A Suiza con la maleta y la pizarra

Armando Otero aceptó una oferta del Sion Basket, de la Segunda helvética, y vivirá un nueva experiencia internacional
ARMANDO OTERO ENTRENADOR DE BALONCESTO EN FOZ-QUE SE VA A ENTRENAR A SUIZA FOTO JM ALVEZ
photo_camera Armando Otero, delante del pabellón de Marzán. JOSÉ Mª ÁLVEZ

En el siglo pasado, en época de posguerra, era habitual que los españoles fueran a Suiza en busca de trabajo. Ha pasado más de medio siglo, las circunstancias han cambiado, pero ese camino de ida al país centroeuropeo lo siguen haciendo algunos como Armando Otero (Pontedeume, 1972). El entrenador de baloncesto ha aceptado una oferta del Sion Basket, de la Segunda División de aquel país, para entrenar esta temporada a su equipo masculino.

"Fue una sorpresa muy grande, porque llevo diez años retirado como entrenador profesional", explica el técnico que deja el Macrocopia Celtas de Foz, donde solo pudo ejercer su función en la temporada que se frustó en marzo por la pandemia del covid-19, la 2019/20. "Se puso en contacto conmigo un directivo, que es hijo de emigrantes, y me comentó que estaban muy interesados en contar conmigo y nos pusimos a hablar", explica Armando.

A Otero le seguían en el Sion Basket desde su anterior experiencia internacional, en un equipo femenino del país helvético, hace ya más de 15 años. "Y para más casualidad, el chico que les hace allí de asistente de vídeo es un chaval de Landrove, Miguel Albariño", comenta. Ya antes, en otras épocas, Otero había recibido tentativas internacionales, como ser seleccionador nacional en El Salvador o alguna oferta de un país africano, para las declinó por la falta de seguridad.

BALONCESTO Y ALGO MÁS. Pero Armando Otero no vive del baloncesto, por lo que tenía que cuadrar también su vida laboral. Actualmente, junto a su pareja Jessica, regenta dos locales de hostelería en Foz. "Me tenía que compensar moverme, porque tengo ya dos negocios establecidos, pero ellos me insistieron muchísimo, había mucho interés, por eso elegimos irnos", explica.

Una de las condiciones que puso Otero para aceptar el puesto de entrenador es que tanto su pareja como él tuvieran un trabajo fuera del baloncesto, ya que el equipo no entrena como profesional, en sesiones de mañana y tarde, "quizá solo el americano que vamos a tener", advierte. "Es posible que yo pueda trabajar en alguna academia dando clase y Jessica , que es cocinera, en algún local", dice.

MEJORA ECONÓMICA. Otero afirma que se marcha "porque es una mejora económica la que nos vamos a encontrar, y además porque la situación en España para este año que viene me genera muchas dudas; tenemos dos negocios de hostelería abiertos, el maltrato que hemos recibido es muy grande y estamos ante una situación que genera muchas incógnitas", argumenta. "Además, me pica el gusanillo de volver al baloncesto profesional, de probarte, de volver a la competición", subraya y recuerda que comenzará en la segunda semana de octubre, aunque el equipo ya lleva unas semanas con el preparador físico.

En cuanto a lo deportivo, el equipo peleará por mantener la categoría. "Pero ellos, a lo que aspiran, es a ver la mejora de sus jugadores jóvenes, que son mayoría", dice. "Tienen los pies en el suelo e incluso si llegaran a ascender, lo que me han comentado es que renunciarían en un principio a la plaza porque sería muy complicado económicamente mantener el equipo en la Primera División", advierte.

El técnico gallego deja un hueco en el Macrocopia Celtas de Foz que lo cubrirá Adrián Suárez como técnico. "Esta ha sido mi tercera etapa en el club y hasta hace pocas fechas he estado entrenando con ellos; no digo que me dé rabia irme, porque no es así, pero sí que me da pena el dejarles tan pronto y solo haber podido estar con ellos media temporada", concluye.

El futuro queda lejos y Otero solo mira este curso, aunque no descarta ningún escenario. "Ellos querían darme más de un año de contrato, pero tenemos que ver lo a gusto que estamos las dos partes", dice y añade que "la intención es estar allí la temporada y volver para la época estival aquí, porque Jessica y yo estamos establecidos en A Mariña, es nuestro campo base", advierte, aunque también deja una puerta abierta. "También es verdad que cuando vuelves al baloncesto profesional estás otra vez en el disparadero y te pueden llamar de otro equipo, de Primera, nunca se sabe", dice.

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