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Los caminos de vuelta de la trashumancia de Os Ancares

Entrada a la braña de Piornedo. A CARQUEIXA
Entrada a la braña de Piornedo. A CARQUEIXA
Los ganaderos ancareses de A Carqueixa regresan este mes con sus vacas desde los prados de altura leoneses

El año se divide en dos momentos para los más de diez ganaderos de Os Ancares que mantienen el desplazamiento estacional de los animales de un lado a otro del cordal de la sierra. Este domingo uno de ellos cruzó los casi 20 kilómetros que separan los prados de altura leoneses, donde sus vacas llevaban desde mayo, a su aldea en la parroquia cervantega de Donís. Algunos compañeros le precedieron en días anteriores, otros le seguirán en los próximos. Todo depende del tiempo, pero siempre antes de que vengan las verdaderas "invernías" las vacas regresan a casa.

"De momento volveron menos das que marcharon para alí", indica Antonio Delpueblo Alonso, ganadero y secretario de la única cooperativa de pastores que mantiene esta práctica tan antigua como los propios caminos que abre. Para él será el tercer año de trashumancia, pero algunos de sus compañeros recuerdan bordear el Mustallar con el ganado familiar desde la infancia, y los topónimos dan fe de una tradición centenaria o milenaria.

"É un esforzo, pero é verdade que as vacas comen o mellor pasto, totalmente natural, sen ningunha contaminación", comenta Antonio. Al volver al lado gallego, también continuarán en extensivo.

Durante el tiempo que las vacas están en los prados de altura de Campo del Agua -que no se pueden aprovechar en invierno por causa de la nieve-, los ganaderos -de Cervantes y Navia- se turnan para ir cada semana a comprobar que están bien. "Coñecémolas a todas", indica, lo que hace posible ese turno que llevan a cabo en coche, aunque los kilómetros se multipliquen por la carretera para llegar a la zona leonesa.

Antiguamente también hacían turnos, a los que llamaban "viceira". "Levaban o rabaño enteiro da aldea e logo cada veciño turnábase en función das vacas ou cabras que tiña", indica. Cuantas más vacas, más días de "viceira".

El esfuerzo tiene también su recompensa. "Sempre vemos algún rebeco na zona", comenta Antonio. Y, por supuesto, la recompensa de una clientela que cada vez comprende mejor el valor de esta tradición que además de cuidar la calidad de un producto favorece la biodiversidad, la gestión forestal y la sostenibilidad de un paisaje y de una cultura.

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