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Concepción Rodríguez García

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Concepción Rodríguez, “a señora do milagro”

Ánxel Fole descubre y entrevista en O Courel a una mujer que declara haber vivido un viaje al cielo y al infierno

El Progreso 01/09/2021

SEGÚN ESCRIBE FOLE le llamaban “la señora del milagro”, aunque lo probable es que lo hiciesen en gallego. Hablamos de Concepción Rodríguez García (Folgoso do Courel, 1885). Nacida en Vilar do Courel, dentro de la parroquia de San Vicente de Vilamor, no tiene otro domicilio hasta que superados los setenta va a vivir a Pobra do Brollón.

En Vilar se casa una vez cumplidos los veinte años y poco después tiene una niña. A partir de los 25 años sufre tres episodios de trances visionarios, que ella denomina revelaciones y que la gente de su entorno resume diciendo que está diez horas muerta. 

Esa manera de describir las alteraciones de Concha, como allí le llaman, nos permite sospechar que podría haber sido afectada por ataques de catalepsia, ya que los síntomas y la descripción coinciden con otros muchos casos tratados por médicos, aunque en ningún momento se habla de catalepsia, y mucho menos en su testimonio.

A partir de ese momento Concha es otra persona y a todos relata experiencias extraordinarias que dice haber vivido durante esos espacios que los vecinos definen como muerte interina.

Durante la época en que Ánxel Fole vive en Quiroga tras la guerra, escucha las noticias de Concha que le refiere su amigo David, dueño allí de un bar antes de trasladarse a Lugo. Al escritor le impresiona el relato de la mujer y concibe la idea de conocerla y entrevistarla para El Progreso. Sin embargo no lo va a hacer hasta dos décadas después, en septiembre de 1965.

El resultado se condensa en tres entregas que El Progreso publica en su última página bajo el epígrafe “Entrevistas insólitas”. En los tres artículos, Fole nos conduce a través de aquellas montañas hasta colocarnos delante del personaje para comprender mejor su peripecia.

También llama la atención su interés por los arcaísmos y los giros gallegos que  utiliza Concha para expresarse, de los que aquí prescindimos por mor del espacio.

David le había dicho a Fole:

_ La señora Concha estuvo más de diez horas muerta. Y ella afirma que "vivió" en el Infierno, en el Purgatorio y en la Gloria. Anda de noche y no tiene miedo a los lobos. Me gustaría que usted le oyese sus "revelaciones"...

Luego, cuando logra hablar con ella descubre que su primera alucinación, o iluminación, la tiene oyendo misa en la iglesia de Vilamor, aunque la mujer utiliza otro lenguaje, que respetamos en su integridad:

_Nada de visión, meu santo. Foille a primeira revelación que tiven. Sentín a voz de Nuestro Señor, que me decía: "Te escojo para reo de ejemplo. Vete a tu casa, y presenciarás la muerte del renegado. Sentirás en tu carne las penas del infierno.

(El renegado es el que muere sin arrepentimiento). 

_ Después presenciarás la muerte del preparado y la del verdadero.

(El preparado es el arrepentido y el verdadero, el justo que dice siempre verdad). _ Subín aquela costa e tiben aquil quebranto... Funme prá casa e delteíme. 

_ ¿E íballe moito mal? 

_ Moitísmo, meu santo. Eu sentía aló drento que iba a padecer por moitas horadas... A primeira revelación foi de tres horas; as autras dúas, de pouco maís de dúas horas e media cada unha. Nove horas de revelación en sete anos. Deiteime. Eu tremaba coma un mimio, i-a cama conmigo. Berreille á miña sogra, que estaba no outro cuarto da casa...

_ ¿E qué hora sería? 

_ Xa anoitecera e xa estaban acesos os candiles de carburo. Berreille á miña sogra: "Ergase, mi madre, que val vil-o demo"... 

_ Sentimos todos os da casa estarabouzar ó demo no sobrado. Batorexaba enriba, i-era como si esnaquizase as portas, batindo n-elas.

_ ¿E cómo era o demo que vostede víu, señora Concepción? ¿E il sería cornudo, rabudo e barbudo, como se arrepresenta nas estampas? 

La señora Concepción responde muy "apousada":

_ O demo que eu vin non tiña rabo, cornos nin barbas. 

Esta imagen del diablo, del Enemigo, lector, contradice la mía. Porque el diablo que yo he visto era un perillán, rabudo y cornudo, aunque no descubriese de primer momento sus atributos figurativos. Mi visión del diablo, auténtica figura en el relato de mi próximo libro de cuentos "De cómo lle vin o rabo ó demo e tamén os cornos”.

_ Éralle un home como outro calquera. Mais a ollada... a ollada era d-unha persoa que encobre algo que non pode decir endaxamáis. 

