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Antón López Rivas

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Mago Antón, profesional de la ilusión

El artista de Castroverde iba camino de psicólogo, pero prefirió curar con otro tipo de tratamiento

El Progreso 07/04/2021

UNA VEZ QUE Cunqueiro traslada el mago Merlín a las Tierras de Miranda y de Mondoñedo, todo es posible. Al novelista se le había adelantado Manuel Rodríguez Saa. alias Dr. Saa y conde de Waldemar.  Entre ambos se las componen para que no exista ninguna incompatibilidad por haber nacido en Lugo y querer ejercer la magia.

Es más, los que están detrás de la Semana Internacional Lugomáxico demuestran que no solo son conceptos compatibles, sino que uno favorece al otro.

A semejanza de uno de aquellos hombres de Cuerda en Amanece que no es poco, entre Miranda y Portomarín, brota de la tierra de Santiago da Meda Antón López Rivas (Castroverde, 1956), que no recurre a nombres míticos para darse a conocer, sino que se transforma en un modesto y enxebre mago Antón.

Luego se traslada a Lugo para crecer lo suficiente y decidir que le atrae la Psicología, cuyos estudios inicia en Santiago hasta que en 1977, el mago que lleva dentro se revela y decide manifestarse en todo su esplendor.

Si Antón es nombre moliente, el de su personaje, Facundo, parece quitarle todo misticismo al oficio. Dicho de otra forma, hacer magia es como hacer croquetas. A unos se les llama magos y a los otros, cocineros. Punto.
Ahora bien, dentro de cada actividad los hay buenos y malos, y nombres aparte, Antón viene dispuesto a ser de los primeros. Ya en 1979, recién estrenados en nuestra condición de constitucionales, la Crítica le premia por Facundo.

Se ocupa de su plena profesionalización a través de la escuela mágica de Madrid, pero ya con actuaciones dentro y fuera de Galicia. En Portugal, Holanda o Bélgica lo conocen desde entonces. En esa época se interesa por la magia de cerca, un concepto bastante novedoso, donde brillará como con los números más aparatosos.

Una noche tuve ocasión de ser su único espectador, no porque no hubiese ido público, sino porque estábamos solos en mi domicilio. Aquello no era magia de cerca, sino de intimidad. Me intriga, asombra y engaña a partes iguales. Estar a su lado no fue ninguna ventaja para descubrir sus manejos y manipulaciones; más bien un inconveniente.

Pero Antón era más conocido por otro tipo de espectáculo que inicia en los años ochenta. Son sesiones al aire libre en las que ahora sí, retoma a Cunqueiro y apela a Merlín e familia para titular su trabajo, que más tarde transforma en un segundo montaje a través de la empresa Produccións Máxicas. Con él y una carpa para 1.500 personas recorre Galicia. El Circo Americano, pero de Castroverde.

Crea nuevos trucos, participa en congresos internacionales y comercializa sus ideas bajo el nombre de Os xogos do raposo.

Con textos de Darío Xohán Cabana y música de Milladoiro levanta su particular Vía Láctea para el Xacobeo 1993, donde imagina su muerte en París cuando realiza un peligroso número, un trance que salva gracias a la intervención del apóstol Santiago, que ha desaparecido de la catedral. Luego, acompañados de Xelmírez, Roldán y Aimerico Picaud, regresan a Compostela.

La trama contiene algunos elementos relacionados con su biografía como son los dos accidentes que sufre, antes y después, dentro de un tanque de agua y que ponen en peligro su vida.

Queda por citar su Magomóbil para magia de cerca; sus otros espectáculos como Onde está o mago Antón?, Insólito por ANTONomaxia, O romance do conde de Cagliostro, Fugas e soños, En clave de maxia, 10 magos no país das marabillas y varios más, algunos en TvG.

Este Galego Egrexio ha repartido mucha ilusión en las cuatro últimas décadas.

Antón López Rivas
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