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[JUEVES Y VIERNES | 20.30 | A CORUÑA]

"Tengo una vitrina con comida falsa en casa; la trajo Mario de Japón"

Alaska, interpretando a su personaje en 'La última tourné'. JAU FORNÉS
Alaska, interpretando a su personaje en 'La última tourné'. JAU FORNÉS
La incombustible Alaska está inmersa en la obra 'La última tourné', donde comparte escenario con su marido, Mario Vaquerizo. Este viernes y sábado en el teatro Colón

Olvido Gara, archiconocida como Alaska, no hay quien la pare. ¿Quién no ha bailado Mil campanas, Ni tú ni nadie o ¿A quien le importa? A lo largo de tres décadas sus letras se han convertido en un himno, y ella, en una institución. Ahora lanza nuevo disco y está inmersa en la promoción de su obra teatral, una desternillante comedia de Félix Sabroso.

En la obra La última tourné interpreta a Paca Castellón, una vedette obligada a reinventarse. ¿Cuánto de Paca hay en usted?
Pues no hay nada. Es un personaje construido para el espectáculo, pero no tiene nada de mí, ni de ninguno de los que participamos en esta comedia. Hasta Bibiana, que fue vedette hace un montón de tiempo, no se parece a su personaje.

Comparte escenario con amigos y con su marido, Mario Vaquerizo. ¿Cómo lleva trabajar con él?
Yo lo conocí trabajando, entonces para mí es lo natural. Al principio era la persona que llevaba la prensa en la compañía discográfica, después se convirtió en mánager de Fangoria, y sigue siéndolo. Hemos trabajado en muchas cosas: televisión, reality, escribiendo y, finalmente, en el teatro cuando nos incorporamos a la obra anterior de Félix Sabroso: El amor sigue en el aire.

Llevan más de dos décadas casados, ¿es amor para toda la vida?
Los amores aunque duren un mes siempre tienen que ser para toda la vida. No te puedes meter en una relación pensando que se va a acabar. Unas duran y otras no, esta de momento son veinte años y ojalá que se tripliquen para que nos pille muy viejecitos.

El espectáculo rinde homenaje al teatro de variedades de los 70 y 80. Se centra en la época especial para usted, la de la Movida madrileña, de la que se convirtió en un icono, ¿fueron sus mejores años?
La adolescencia nunca es la mejor época para nadie. Para mí mis mejores años son ahora. En lo que respecta al teatro de variedades, toda esa efervescencia que surgió a finales de los 70 y principios de los 80 fue la que le dio la estocada final a este tipo espectáculos. Yo he convivido entre estos dos mundos. Me gustaba mucho lo que yo hacía porque era contemporáneo, pero sentía un enorme respeto por las vedettes y otros espectáculos.

Fangoria cumple 30 años y presenta su nuevo disco. ¿Dónde está el secreto de su éxito
(Risas) Ojalá lo supiese para poder patentarlo. Yo creo que está en seguir y punto. Hay momentos en los que hemos tenido más éxito, ahora por ejemplo, estuve hace unos días en El hormiguero y estoy ahora dando una entrevista a un periódico importante. Hay momentos en los que no hemos salido nada, porque los medios no tenían interés. Pero nosotros hemos seguido, hemos tocado, hemos sacado nuevo disco... Ha ocurrido de forma casual que después de una gran etapa como fueron los inicios de Fangoria, un grupo alternativo e independiente, volviésemos a tener éxito comercial. Lo importante es seguir haciendo lo que quieres, independientemente de si es para diez personas o para cinco millones.

¿Cómo recuerda su primer encuentro con Nacho Canut y Berlanga?
Fue en El Rastro de Madrid, ellos tenían un puestecito donde vendían discos y cómics y yo me acerqué para preguntar por un disco. Realmente lo hice porque quería entablar conversación con ellos.

¿Hasta dónde se identifica con las letras de las canciones?
No me identifico ni con las que están escritas por mí porque me suelo centrar en historias sobre otras personas, conocidas o inventadas. Son letras que identifican a todo el mundo más allá de que haya implicaciones personales.

Con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón se convirtió en una de las primeras chicas Almodóvar...
En aquel momento no existía ese término. Rodamos la película en tres años porque no había dinero y Pedro nos llamaba cuando conseguía presupuesto. Si te fijas, todos tenemos el pelo de distinto largo entre una escena y otra. Fue interesante, divertido y algo hecho con ganas y sin pretensiones.

Ha tocado distintos géneros como el cine, el teatro, la televisión... ¿Qué le aporta cada experiencia?
Cada uno aporta una cosa. Lo más parecido entre sí son los conciertos y el teatro porque tienen un ritmo similar. Coges la furgoneta y te vas a hacer tus funciones. Después el cine tiene otro ritmo y la televisión depende del programa.

Alaska es una diva mediática, ¿Como surgió este nombre?
Pues lo pensé cuando tenía 12 años porque el mío no me gustaba. Obviamente con esa edad no había firmado nada más que los exámenes del colegio, pero en ese tiempo empecé a hacer la traducción de unos cómics underground, lo que se llamaba prensa marginal madrileña. Fue la primera vez que me propuse buscar otro nombre, se me ocurrió Alaska y empecé a usarlo. O sea, ni siquiera es un nombre artístico, llegó antes.

Fuera de los escenarios ¿cómo se define Olvido Gara?
Obsesionada con la agenda, poco dada a improvisar, con bastante falta de tiempo y siempre quejándome de eso (se ríe).

Diariamente, ¿se siente más Olvido o Alaska?
No hay diferencia, somos lo mismo. No tengo una ropa diferente, ni una actitud diferente, ni una vida distinta...

Se comenta que tiene una vitrina de comida falsa en su casa...
Sí, le encargué la comida de plástico a Mario en un viaje que hizo a Japón y la puse en una vitrina. Es como un llavero u otro tipo de figurita. En mi casa están las cosas que me gustan, como a todos.

Ha dicho en muchas ocasiones que su madre América es un pilar fundamental en su vida.
Mi madre es una persona con mucha fuerza. Con 90 años sigue siendo independiente, vital, con ganas de vivir y no reclama ninguna atención. Al revés, cuando los demás estamos malitos nos cuida. Se parece más a Mario que mí.

Con 10 años se vino a Madrid desde la ciudad de México, donde nació. ¿Cómo recuerda aquel cambio?
Muy drástico, era el año 1973. México era un país colorista donde yo iba al colegio sin uniforme, tenía educación bilingüe, jugaba con mis Barbies. Y cuando llegué a España esa infancia no la tenían los niños. El uniforme era sobrio, llevábamos la falda por debajo de la rodilla, los horarios eran más largos... Fue como cambiar del color al blanco y negro. Luego enseguida me adapté y no había quien me sacase de aquí.

Con este espectáculo visita Galicia, ¿conoce esta tierra?
Sí, con los conciertos he venido mucho a Galicia. Con el teatro estuvimos en Vigo presentando la anterior obra y con esta estaremos en A Coruña, Santiago y Vigo. Con tanto ajetreo...

Cuáles son sus aficiones?
Me encanta estudiar mi carrera de Historia, hacer culturismo, pasear, leer, ir al cine, ver la televisión y cuidar de mi jardín.

¿Le queda algo por hacer?
Los únicos proyecto pendientes son los personales, cultivar mi espacios propios. Por lo demás considero que he hecho todo.

"Tengo una vitrina con comida falsa en casa; la trajo Mario de Japón"
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