un traste de marca mayor, según su propio análisis ante Paco Rivera Cela, que le hace una extensa entrevista para la COPE, recogida en su libro de Lucenses 2.    

Clases en Santo Domingo con el inválido Victoriano Tuñón y clases posteriores con el emblemático Antonio Couceiro Freijomil. Con 11 años se estrena en las letras de molde como miembro del Batallón Infantil de la Liga de Amigos, al lado, por ejemplo, de Álvaro Gil, Saturno Lois y Jesús Bal y Gay.

A los 15 cuelga los libros para trabajar con sus diez hermanos en el negocio familiar.    

Desde 1930, además de interesarse por la política, la practica en la Agrupación Socialista de Campo Castelo y su Centro Obrero, de Quiroga Ballesteros, para ser su secretario desde el primer día, algo desusado en cualquier organización política. Era presidente Bautista González y tesorero, Ricardo López Pardo.

Con 15 años se integra en el coro de Cantigas e Aturuxos, de cuya directiva es vicesecretario, y también está en Orfeón Lucense como bajo profundo. Participa en la fundación del Deportivo Club, de San Roque, y llega a ser jugador de fútbol en Montirón, así como boxeador, hasta que le parte la cara Enrique Pintos, que era vigués y del Sporting. Se hizo árbitro para seguir pisando el cuadrilátero.

En 1934 forma tándem político con Juan Tizón Herreros, el principal implicado en Lugo de la llamada Revolución de Asturias, por lo que va a la cárcel.

Significado orador durante toda la República _ con Bóveda, por ejemplo _, elige el exilio hasta que transcurra la guerra y los primeros diez años de franquismo. Su escondite en el 36 es un secreto absoluto, tras la fatal experiencia en el 34.

A la vuelta de Francia y Portugal le saludan por la calle como si hubiese resucitado y se casa talludo con Olga Sánchez Vázquez, sin descendencia.

Vive sin ser molestado, aunque todavía tienen que pasar 25 años para poder presentarse como socialista. Se queda a las puertas del Congreso y luego se alza con el decanato del Senado, que llevaba con el humor que siempre le caracterizó.

Supo compaginar galeguismo y españolidad con una frase remedo del poeta normando Jean Joret; “Eu, que son o máis galeguista dos españois, tamén son o máis español dos galeguistas”. “Pódese ser as dúas cousas a un tempo”, como dijo a Manuel Rodríguez López.

Prueba de ello es su amistad con el también viveirense Ramón Villar Ponte, con quien visita por primera vez el Congreso de los Diputados.  

Jacinto Calvo López