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Amancio Pico Boquete

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Pico Boquete, fotógrafo de la agricultura lucense

El villalbés gana un concurso nacional convocado por ese Ministerio y sus fotos figuran en Galicia en la memoria

El Progreso 13/12/21

LA CONTRIBUCIÓN FOTOGRÁFICA de Lugo a los fondos del Ministerio de Agricultura, recogidos en el proyecto de 2018 Galicia en la memoria es la mayor de las cuatro provincias gracias a dos hombres, padre e hijo, Amancio Pico Boquete (Vilalba, 1910), y Ramón Pico Graña, que aportan 76 de las 82 fotografías de Lugo presentes. (Una de ellas es el fondo del cromo).

La razón última que explica esta abundancia de imágenes hay que buscarla en la guerra española, pues en los años previos al conflicto cursa botánica y debe suspender unos estudios que ya no retomará. Unida esta circunstancia a su afición por la fotografía hacen que Amancio trate de compensar con clicks el tiempo que dedicaría a la botánica como profesional.

Pico Boquete será vecino de Lugo, pero el camino que le conduce desde la capital de la Terra Chá a la capital provincial es largo y dilatado, pues antes recorre Cataluña, Valencia, Madrid, A Coruña, Ávila, Pontevedra... Es agente fiscal del transporte en Renfe y luego, el mismo cargo pero para el transporte por carretera, hasta que recala en Lugo como inspector de Tráfico cuando frisa el medio siglo de vida.

Su familia es muy conocida en toda la provincia a través de sus hermanos Irene, Antonio, Luisa, Cándido, José Ramón y Carmen. Desde 1941 está casado con Celia Graña Bello, en ceremonia oficiada en Vilalba por el párroco Gabriel Pita da Veiga.

Su afición por la fotografía cobra nuevos bríos al llegar a Lugo, donde se integra en la Agrupación Fotográfica Lucense y es uno de los autores seleccionados para la recordada sección de El Progreso “La foto de la semana”.

En 1957 se presenta al V Concurso Exposición de Fotografía, que gana Valentín Roldán, mientras que él obtiene el tercer premio en Tema Libre con Xarro. Está dotado con cien pesetas. Un pastón. También le premian la foto Cavazo en el II Concurso provincial.

Pero el certamen que certifica su valía como fotógrafo es el convocado por el Ministerio de Agricultura a través de su Dirección G. de Coordinación, Crédito y Capacitación Agraria, que gana a nivel nacional con 61 fotografías y con el que obtiene 10.000 pesetas, que eso sí que es una buena bolsa.

Por este motivo Pico Boquete tiene un papel tan destacado en Galicia en la memoria.

Entonces confiesa que le encanta el retrato, pero que lo considera una especialidad muy difícil, pues requiere psicología y técnica.

En ese momento su hijo Ramón, un muchacho de 17 años, es aprendiz en el estudio de Juan José, y un digno alumno de ambos y de Joaquín Caridad. Los tres lo instruyen en el manejo de  obturadores y diafragmas.

Concursa como su padre y obtiene un tercer premio en Foto Juventud de Madrid. El trofeo consiste en una magnífica cámara alemana con la que mejora sus resultados.

El periodista le obliga a que cite los mejores fotógrafos lucenses y Ramón cita a sus profesores, claro, y a Luis Rueda, Asunción Castro Pumariño y César Quijada. Quedan fuera bastantes y el chico se disculpa.

Curiosamente también prefiere el retrato, pero al igual que se padre, reconoce su dificultad.

Su momento de gloria llega cuando gana el II Salón Regional Circulante de Fotografía en A Coruña, donde los lucenses hacen un gran papel, pues el segundo premio es para Ulises López Sarry.

Además de dedicarse a la fotografía, de la que será profesional, Ramón es muy popular en Lugo en los sesenta por ejercer la defensa de la juventud en un simulacro de juicio que se celebra entonces. Le acompaña en el papel de abogado otro adolescente, Rafael Ratón.
 

Amancio Pico Boquete