Chema Prado

Chema Prado, una vida atrapada por la imagen

El de Rábade dirige durante 26 años la Filmoteca y gana los más destacados premios por la recuperación de películas

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El Progreso 07/04/2022

VIVE CON SU pareja, la actriz Marisa Paredes, en uno de los edificios más emblemáticos de Madrid, las Torres Blancas de Sáenz de Oiza y desde su apartamento observa la evolución del famoso cuadro de Antonio López “Madrid desde Torres Blancas”, realizado entre 1976 y 1982 y subastado en 1,72 millones de euros en 2008.

La vida de José María / Chema Prado (Rábade, 1952), está dominada por la imagen aunque él no quiera. Torres Blancas recibe el premio del Colegio de Arquitectos de Madrid antes de inaugurarse y Chema supo que viviría allí cuando pudiese. De Marisa Paredes y de Antonio López, qué decir, y de él hablaremos ahora.

Durante sus ocho años de infancia en Rábade descubre la oscuridad de las salas en el Cine Man, que era de la misma empresa que el Victoria de Lugo, aunque para ver Ben-Hur lo llevan a la capital.

Después marcha interno a los jesuitas de Vigo y pasa los veranos con la familia en A Coruña. En Vigo permanece hasta los 16, pero quizá por estar encerrado, se hace del Dépor y no del Celta.

La próxima etapa vital es Madrid, donde se instalan sus padres. Ya entonces Chema es un hombre atrapado por la imagen, aunque estudia arquitectura de interiores, pinta y sueña con vivir en Torres Blancas.

Llega al cine a través de las colaboraciones de prensa que compagina con su trabajo, al tiempo que recorre festivales cinematográficos, hasta que la Filmoteca Nacional _ hoy, Española _, lo llama para que se integre en el equipo rector. 

Tras unos meses en los que comprueba que no puede mantener los dos trabajos se decide finalmente por el cine, aunque le cueste dinero. Se siente tenista de torneo en torneo, aunque él va de festival en festival y no lleva raqueta, sino cámara de fotos. Muchas de ellas componen su exposición sobre la gente del cine.

Un día, cuando Almodóvar acaba de rodar Entre tinieblas con Marisa Paredes, le pide en Venecia que se la presente, y hasta hoy. Será director de la Filmoteca y cuando se jubila, 26 años después, es tan feliz como cuando lo nombran. Su salida se adelanta porque no está a gusto y ya sabemos que a Chema le gusta a partes iguales sentirse cómodo y ser libre.

En el medio hay un montón de fotografías y otro, también muy grande, de películas recuperadas por las que recibe los premios Fénix, el Panorama a toda una vida, el Cineuropa 2016, el de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos y otros muchos. Esta labor hay que relacionarla con el Centro de Conservación y Restauración de la Ciudad de la Imagen (CCR), que es la envidia de otros países.

Ha tratado a gente como Arthur Penn o Stanley Donen, aunque tuvo una especial relación con Bernardo Bertolucci, al que visita en casi todos sus rodajes, y con John Malkovich, de cuya hija es padrino. Prado ha hecho que los Malkovich se aficionen a los pimientos de Padrón y traten de cultivarlos en Francia. No se conocen los resultados de la experiencia.

Con él y Bigas Luna inaugura una exposición de cien fotografías que lleva a Venecia, Canarias y otros lugares. Las llamadas Infraganti, muestran personajes pillados sin avisar; otras son Ciudades, una tercera serie trata de Pekín y Shanghai, y una cuarta, de visitantes en museos del mundo.

Sin dejar de viajar, de ser jurado en festivales y de hacer fotos, ahora organiza su archivo y se felicita por no tener jefes.

No le gusta ver el cine en pantallas pequeñas y de hecho no está abonado a las modernas plataformas que todo el mundo ve. Tampoco nadie fue director de la Filmoteca 26 años. 

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