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Un tercer buque de la Expedición Cántabra naufragó en Viveiro

Antón López y Jesús Fernández, el sábado en la biblioteca de Viveiro. C.L.F.
Antón López y Jesús Fernández, el sábado en la biblioteca de Viveiro. C.L.F.

Una investigación de la Federación de Actividades Subacuáticas sobre la escuadra de la que formaba parte la Magdalena y el Palomo corrige datos de las dotaciones españolas e inglesas

Además de la fragata Magdalena y del bergantín Palomo, entre los navíos que formaban parte de la Expedición Cántabra —con flota aliada española e inglesa contra la ocupación napoleónica— naufragó en la ría de Viveiro un tercer buque "de porte mayor". Esta es una de las principales novedades de la investigación sobre esta escuadra que impulsa la Federación Española de Actividades Subacuáticas (Fedas), cuyo responsable de patrimonio para el norte, el vivariense Antón López, detalló acompañado del edil de mar, Jesús Fernández.

López forma parte del grupo de documentación que analizó "fuentes primarias y documentos secretos de la época" que permiten "dar un vuelco" a la historia conocida de la Expedición. "Fijamos el número de buques de guerra españoles en nueve y los mercantes no eran tantos como se ha dicho en estudios anteriores ni eran buques, eran todos de pequeño porte. Hemos documentado una segunda fragata española y tres bergantines más", dice. También documentaron el citado "tercer buque de porte mayor naufragado en Viveiro, pero aún no hemos dado con su nombre ni con su pecio" y supieron que la goleta Insurgente Rocalesa "no está hundida en Viveiro. No aparece como perdida en ningún informe y consta por un documento de la Armada que en diciembre de 1810 —la galerna que provoca los naufragios en Viveiro fue el 2 de noviembre— sigue navegando", asevera.

En cuanto a los barcos ingleses, descubrieron que había uno más de los conocidos y que este era "de transporte". Además del número de navíos, sus investigaciones también modifican la cantidad de efectivos: "El aporte de 800 royal marines para las operaciones jamás existió y el número de tropas españolas de infantería era mayor que el documentado", señaló.

Antón López reseña que el objetivo de la alianza española y británica era la toma de Santoña, "su fortificación y asegurar un corredor naval para hacer llegar a las provincias levantiscas armas y avituallamiento". Añade que otras misiones achacadas a la Expedición antes de este estudio tenían como objetivo "crear una nube de humo para los servicios secretos franceses" dentro de una "misión secreta" que tenía como objetivo "rescatar al rey Fernando VII de Valençay a través del valle del Roncal". Dirigía la misión el militar Renovales —responsable también de la Expedición Cántabra— con los infiltrados marqués de Ayerbe y el capitán José Wanestron. "Una vez en España, [el rey] sería extraído por la costa por Renovales y llevado a A Coruña, que se hubiera convertido provisionalmente en la capital del Imperio". Sin embargo "todo terminó en desastre" ya que los infiltrados fueron asesinados en el transcurso de la misión.

Antón López cree que no se debe minusvalorar lo que significó la Expedición Cántabra, que fue "el primer gran intento del Consejo de la Regencia por realizar una campaña militar a gran escala y con una compleja coordinación" y considera que si llegara a cumplir sus objetivos habría cambiado la historia del país.

Un tercer buque de la Expedición Cántabra naufragó en Viveiro
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