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Fino Oyonarte: "La burbuja de los festivales pone en peligro el circuito intermedio"

Fino Oyonarte. RAMÓN RONCERO
Fino Oyonarte. RAMÓN RONCERO

El bajista de Los Enemigos debuta con su primer disco en solitario a los 54 años, 'Sueños y tormentas', que presentará en acústico

CUANDO tiene lugar esta conversación, Fino Oyonarte acaba de regresar de tocar en Donosti. "Una lavadora, y ya casi tengo que volver a coger carretera hacia el Norte otra vez". El bajista de Los Enemigos, exintegrante de formaciones como Glutamato Ye Ye, Clovis o Los Eterno, ha esperado hasta bien pasado el medio siglo de vida para alumbrar Sueños y tormentas (Buenaventura), un trabajo que presenta en acústico este fin de semana en Galicia. Este viernes estará en el Pop & Torgal de Ourense, el sábado en la Radar de Vigo y el domingo en el Ho! Gruf de Lugo.

Para quien está acostumbrado a las giras en furgoneta y los viajes acompañado, ¿cómo se presentan ahora los recorridos en solitario?

Aunque este fin de semana vaya a Galicia en acústico, más adelante lo haré en diferentes formatos. Con trío de cuerda, por ejemplo. En Madrid lo presentaré con bansostenida, pero eso supone unos gastos que de momento no me puedo permitir. Además, es un disco tranquilo, con matices, y le va bien el acústico. Tenía ganas de que se acabara el verano, que es más un tiempo de festivales, de grupos de más ruido, y presentarlo como nació, a voz y guitarra.

¿Cómo es el proceso de decidir construir un disco en solitario después de una carrera tan larga como músico y productor en bandas? ¿No da un poco de vértigo?

La idea surgió hace unos años, de una pequeña reflexión dedicada a lo que he empleado mi vida. He estado dedicado cien por cien a Los Enemigos tanto de 1986 a 2002 como en esta nueva etapa que empezamos en 2012. Lo mismo ha sucedido con Clovis —mi proyecto con Cristina Plaza— o Los Eterno, o como productor de los primeros discos de Los Del Tonos o Largartija Nick, del Super 8 de Los Planetas... Otro tanto ha pasado con mi proyecto editorial, Libros de Ruido, que me ha servido para acercarme a la biografía de bandas que me han fascinado tanto, desde que me vine a Madrid en 1986, como Yo la Tengo. Quizáis había dejado de lado cosas que también me interesaban. Por gracia o por desgracia, un problema de salud [sufrió un infarto hace tres años] activó esa necesidad. Esa misma noche me escribí unos propósitos: "Ponte bueno; haz todo lo posible para estar sano..." y supe que tenía que hacer este disco en solitario. Y día a día me esforzaba por escribir algo. Y daba vértigo.

¿Podría decirse que este disco ha sido una terapia para usted?

En cierta manera. Encuentro una voz propia en muchas canciones. Era lo que tenía que hacer; buscar en mí. Ha sido intenso, pero eso era lo que yo quería contar.

Usted ha estado en muchas bandas, pero nunca había sido un frontman, el líder del grupo. ¿Se ha sentido expuesto ahora?

Sí que estás un poco solo ante el peligro. Tampoco es que me escondiese antes, he escrito mis temas, pero mi faceta era otra, en un segundo plano. En cierta manera, a la hora de escribir tienes una tendencia hacia las músicas que más te han emocionado: el rocanrol, el blues, la Velvet, pero también el punk, Siniestro Total o Ilegales. He trabajado un montón de años al lado de Josele [Santiago, cantante de Los Enemigos]... Para este proyecto quizás me he dejado llevar un poco por el lado más melancólico: Dylan, Cohen, Nick Drake, que escuchaba mi hermano, Elliott Smith... Poco a poco fui descubriendo qué quería contar. Me ha costado, porque hay imágenes autobiográficas, aunque no sea un disco autobiográfico. Cuento la historia de amor de mis padres, como un agradecimiento; son muy mayores y voy siempre que puedo a verlos a Almería.

¿Son las más personales Afortunado y Cien pasos, que abren y cierran el disco?

Afortunado trata de cuando me fui a Madrid y trabajaba poniendo copas. Cien pasos es sobre las segundas oportunidades, la pérdida, el echar de menos... He leído que esta última, Cien pasos, comienza con el sonido de una ecografía de su corazón. Es una anécdota simpática. Estaba haciéndome una revisión con el cardiólogo y no sabía que las ecografías tenían sonido. Es como una locomotora. Quise grabarlo con el móvil. No es ni analógico ni digital; es un sonido biológico.

¿Conocía el Método cardiofónico de Germán Díaz, sobre los discos de pizarra en los que grababa a sus pacientes el doctor Iriarte en los años cuarenta?

No tenía ni idea. Qué cosas. Me lo estoy apuntando para investigar.

Volviendo al disco. Usted que ha producido a tantas bandas, ahora se apoya en César Verdú, de León Benavente. ¿Por qué no solo?

Yo sé cómo hago las producciones y no quería estar pendiente de todo y, además, preocupado de afinar cantando. Prefería vivir el ritual de la interpretación. César Verdú es un técnico excepcional, de confianza y con una propuesta sónica con la que estoy muy de acuerdo. Tengo un recuerdo fantástico de los cinco días de grabación, con Pablo Pulido, en Estudio 1, con micros de válvulas, mesa de mezclas analógica, vibráfonos, guitarras acústicas... Había quien me decía: "Grábatelo en casa; total, ahora no se venden discos, no te gastes el dinero". Me apetecía generar esos recuerdos.

Durante muchos años, Galicia era el primer destino de Los Enemigos cuando presentaban disco. ¿Cómo enfrenta a este fin de semana?

Galicia es fundamental. Importantísima. Con Los Enemigos y también con Clovis. Tengo muchas ganas de ver cómo lo recibe la gente. La propuesta de Los Enemigos es un rock con más caña y yo voy ofreciendo unas canciones con las que sé que no voy a convencer a toda la afición enemiga.

A Lugo llega en sesión vermú. ¿Lo que pide esta etapa de su vida?

Será la primera que voy a hacer. Para lo mío con la acústica necesito que la gente esté un poco receptiva, que quieran escuchar. A ver qué onda. Cuando tocas en eléctrico, siempre tienes la potencia sónica de tu parte. Con la acústica, a veces hasta escuchas las conversaciones de la gente. Te puede pasar de todo.

Con Los Enemigos ha estado durante años en ese punto de equilibrio entre el mainstream y el underground, entre la escena urbana y la indie... ¿Cómo se hace?

Cuando nosotros surgimos a finales de los ochenta, los grupos de la Movida tenían un caché muy alto, que solo podían pagar ayuntamientos o instituciones. No había circuito de salas ni fanzines ni sellos independientes. Los Enemigos hicimos un trabajo muy constante, disco a disco. Un día metías 100 persoas. Con el sigueinte disco, 150. Ahora hay grupos que pasan del local de ensayo a los festivales. De la escena indie Los Planetas están un poco consolidados, pero tampoco es que sean mainstream de la hostia. Lo que me da rabia es que la gente que aprendió de todos esos circuitos intermedios ahora participe de la burbuja de los festivales, en la que unos pocos cobran un pastón y los otros van casi "por la visibilidad". Taponan el paso a los siguientes. No quiero que suene como un reproche, pero sí creo que deberíamos haber aprendido algo.

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