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Antonio Carro Martínez

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Antonio Carro, la apertura desde dentro del régimen

Se cumple este mes el primer aniversario de la muerte del político lucense, Hijo Predilecto de la provincia

El Progreso 04/04/2021

CUANDO DARÍO VILLANUEVA deja de ser director de la Real Academia Española, Lugo pierde un paisano en un cargo de tanto relumbrón, pero gana, por así decirlo, un paisano político para el mismo sillón, pues quien lo sustituye, Santiago Muñoz Machado, está casado con Marta Carro Marina, la tercera hija de Antonio Carro Martínez (Lugo, 1923).

La vida de Antonio Carro se puede contar a través de su exacto currículo, y entonces sobran los enunciados para llenar estos folios, o bien a salto de mata, que es más divertido.

Sus padres son el consejero de Eléctrica Lucense y comerciante maragato, Arsenio Carro Pérez, al que a veces se le llama Antonio, quizá por ósmosis con su hijo; y Herminia Martínez Cabrera, también maragata y directora de la Escuela Normal hasta que se jubila. Él es de Santa Colomba de Somoza, y ella, de Andiñuela. Viven en la avenida de Segismundo Moret, hoy Castelao.

Su abuelo por parte de madre, el general de brigada Toribio Martínez Cabrera, sirve a la República al pie de la letra, como dice Couceiro Tovar, y lo paga con su vida.

Él resuelve con solvencia los estudios de bachillerato en el Instituto, aunque no es tan brillante como sus hermanas, Pilar, María Jesús y Cristina, que se casa con el catedrático de Ciencias Naturales de dicho centro, Francisco Bernís Madrazo, recordadísimo por todas las generaciones de lucenses que pasan por sus docentes manos, destacado ornitólogo que abandera la conservación  del parque de Doñana y señalado eucaliptófobo.

Cuando se habla de Bernís se suele eludir información sobre su segundo apellido, Madrazo, que lo une familiarmente con la gran saga de pintores, los Madrazo y los Fortuny.

La boda fue en San Froilán y a ella asiste, naturalmente, Rosa Madrazo de Bernís, madre del novio. Del matrimonio nacen otras dos lumbreras, la bióloga Cristina y el matemático Francisco Bernís Carro.

También está allí el académico e historiador Gonzalo Menéndez-Pidal y Goyri, hijo de don Ramón y casado ya con Elisa Bernís Madrazo.  

Antonio se une a Lucía Marina de Orta, malagueña de cuna y sevillana de crianza. Además de Marta, tendrán otros cuatro hijos, Lucía, Antonio, Delia e Ignacio.

Acabadas las carreras de Magisterio, Derecho y Ciencias Políticas, viene a Lugo para participar en los renombrados cursos de Primavera, donde habla de Europa. Estábamos todavía lejos de integrarnos en la vida comunitaria, pero las ideas que entonces expone son las mismas que se repetirán luego en el ingreso.

Carro forma parte de la comisión que negocia lo que en aquellos años se llama Mercado Común Europeo y ya entonces se gana un puesto entre los aperturistas del régimen.

Integrado en la función pública, contribuye a la reforma administrativa y ocupa varios puestos por razón de mérito, esa cosa tan rara en la actualidad.

Llegada la hora de ser ministro de la Presidencia, le van a auxiliar de cerca dos lucenses, Enrique Santín Díaz y luego Pablo Figueroa Dorrego.    Procurador en Cortes por Lugo y diputado durante seis legislaturas, también fue vicepresidente segundo del Congreso y letrado del Consejo de Estado.

A Carro se le cita siempre por su contribución a la apertura a través del espíritu del 12 de febrero de Arias y en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental en plena Marcha Verde que acosa a España para forzar los Acuerdos de Madrid.

Fue Hijo Predilecto de la provincia y está a punto de cumplirse el primer año de su muerte, siendo Viernes santo del año pasado.

Antonio Carro Martínez
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