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El sueño se convirtió en realidad en Bravos

Rachel Donald y Phoebe Parthenoglou, en Ourol. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Rachel Donald y Phoebe Parthenoglou, en Ourol. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Un joven alemán está impulsando en una aldea del municipio de Ourol la iniciativa The Foundry, una comunidad que nace con el objetivo de que distintos tipo de personas puedan trabajar libremente en sus proyectos en el entorno tranquilo y relajante que ofrece el entorno natural, lejos de los espacios urbanos más ruidosos y saturados

La Universidad Humboldt puede presumir, con más de 200 años de historia, de haber impartido clase a 29 Premios Nobel como Schopenhauer, Karl Max. Albert Einstein o Max Planck. Sin embargo, para uno de los alumnos del siglo XXI, la ideología de la institución evolucionó negativamente hacia un lugar donde no se fomentaba el pensamiento crítico y tan solo se enfocaba a una buena salida laboral. Esa persona se llama Dennis y prefiere no revelar su apellido para otorgar más relevancia al proyecto que lleva a cabo en Bravos —municipio de Ourol— denominado The Foundry, y en el que pretende suplementar las carencias de Humboldt.

Según explica Dennis la iniciativa aún está en fase de desarrollo y se tienen que marcar los objetivos de cara al futuro, aunque los cimientos están claros. Para explicar The Foundry usa el término usado por el filósofo Michael Foucault 'heterotopía', en el que definía espacios con fuerzas especiales para desarrollar pensamientos que reviertan en el sistema. Una de las premisas fundamentales de The Foundry es que sea "una residencia o un retiro donde puedes trabajar en tus propios proyectos, sin la distracción de la ciudad ni las molestias de instituciones grandes, como las universidades", asegura Dennis que recalca que es un espacio de "trabajo, no de vacaciones".

Además, la clave es que el servicio es sin ánimo de lucro, con la finalidad de que no tenga un coste asequible para que pueda hospedarse "días e incluso meses", señala Dennis.

EL GERMEN

Dennis afirma que desde 2011 tenía ganas de llevar a cabo el proyecto. Sin embargo, al igual que le pasa a muchos emprendedores, no tenía dinero. "En 2011, en la mitad de la crisis, cuando todo el mundo odiaba los bancos, alguien me contó sobre el bitcoin, una moneda que funciona sin bancos... puse muy poco dinero allí y en 2017 explotó", indica. Cuando se hizo con el capital suficiente le llegó a sus oídos la información de aldeas abandonadas y, vio en Bravos la candidata perfecta para el proyecto, a pesar de no haber pisado Galicia antes.

La idea en estos momentos es buscar financiación sostenible y cobrar "un poco" por el alojamiento para seguir avanzando

"Ahora casi lo gasté todo", dice Dennis, uno de cuyos propósitos es buscar financiación sostenible el año que viene. "Los costes son bajos y hay voluntarios que ayudan con la obra", dice el impulsor, pero manifiesta que una de las ideas es "cobrar un poco por el alojamiento y quizás aplicar becas para armar proyectos". Sin embargo, remarca que será sin ánimo de lucro, tan solo para sufragar los gastos. Sin embargo, en cuanto a los socios, no tendrán que pagar este precio, puesto que solo está pensado para usuarios particulares que deseen pasar una temporada en Bravos.

En cuanto al nombre, Dennis cuenta que investigó que en el lugar se trabajó con hierro desde 1478. A pesar de que "foundry" significa en inglés "fundición" y que la traducción correcta sería "bloomery", Dennis se decidió por la primera opción por la sonoridad.

PROYECTOS

Los eventos que se llevaron a cabo tuvieron temáticas muy variadas. "Ya tuvimos un taller sobre metáfora", dice Dennis, añadiendo que para el 2020 tienen en mente diferentes propuestas, aunque ninguna de ellas está concretada aún: un congreso sobre inteligencia artificial y las consecuencias filosóficas y económicas que tienen para el ser humano; la historia del hierro, en el que se podrá incluir un taller de herrería o un pequeño festival de música, ya que un grupo de compositores tienen la intención de llevar a cabo una iniciativa con música clásica. Sin embargo, Dennis indica que todas los proyectos aún están en el aire.

En The Foundry la democracia está servida para todos los participantes. Dennis indica que todas las personas que se integren en algún momento en el proyecto pueden proponer ideas para hacer eventos y que estos se llevarán a cabo si están compaginados con la ideología del proyecto y "no sean comerciales", señala.

A The Foundry acuden personas de toda Europa. Sin embargo, quiere organizar actividades en las que se incluyan a los vecinos de la zona, para crear una comunidad que, a su juicio, sería mucho más enriquecedora para todos y haría más plausible ir consolidando el sueño que empezó en 2011.

HUÉSPEDES

La escocesa, Rachel Donald, y la griega, Phoebe Parthenoglou son actualmente las dos únicas huéspedes y colaboradoras del proyecto pero Dennis asegura que "en verano hay mucha más gente". Se encuentran en Bravos haciendo labores de restauración, a la par que disfrutan del entorno.

Donald coincidió con Dennis en la Universidad Humboldt. Sin embargo, no se conocieron hasta que ella vio una publicación en Facebook acerca del proyecto The Foundry. Su amor por Galicia viene desde que hace tres años realizó el Camino de Santiago. Desde aquel momento se quedó prendada de la naturaleza y paisaje gallegos. Por otro lado se encuentra Parthenoglou, que está incluida en el movimiento 'communitism', que promueve la creación de un sistema de sociedad alternativo.

Entre las acciones que realizan desde ese colectivo, recorren el país heleno con el objetivo de restaurar edificaciones que estaban en ruinas para darles un uso práctico. Ella conocía a Rachel Donald desde hacía años y, cuando la escocesa le contó en qué consistía The Foundry, no dudó en emprender un trayecto hacia Bravos con la idea de colaborar en todas las tareas que fuesen necesarias.

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