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La vida, desde el escaparate

Ovidio Romero. SEBAS SENANDE
Ovidio Romero. SEBAS SENANDE

Hay un deporte que practica todos los días este vecino de Navia de Suarna: recortarse en un sillón negro y ver pasar la vida desde Confecciones Romero

No hay forma humana más entretenida de pasar el tiempo y la vida que recostado frente a un escaparate. Así lo cree y así lo hace, todos los días durante muchas horas, Ovidio Romero Méndez, un vecino de Navia de Suarna, que está a punto de cumplir los 93 años.

Ovidio vive en el piso de arriba de donde todavía conserva el local del que fue su antiguo negocio, Confecciones Romero, una tienda de ropa que puso en marcha este sastre de A Montaña en 1961 cuando la industria de la confección comenzaba a ganarle la partida a la artesanía de la cinta métrica y el corte.

Fueron muchos, efectivamente, los años que Ovidio vio el transcurrir de Navia desde su tienda, manejando con equilibrio la dicotomía entre lo hecho a mano y lo hecho a máquina, entre la máquina de coser y el mostrador.

Recostado en un sillón, Ovidio Romero observa, a sus casi 93 años y desde su antiguo negocio, la vida cotidiana de sus vecinos

"Non casei porque non tiven tempo!", dice, con humor. "Dediqueime toda a vida a coser, a ser xastre ata que empezou a vir a roupa de confección e empecei tamén eu a vender roupa feita. Pero, aínda así, vendía e facía. De feito, aínda teño aquí estas tesouras coas que cortaba os paños e as máquinas de coser e o método de corte", explica.

Ovidio se hizo sastre por no convertirse en labrador, como sus padres. Nació en la aldea de Acevedo, en Navia, en una familia de ocho hermanos. A su casa, iba un sastre a hacerles la ropa, con el que aprendió. Le gustó el oficio. Cada hermano escogió el suyo. Al igual que él se hizo sastre, otro se hizo carpintero y otro más, capador.

"A min aprendeume o xastre de Silvouta. Cosía tanto para homes como para mulleres e facía de todo. Daquela viña moita xente. O meu comercio vendía moito porque había máis xente e porque non iban a Lugo nin a ningún outro lado. Todos compraban aquí. Naqueles tempos, Navia tiña moito comercio", recuerda.

TIENDA. El sastre se convirtió en tendero vendiendo telas. "Paños de todos os tipos», recalca. "Empecei a comprar pañería para facer roupa pero despois, de seguido, comezou a vir a roupa feita e vendíase máis", dice.

Ovidio siempre estuvo al frente de su negocio, salvo cuando se jubiló, que se vio obligado a contratar a dos empleadas. No explica su vida sin estar en él, aunque ya esté cerrado y sin mercancía. Pero, aun así, allí pasa las horas de su día a día, desde que se levanta hasta que se acuesta.

"Vendíanse moitos traxes, pantalóns de vestir, camisas, pantalóns de diario e despois tamén viñeron os chándales e os vaqueiros. O único que non vendín foron as minisaias", cuenta.

Ovidio no tiene hijos. El local de Confecciones Romero lo heredará alguno de sus catorce sobrinos. Mientras tanto, él sigue ahí, apostado en su sillón y rodeado de sus cosas. Oyendo la radio a través de un transistor colgado en un perchero y viendo a la gente de Navia, hijos y nietos de sus clientes de toda la vida, llegar e irse, entrar en los bares y salir otra vez.

"Aquí pásoo moito mellor que na casa. Eu vivo aquí enriba, pero na casa non vexo a ninguén. Desde aquí, desde este sillón, véxoos a todos. É moito máis entretido que estar na casa e a miña vida sempre estivo aquí", razona.

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