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Andrés López Palmeiro

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López Palmeiro, donde nace El Relicario, de Padilla

Fernández Mato, su hijo político, invita al compositor a Ferreira de O Valadouro y allí surge la música de “Pisa morena...”

El Progreso 08/07/2021
 
A FALTA DE mayor precisión lo imaginamos nacido a mediados del siglo XIX y fallecido en la primera decena del XX. De Andrés López Palmeiro (O Valadouro. 1850?), contratista de obras públicas en toda Galicia, sabemos que reúne una considerable suma de dinero y se preocupa de beneficiar también a sus paisanos.

De su memoria se encarga la calle principal que atraviesa Ferreira de este a oeste, así como la Fundación con su nombre que durante un tiempo reparte pesetas entre los estudiantes del Concello.

Por cierto que la Fundación también está unida a un monumental escándalo, cuando una comisión de vecinos denuncia a sus tres patronos _ el alcalde, el juez municipal y el cura párroco _, por no repartir los fondos como estaba estipulado,    

El alcalde Pedro Salvatierra, el sacerdote Severino Cociña y el juez Benito Alonso se habían desplazado a la capital coruñesa donde fallece López Palmeiro para diligenciar sus últimas voluntades y la denuncia se produce en 1934 por “distracción de caudales”, o retención indebida de unos miles de pesetas durante siete años.
Entre sus fines también figura ayudar a las personas mayores sin recursos y la construcción de una torre con reloj para la nueva iglesia, un proyecto anhelado durante muchos años.

Andrés se casa con Josefa López Rodríguez, que lo sobrevive como vecina de Vigo después de que el matrimonio viva en A Coruña y en la propia Ferreira. Tienen una única hija, Josefa López y López, de la que se enamora el médico, político, escritor y periodista Ramón Fernández Mato, padres a su vez de María de Jesús y Manuel. Todos reposan en el panteón familiar del cementerio de Ferreira.

Pero la historia más curiosa que tiene lugar en las posesiones de López Palmeiro  se conocerá después de su muerte, cuando su hijo político ocupa la llamada Casa de Mato. Exactamente en el año 1968.

En ese año el periodista Álvaro Ruibal recorre el norte de la provincia lucense para escribir unos reportajes que publicará El Progreso.

En la oficina de Correos de Foz coincide con Ramón Fernández Mato y naturalmente Ruibal aprovecha para que le cuente recuerdos con los que aderezar sus reportajes.
Hablan de la época en la que Mato dirige en Vigo El Pueblo Gallego, con Montes, Dieste, Bernárdez, Correa Calderón, Carballeira y el jovencito Augusto Assia, así como de algunos amigos suyos, Valle-Inclán, Unamuno, Azorín, Baroja...

Hablan de los estrenos de Mato, entre ellos el de La Galleguita, a la que pone música José Padilla, y entonces surge el dato, que pese a ser publicado, permanece desconocido para la historia  de la música española.

Ramón le relata su amistad con el compositor y le dice que después del éxito de La Galleguita lo invita a pasar unos días en el pazo de O Valadouro, “donde compone El Relicario”, uno de los grandes éxitos suyos y de Raquel Meller, Sara Montiel, Celia Gámez y Concha Piquer, una canción presente en El último cuplé que fue himno de la campaña electoral de  Eisenhower.

Ruibal reflexiona en su reportaje: “Escribir esta abigarrada españolada bajo las carballeiras galaicas resulta un despropósito, pero las cosas vinieron de esta manera”.

Otro día lo lleva a Mondoñedo, donde la hija de sus amigos dedica a Padilla la Polonesa militar, de Chopin, al piano. Lo hace tan mal que al ser preguntado por ella qué le ha parecido, el músico dice: “Muy bien, lo que pasa es que usted es una mentirosa. Dijo que iba a interpretar a Chopin y resulta que eso no es cierto.”
 

Andrés López Palmeiro
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