Comprendido. La atravesada "mirada del que oculta una fechoría, aparte de los más aviesos propósitos.

_ ¿E, por casual, non víu vostede algús condenados?

_ Xa o creo qu-os vin, meu santo. Vin ós condenados que non pensan máis que se enriquecer i-en levar boa vida. Estaban no cortello do Inferno, on-día ós porcós, lles da ceba tamén. Os diaños míudos adeministrábanlle o manturio, ó tempo que lles decían: “A ver de qué vos sirven agora os sabrosos maxares e mail-ós viños eisquisitos... E todos grufiaban cando lles botaba a comida no maseiro, dispensando... "Comede, concupiscentes, comede".

La señora Concepción nos confiesa que sentía los dedos de las manos afincados en las palmas. Las convulsiones, tan típicas de los ataques epilépticos.

_ E sentía decir: "Córtadelle as veas. E, daquela, presenciéi aquil debate do Ángel Custodio co demo, teimado cada un por levarse unha i-alma, un prá Gloria, outro pró Inferno.

_ As penas do Purgatorio, das Benditas Ánimas, non lle son como a xente cré. Alí non lle hai chamas que queimen o corpo. As penas do Purgatorio son unha tristura que non ten remate hastra que a i-alma vexa a Dios…

Lo comprendemos inmediatamente. La añoranza de la cara de Dios en el sentido de la filosofía platónica. Estamos a punto de decirle "Este mundo, señora Concepción, ya es Purgatorio. Suspiramos de continuo por la faz de Dios…

"Y Tú, por quien todos vemos. Señor, y que ves las almas dinos si todos un día hemos de verte la cara".

No conozco otros versos más hondos y sinceros, hablando de la Divinidad y de nuestro destierro en el Mundo que éstos de Antonio Machado. 

_ ¿E cómo era o Anxel Custodio? 

_ Era un rapaciño fermosísimo, cas guedellas de ouro…

El rostro del primogénito _ la hija de la señora Concepción, una muchacha de singular hermosura _. Una transposición, bien explicable, de la realidad al ensueño.

Nuestra entrevistada nos habla largo y tendido de su visión o "revelación" de la Gloria. Se le aparece la Virgen Santísima con su amantisimo hijo. La Virgen, bajo la figura de una bellísima doncella.

_ ¿Y su hijo?

_ Un borne como hay moitos, pequenote il, moreno, nin groso nin flaco. . . 

_ Un Cristo quizás demasiado humanizado. El Hombre, que redimió al hombre. . . Se acusa 
aquí, quizás, el impacto de un sermón misional.

Cuando nos percatamos del "pneuma", del "numen" que late en la expresión de nuestra interlocutora. La perentoria tendencia a hablar en verso. Una y otra vez habla en frases medidas sino también rimadas. Una y otra vez descubrimos versos en su prosa coloquial. Una manía muy relevante para un psiquiatra. 

    "A serpiente anda sin patas, 
    como a i-auga sin aliento. 
    O Inferno arde sin leña 
    pol-o seu consentimento".

La señora Concepción es una "inaspirada". . . Y, como Juana de Arco, cree que sus revelaciones salvarán a los suyos. Pero "los suyos" de la señora Concepción no son solamente los franceses _ o españoles _, sino toda la Humanidad.

_Eu quero que lles faga conocedores das miñas "revelaciós" ós rusos e tamén ós americanos. Que sepan que hai unha morte dos "verdadeiros" _ dos xustos _, dos que sempre dicen verdade. Agárdalles a Gloria Eterna. ¡Ai si vostede vise a Groria, meu santo!... Aquela color da Virxe. Aquelas cores dos anxos, que estaban ondia eu…

Legamos a la posteridad este interesantísimo, doble documento humano de las manifestaciones de nuestra interrogada. Lo que dice y cómo lo dice. La psicología y la filología.

En su visión del Infierno sufrió un ataque con contracciones y convulsiones. En su visión del Purgatorio estaba deprimida, melancólica, postrada. ¿Y en su visión del Paraíso? ¿Cómo se explica su sensación placentera de este "rapto" o arrebato? La secreción de adrenalina, que aumenta la presión sanguínea ¿es euforizante?

La descripción del epiléptico típico no ofrece grandes dificultades. El epiléptico suele ser tranquilo, minucioso, prolijo y también servil u oficioso. Escribe con calma y con buena letra. Pero padece "explosiones" de genio. Pero hay el tipo de epiléptico genial, representado por San Pablo, Mahoma o Dostoiewski. Aún cuando no diga nada de él Ernst Kretschmer, el famoso director de la Clínica Psiquiátrica de Tubinga, en sus más difundidos libros. 
 

Concepción Rodríguez García
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