La última lata de las conserveras

Las trabajadoras de Albo terminaron entre lágrimas la jornada y lamentan la falta de apoyo y de opciones: "Viveiro vai quedando nun furado"

Día de lágrimas el que se vivió este viernes en el interior de la fábrica de Albo, la última conservera de Viveiro y de A Mariña y en la que en estos días solo quedará trabajando un grupo de hombres en desmontaje de maquinaria y limpieza, hasta el 2 de diciembre. Con mucha pena por tener que decir adiós a décadas de trabajo en Celeiro y con malestar ante el que consideran escaso apoyo político, las operarias (42, de las que solo 5 mantendrán el empleo al aceptar irse a Salvaterra) acabaron hacia las diez y media de la mañana de enlatar el último túnido y después compartieron unos pinchos de despedida.

"Non durmín nada, chorei moito porque me vin tan impotente...", reseña la valadouresa P.M.S., de 62 años y con 30 en la conservera, que afirma que "os alcaldes non miran nada pola Mariña, está pechando todo pero parece que lles dá igual. Isto mete medo". En su caso no se planteó aceptar el traslado que ofreció la empresa a Salvaterra: "Non me vexo con forzas para emigrar agora. Traballei moito aquí e non teño ganas nin ánimo de empezar algo de novo, con novos xefes, nova vivenda e moi lonxe. Non teño anos para pelexar máis", relata.

Tampoco se traslada la celeirense Marina del Carmen Gómez, trabajadora fija discontinua durante 23 años y que es una de las cinco que tiene fácil acceso a la jubilación por su edad. Con 65 años, se considera afortunada: "Eu quedei ben, non me queixo, pero as miñas compañeiras están bastante fastidiadas", reconoce. Para ella el de este viernes fue un día "fatal", en el que "chourou ata o que non sabía chorar", y es que señala que en los últimos días ver cómo empezaban a desmontar las máquinas "foi bastante doloroso".

"Fómolo levando pero ao final unhas bágoas sempre caen, porque son unhas vidas que se truncan nun momento", comenta Mari Carmen Orol sobre el sentir de la plantilla en esta última jornada, aunque cree que lo peor puede estar por venir en los próximos días, cuando se vean en sus casas. "O problema vai ser o luns ou o martes cando realmente te das conta de que non volves", señala esta operaria de 54 años y con 30 en la conservera que es una de las pocas que aceptó el traslado.

Ni más ni menos que 40 años lleva Francisco Javier López Otero. "Fun pedir traballo cando tiña 17 anos e dixéronme que avisara cando cumprira 18", recuerda de sus inicios en la fábrica, donde se dedica a la limpieza y es de los que sigue unos días. Ahora con 58 años descarta el traslado: "Non podes cambiar a túa vida, teño unha filla adolescente e outra aínda pequena, e aínda que se incorporase a miña muller, na fábrica teriamos o mesmo horario e sería imposible compatibilizar coas fillas", explica el trabajador, que cree que tendrá difícil encontrar un empleo a su edad y lamenta la falta de opciones: "Aquí ímonos quedando nun furado e non vexo que ninguén dos que teñen poder se moleste. Non se pode basear a economía só no turismo", lamenta.

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