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Otro terremoto de 2,9 grados evidencia la falla sísmica que nace frente a Ribadeo

Seísmo registrado en el Cantábrico frente a Ribadeo. IGN
Seísmo registrado en el Cantábrico frente a Ribadeo. IGN

La grieta comienza varias millas mar adentro, frente a las costas ribadenses y recorre 400 kilómetros desde Asturias y hasta el Duero

El Instituto Geográfico Nacional registró un seísmo de magnitud 2,9 en la costa occidental de Asturias, en el Cantábrico, durante la madrugada de este lunes, por donde discurre precisamente la denominada falla de Ventaniella. Se trata de una grieta que se empezó a estudiar entre los años 2015 y 2017. Nace frente al litoral de Ribadeo, a unos 150 kilómetros mar adentro, y a 20 metros de profundidad.

El Instituto Geográfico Nacional (IGN), en una pregunta formulada por este periódico al respecto, recordaba que precisamente entre febrero y marzo de este año, en esta zona se habían registrado otros dos seísmos de dos grados de magnitud que apenas se notaron en tierra. 

Para mayor tranquilidad de los habitantes, el IGN advierte de que en su base de datos "frente a Ribadeo, en el Cantábrico, no figura ningún sismo de magnitud relevante. El último registrado es del 16 de marzo de este mismo año. Entonces, se detectó a una profundidad hipocentral de 12 kilómetros frente a la costa asturiana y fue de 2,9 —igual que el que hubo la madrugada del lunes—", matiza Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Nacional. 

La falla de Ventaniella no se considera una falla activa propiamente dicha, como lo pueda ser la de Sarria-Becerreá y Triacastela, pero apenas se había estudiado hasta el momento. Hasta este año se desconocía que fuese sismogénica, ni tan profunda. 

Tres investigadores del Grupo Geocantábrica y una investigadora del proyecto Misterios, del departamento de Geología de la Universidad de Oviedo, empezaron a investigarla entre 2015 y 2017. Para ello, pusieron en marcha una red sísmica compuesta por diez sismógrafos ubicados en Asturias y León, porque la grieta parte de la costa ribadense, prosigue por Asturias —por Avilés o Nava—, baja al embalse de Riaño y termina en la cuenca del Duero, tras recorrer unos 400 kilómetros. 

Los equipos registraron la microsismicidad que se genera en la falla que atraviesa la cordillera cantábrica y los resultados se publicaron en el ‘Bulletin of the Seismological Society of America’. En aquel periodo se registraron 45 terremotos generados por la falla, inferiores a 2 en la escala Richter y a entre 9 y 18 kilómetros de profundidad, por eso apenas son percibidos por la población.

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