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Domingo Campo Alvariño

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Campo Alvariño, una odisea de cinco meses entre rifeños

El de Viveiro trabaja para los franceses en Marruecos, pero cae prisionero varias veces

El Progreso 02/11/2021

LA HISTORIA DE Domingo Campo Alvariño (Viveiro, 1902), llega hasta nosotros gracias al relato que de ella hace El Telegrama del Riff, de Melilla, única fuente a la que debemos todos los detalles.

Dice el periódico que  su espíritu aventurero lo lleva a recorrer la zona francesa de Marruecos y en enero de 1922 trabaja en la construcción de una carretera, pero al finalizar la obra, Domingo decide ir a Melilla, momento en el que cae en mano de rifeños que le roban cien francos y solo le dejan camisa y calzoncillos. 

Es conducido a una casa de la cabila de Beni Gulide donde es recibido con gran excitación por parte de las mujeres, que lo apedrean al grito de “Este arrami estar cerdo”, mientras los chiquillos lo despojan de su única ropa.

“Yo no soy español”, protesta en francés, cuando es encañonado por las carabinas. “Soy francés y adoro a vuestro Dios”. Las moras se apiadan y consiguen que no lo maten y lo dejen marchar. Camina durante la noche sobre la nieve y lamenta no haber muerto, pues intuye que será capturado de nuevo.

Llega a otro poblado y cuando una mora lo ve desnudo, se arma de un palo y lo golpea. Un niño le ofrece un tozo de pan que devora. Repite su argumento y lo someten a pruebas que no logran despejar las dudas sobre su nacionalidad.

Queda prisionero, pues no quieren ni franceses, ni españoles. Al día siguiente lo llevan a un morabo, una pequeña mezquita, donde hay varios hombres alrededor de un madero encendido.

Domingo se echa a llorar y le dicen que no le pasará nada. Deciden ponerlo a cavar con diez cabileños. Si les gana, le darán un pedazo de pan. Lo hace con tanta ansia que lo consigue y lo aplauden, aunque se olvidan del pan. Los niños vuelven a socorrerlo como a un perro.

Un día llegan 30 jinetes cabileños armados. Quieren ver al cristiano y lo invitan a té. Al saber que trabaja bien, dicen que se lo llevarán, pero se oponen los de la aldea.

Le compran una chilaba entre protestas de otros que le llaman cerdo. Duerme con un muchacho de 14 años armado de fusil y cuchillo, pero aprovechando su sueño, se fuga una noche y atraviesa montañas sin otro alimento que espigas de centeno. Pasa el día entre la maleza y avanza de noche.

Un hombre lo para y le pregunta: “¡Eh Mohamed! ¿Dónde ir? ¿Estar rifeño o estar soldado?” Corre cuanto puede, pero se siente tan cansado que decide presentase al primer moro que encuentre, cuando es detenido otra vez por tres rifeños. Le piden un papel de Mohammed Abd al-Karim al-Jattabi (Abd-el Krim), para poder circular por aquellos lugares.

Se pone a rezar de acuerdo con el rito musulmán y les agrada. Discuten si llevarlo a presencia de Abd-el Krim, aunque le dejan seguir camino.

En Axdir le hacen besar las piedras de un cementerio moro por ser el lugar de nacimiento de Abd-el Krim. 

Habla con 150 prisioneros españoles que construyen un morabo bajo la dirección del capitán de Ingenieros señor Aguirre. 

Abd-el Krim ordena no matar a los prisioneros pues el Gobierno le paga 14.000 pesetas por cada uno. Domingo quiere ver a los oficiales, pero no puede. Después abandona Axdir recorriendo la playa, y alimentándose de caracolillos llega a Wen Sidi Driss, donde es hecho prisionero una vez más para estar seis días en una cueva.

Un día logra escaparse y después de andar varias noches, entra en Dar El Kebdani y consigue ser libre en julio de 1922, tras cinco meses de penurias. Al periodista de Melilla que le cuenta su aventura le confiesa que desea llegar cuanto antes a Viveiro y no es de extrañar. 

Domingo Campo Alvariño
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