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El Dorado está ahora en O Cádavo

Algunos de los nuevos eólicos de Baleira. VICTORIA RODRÍGUEZ
Algunos de los nuevos eólicos de Baleira. VICTORIA RODRÍGUEZ

Desde hace unos meses, O Cádavo aumentó de población. Aunque no se registraron más nacimientos, hay más gente "y más ruido"

O Cádavo está viviendo su particular El Dorado. La instalación de varios parques eólicos en los ayuntamientos de Baleira y Castroverde trajeron a esta localidad de A Montaña lucense, desde hace varios meses, a decenas de trabajadores de toda España que, en cuadrillas, se desplazaron hasta la zona, donde muchos de ellos buscaron alojamiento temporal. El aumento de población supuso mayores ingresos en distintos negocios de la localidad: supermercados, talleres y hoteles.

Pese a que, ahora mismo, O Cádavo dispone de un hotel, una pensión y tres albergues, las plazas de alojamiento están prácticamente agotadas por la presencia de estos trabajadores y también el cada vez mayor goteo de peregrinos del Camino Primitivo.

"Se non fose por todo isto, O Cádavo morrería e toda esta xente dá vida, moita vida. Aquí non temos outra cousa: non hai empresas nin fábricas, pero ultimamente está vindo toda esta xente, que fai gasto nas tendas e que deixa cartos aquí. E tamén se notan moito os peregrinos que, aínda que gastan menos, algo deixan e cada vez hai máis. Medrou moito o Camiño estes anos", comenta Carmen Lorenzo, la dueña del supermercado Valiño, que alquiló dos pisos a unos de estos trabajadores recién llegados a O Cádavo por una renta mensual que ronda los 300 euros.

Un peregrino en Baleira. VICTORIA RODRÍGUEZ En el hotel Moneda, también se notó la avalancha de huéspedes. Desde el pasado noviembre y durante los meses sucesivos -al menos, hasta septiembre- una gran parte de sus habitaciones están adjudicadas a los trabajadores de los parques eólicos. El cartel de lleno se cuelga con frecuencia porque los peregrinos completan las pocas plazas libres que quedan.

"Algúns veñen de Murcia, outros de Albacete, de Asturias... Uns vanse -algúns marcharon a Portomarín, onde tamén van montar un parque eólico- e outros veñen porque hai distintas fases. Botan, de media, uns cinco ou seis meses e déronnos a vida este inverno, que é cando menos xente hai aquí porque, a partir da Semana Santa, xa empezan a vir os peregrinos", afirma José Antonio Pérez, gerente del hotel Moneda, que cobra la noche en una habitación doble a 43 euros.

El ruido lo hacen las cuadrillas de trabajadores que están montando parque eólicos en la zona

Al frente de la pensión Eligio está Mary Carmen López, que lleva 48 años con el negocio abierto en O Cádavo, donde cobra a 35 euros la habitación doble. Recuerda épocas en las que llegó a dar 80 menús a trabajadores del parque eólico de A Fontaneira. También alojó, por temporadas, a trabajadores de fuera que venían a hacer obras para el Ayuntamiento pero su mayor actividad fue con los médicos y enfermeros del centro de salud. "Ata que fixeron o PAC no Corgo, por aquí pasaron uns 50 médicos e enfermeiros porque tiñan que facer gardas aquí de vintecatro horas e quedábanse a durmir", cuenta Mary Carmen.

Esta mujer está a punto de jubilarse pero acaba de abrir el primer albergue privado de peregrinos de O Cádavo, donde cobra la cama a 10 euros. "A primeira persoa que traballou cos peregrinos no Cádavo fun eu hai vinte anos e estou encantada con eles. Agora xa teño reservas desde xaneiro, cada vez vai a máis", dice esta hostelera, más centrada ahora en los peregrinos que en otros huéspedes.

Los trabajadores de los eólicos y los peregrinos están dejando la localidad sin alojamientos

Víctor Hortal es de Asturias y estará en la zona tres meses. Después, marchará a Zaragoza, Badajoz o a donde toque. Un compañero suyo duerme en Baralla, pero Víctor encontró sitio en O Cádavo. "Estoy bien allí, más cerca, pero hay poco sitio donde quedarse, no es fácil", dice este hombre, que comparte comida con el resto de la cuadrilla en la parrillada Pereiras, en Castroverde.

En otro establecimiento cercano también se dispone a comer Aarón Morales, de Badajoz. En este caso, él y un compañero optaron por alquilar un piso en Lugo. "Preferimos estar en una ciudad y no aquí. Pagamos 600 euros al mes pero la empresa nos da un dinero para dietas y nos llega para los viajes y el alojamiento", comenta.

El turista que se quedó a vivir
Luis Reategui Paredes es de una ciudad de la selva amazónica de Perú, en Yurimaguas, pero es vecino de Baleira desdem hace dos años. Ahora atiende la barra del hotel Moneda.

"Estaba en Madrid y un amigo me invitó a irme de vacaciones a su casa, en Baleira. Me vine y ya no regresé a Madrid. Me traje a mis hijos, de 12 a 14 años, y también están encantados. Aquí vivo feliz, lejos de multitudes, con mis gallinas, las ovejas del vecino y cortando leña", dice.

 

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