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Un talismán vivariense para la selección española de balonmano

Villares, izquierda, en el Europeo de Zagreb de 2018 junto a su mujer y unos amigos. EP
Villares, izquierda, en el Europeo de Zagreb de 2018 junto a su mujer y unos amigos. EP
Enrique Villares vio en directo un título mundial y dos europeos, el último, conquistado recientemente en Suecia

A Enrique Villares, histórico presidente del Balonmán Galipizza Viveiro que abandonó el cargo el pasado verano, se le puede considerar casi un talismán de la selección española de balonmano, un equipo que viene de adjudicarse su segundo Campeonato de Europa consecutivo tras derrotar a Croacia en la final.

Al igual que en todas las competiciones disputadas en los últimos 12 años por el combinado nacional, Villares estuvo presente en las semifinales y en la final del torneo, que en esta ocasión se disputó en la capital sueca de Estocolmo. No se pierde un evento desde el 2009 –los años impares se disputa el Mundial y los impares el Europeo-, por lo que todos los meses de enero viaja para disfrutar del deporte que le apasiona, habitualmente acompañado de su esposa y otro matrimonio de amigos también originario de A Mariña.

Su peregrinaje comenzó en el año 2009, cuando acudió al Mundial de Croacia. Desde aquel torneo, no se perdió ninguno, visitando países europeos como Dinamarca, Suecia, Serbia, Austria, Francia o Polonia, así como algunos más exóticos como Catar. Según sus propias palabras, tanto el como sus acompañantes han tenido "o enorme privilexio de poder disfrutar en directo da mellor xeración de xogadores do balonmán español", sentencia.


Su ‘debut’ como aficionado en directo de la selección coincidió con la peor clasificación –decimotercera- de España en un Mundial, pero desde aquel 2009 han podido disfrutar de la selección en directo en 8 ocasiones y casi siempre con grandes éxitos, incluidos algunos títulos. "Só en 4 campionatos dos 12 non entraron en semifinais. É unha barbaridade, xa que é un deporte feito para xente grande e nós xogamos máis ben con pequeniños", valora.


De los dos títulos mundiales y otros tantos europeos que acumula la selección, solo se han perdido el de Túnez 2005. "Vímolos quedar campións do mundo en Barcelona, no 2013, e de Europa nestes dous últimos campionatos, en Croacia e Suecia", rememora. A mayores, han saboreado una plata europea y dos bronces, uno continental y otro mundial. "A esta xeración hai que escribila con letras de ouro na historia do deporte español e do balonmán en xeral", remarca. 

En Herning (Dinamarca), no 2014, fomos comer cos xogadores despois de ganar a medalla de bronce


Además de los partidos, destaca el gran ambiente que se vive entre las aficiones y con los propios jugadores, a los que ensalza no solo por su nivel deportivo, sino también por su comportamiento fuera de las pistas, dando todo tipo de facilidades a la gente . "En Herning (Dinamarca), no 2014, fomos comer cos xogadores despois de ganar a medalla de bronce. E este ano voamos de volta con eles. Son uns rapaces excepcionais. Non hai ningún divismo, voan en clase turista e misturados co resto de pasaxeiros. Felicítalos e véñenche dar unha aperta agradecéndoo porque xa te coñecen de anos anteriores. Como españois somos poucos, créase un vínculo moi especial. E coas afeccións igual, hai un ambiente de compañeirismo excepcional e moitos croatas viñéronnos felicitar ao acabar a final", apunta.  

Villares considera que este año se hizo justicia con la consecución del título, "porque España era o mellor equipo", pero recuerda experiencias más amargas en las que la selección española apuntaba al oro y finalmente se quedó a las puertas: "O maior pau foi no Europeo 2016 de Polonia. Chegamos á final sendo os claros favoritos e unha Alemaña moi nova pasounos por riba".

Non hai ningún divismo, voan en clase turista e misturados co resto de pasaxeiros


Dos años más tarde se resarcían en Zagreb, donde pudieron disfrutar con el primer título europeo, que fue especial por muchas circunstancias y por algunas situaciones anecdóticas que se convirtieron en inolvidables. "Fora un espectáculo ver chegar a Sterbik, que viña para sustituir ao lesionado Pérez de Vargas, e dar un recital debaixo dos paus nas semifinais e na final. Aquelo fora unha gozada e ademais en Croacia, onde se vive moito o balonmán e envórcanse con estes eventos", recuerda.

Precisamente de su primera experiencia croata, en 2009, guarda sus mejores recuerdos entre aquellos campeonatos en los que España no accedió a la lucha por las medallas. "Non sei se por ser a primeira vez, polo ambiente espectacular ou porque a final entre os franceses e os croatas fora un partidazo, pero é o torneo que máis recordo. Ademais, tivéramos a sorte de aloxarnos no mesmo hotel que todas as seleccións, así que convivimos unha semana enteira con eles", recuerda.

Aunque todo apunta que los resultados de España pueden empeorar al retirarse jugadores clave después de los Juegos Olímpicos de Tokio, en 2020, Villares cree que seguirán acudiendo a estas citas internacionales, aunque admite que no sería igual después de ver a la selección peleando por títulos y medallas casi en cada campeonato, ya sea europeo o mundial. "Vamos botar moito de menos a Raúl Entrerríos e a outra xente como Viran, Cañellas, Sarmiento ou Guardiola, pero quedaranos a mellor portería do mundo e outra xente con moito carácter como Maqueda ou Álex Dujshebaev. Inicialmente nós íamos pola experiencia de ver un Mundial de balonmán, pero a verdade é que presta moito ver a España e non é o mesmo se non está. Estamos mal acostumados", concluye.

Un talismán vivariense para la selección española de balonmano
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