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Coches de estreno, 50 años después

Uno de los coches restaurados por Modesto Fernández. EP
Uno de los coches restaurados por Modesto Fernández. EP

El fonsagradino Modesto Fernández es un ejemplo casi único de aficionado al mundo del motor. Este mecánico autodidacta, que rechaza dedicarse profesionalmente a su afición, alcanza sus mayores satisfacciones cuando consigue hacer que cualquier vehículo condenado al desguace vuelva a lucir como si acabara de salir de fábrica.

LA HISTORIA del fonsagradino Modesto Fernández es la de un apasionado al mundo del motor, que defiende su afición más allá de los intereses económicos y pese a las reticencias de su entorno más cercano, que nunca ha sabido comprender del todo su gusto por emplear sus ahorros en "ferros inservibles", que estaban desahuciados a acabar sus días en cualquier desguace.

"Sempre me gustaron todas as cousas que levaban motor, daba igual que foran coches, camións, tractores ou calquera tipo de maquinaria", explica este hombre que, a sus 44 años, recuerda que de niño uno de sus mayores entretenimientos era "axudar ao meu pai co mantemento do camión que utilizaba para traballar".

Modesto no alcanza a saber muy bien de donde le viene ese interés por el motor, aunque seguro que en ello tuvo mucho que ver su padre, José Fernández, 'Pepín de Barbeitos', como era conocido en el mundo del transporte, y cuyas múltiples experiencias al volante se han visto plasmadas en un documental que fue estrenado a principios del pasado mes de diciembre en su villa natal.

Esa meticulosidad de Modesto en cada uno de sus proyectos la explica en el hecho de que para el "o maior placer non é cando remato un vehículo e podo conducilo pola estrada"

"Quizais el foi a persoa que máis respetou a miña afición, porque os demais pensaban que estaba tolo e incluso intentaban sacarme a idea da cabeza", explica Fernández, quien casi a escondidas compró su primer coche con solo 18 años, invirtiendo en él la beca que le habían dado mientras realizaba sus estudios en A Coruña.

Aquel coche con la carrocería medio podrida y cuyo motor resultaba imposible poner en marcha, era un viejo Seat 1.800 con motor diésel, que fue arreglando durante su tiempo libre.

Lo curioso es que la actividad profesional de Modesto no está, en absoluto, relacionada con la mecánica ni con el automóvil. Es un verdadero autodidacta, meticuloso en el trabajo y que rechaza restaurar coches por encargo porque "eu profesionalmente dedícome a outras cousas e, ademais, sei que non valería para facer un traballo para outro porque para que fose rendible non me podería parar todo o que me paro en cada detalle dos meus coches".

Esa meticulosidad de Modesto en cada uno de sus proyectos la explica en el hecho de que para el "o maior placer non é cando remato un vehículo e podo conducilo pola estrada. A min o que realmente me gusta é o propio proceso de restauralo, de untarme de graxa e de montar cada peza".

Este fonsagradino sabe que su afición es cara, "probablemente se non fixera eu todo o traballo e tivera que pagar a un taller toda a man de obra que leva restaurar un coche non tería nin un só coche", pero aún así tampoco se toma su afición como una posibilidad de ganar dinero a través de los coches que restaura.

"Non vendín ningún, porque son todos coches que teñen moito de min", explica y eso que es consciente de que algunas operaciones que hizo las hizo más con el corazón que con la cabeza. "Iso pasoume co Citroën 11 Ligero, que atopei abandonado nun garaxe de Becerreá, donde estaba facendo a mili. O home que o tiña, ao ver o meu interese pedíame unha barbaridade por aquela chatarra. Non podía pagalo, pero, anos máis tarde, cando empecei a traballar, fun buscalo co meu primeiro soldo. Foi unha operación ruinosa, pero despois de catro anos traballando nel o coche da gusto velo, aínda que a operación en termos económicos fose moi cara".

La colección de este peculiar restaurador está compuesta por estos dos modelos, que se mantienen como si acabaran de salir de fábrica, aunque la verdadera joya de la corona es el camión Pegaso 1063, con una caja frigorífica que lo convierte en una unidad prácticamente única.

"Atopeino en Lugo, era dun camioneiro que traballaba en Granja Arjeriz e que se xubilara anos antes. Facerme con el foi moi complicado, porque non logramos acordar un prezo. Anos máis tarde, atopeino nunha chatarrería na que o ían a desguazar. Cando viron que me interesaba, pedíronme o doble do que me pedira no seu día o anterior propietario, pero aínda así compreino".

La restauración del vehículo coincidió con un periodo en el que Modesto estaba en el paro, por lo que le dedicó "todos os días enteiros durante un ano e medio". El esfuerzo mereció la pena.

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