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Un Toyota Celica decorado homenajea el título de rallyes de Sainz-Moya en 1990

Óscar López y Vanessa Jaquete con su coche. EP
Óscar López y Vanessa Jaquete con su coche. EP
Los vegadenses Óscar López y Vanessa Jaquete participan con este 1.6 en rallyes de regularidad y ya antes tuvieron otro Celica de la siguiente generación

No es exactamente el coche con el que Carlos Sainz y Luis Moya se proclamaron por vez primera campeones del mundo de rallyes, el 18 de octubre de 1990 en San Remo, pero se le parece. El Celica de Óscar López es un Toyota de la serie V y su rotulación es un bonito homenaje a aquel título que también lo fue por primera vez para un coche japonés. 

Este vegadense se enteró por un conocido que en Mieres había un Celica con motor 1.600 y en color blanco, lo compró y se puso manos a la obra junto con una que lo viniló tal cual lucía en el Toyota Team Europe. "Todos los rojos los hizo sobre el coche y el resto de rótulos se copiaron de un modelo de Scalextric del rally Acrópolis indéntico al de Sainz", explica. Tuvo que ponerle otras llantas y reformar un poco el motor, que estaba tocado. 

Toyota El coche de su vida

Claro está que las prestaciones y configuración del 1.6 no pueden ser las del dos litros turbo y 184 CV con tracción total que sirvió de base para homologar el bólido de los españoles pero las carrocerías, con aquella fantástica aerodinámica de 0.310 Cx o los faros escomoteables invitan a soñar con un modelo que, en todos los casos y motorizaciones, siempre fue para exprimir y disfrutar alto de vueltas. De hecho, en la primera aceleración no hay tanta diferencia entre ambos. 

Hasta la tercera generación, el Celica se montaba con propulsión trasera y fue incorporando avances como el motor DOCH con turbocompresor o las 16 válvulas y ya desde mediados de los años 80 del pasado siglo el Celica Twin Cam Turbo comenzó a zurrarles la badana a sus rivales en los rallyes africanos. Al redondearlo en la serie V y meterle tracción también delante, el robusto propulsor dio todo lo que tenía como GT-Four, para disgusto de los Lancia Delta Integrale o Subaru Impreza. El público quería uno de calle, pues era un diseño en cuña bastante futurista, no solo por los faros, incluso por las instrumentaciones. Quizás fue la versión VII, vendida hasta 2006, la que rizó el rizo hasta esfumarse del mercado.

Toyota El coche de su vida

A Óscar, el primero de Sainz siempre le llamó la atención. Su hermano tuvo un Celica de quinta generación en edición limitada que finalmente vendería: "Lo habíamos buscado lejos y barato, pero no le daba uso". Él utiliza este para divertirse en las concentraciones automovilísticas y para los rallyes de regularidad, a los que Vanessa, en el puesto de Moya, también se ha aficionado. Están empezando y pertenecen al Club Celica España. Huelga decir que las anécdotas con conductores que se paran a contemplarlo por la carretera abundan con un coche así. "Nos pasa como cuando estuvimos en la gasolinera de Barres posando con él para las fotos", dice.

Y han perseverado al comprobar la fiabilidad japonesa. "En mi casa mi padre era de Renault, como el 19 y otros, yo mismo tuve un Clio 1.800 pero después compreé un Celica V negro que terminé pasando a mi hermano y ahora para diario me muevo con un Honda Civic 1.8 Type S, aunque tuve también un Audi A-6". Su idea ahora es japonés y siempre de gasolina. Sainz, Kankkunen o Didier Auriol triunfaron con el Celica y abrieron camino para espídicos Corolla o el Yaris de 3 cilindros turbo de hoy, en el mundo de los rallyes. 

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