"Son o último mohicano; o novo non pode morrer nin o vello vivir"

Antón Teixeira en la pesca de calamares en Celeiro y Víctor Fernández junto a sus vacas montañesas de A Cruz da Cancela siguen, superados ya los 80 años, apegados a lo que han sido sus vidas de marinero y ganadero. Echan de menos la gente y las ferias de antaño.

Antón Teixeira y Víctor Fernández. EP
photo_camera Antón Teixeira y Víctor Fernández. EP

Ven el mundo y sus dificultades con otra perspectiva. Quizás porque de jóvenes les tocaron las miserias de un tiempo muy diferente. Antón y Víctor han superado los 80 años y ambos tienen en común seguir todavía apegados, con gran espíritu de ánimo, a la vida del mar y del agro, uno junto a las lanchas que desde Celeiro y con poteras pescan cada verano calamares, el otro desde Riotorto cuidando unas pocas vacas rústicas que todavía apacenta en los altos de la Cruz da Cancela. 

Antón Teixeira Batista se considera por derecho propio "o último mohicano" porque es el único superviviente que queda de la galera de 1961, la que se llevó a 30 marineros y tres boniteros a pique. El peor desastre marítimo que se recuerda en el puerto. En la chabola tenía hasta no hace mucho el chaleco salvavidas que emergió del Todos los Santos al volcar, aunque después le lanzó Antón da Amora desde el Colindres un aro, con tanta fortuna que casi lo encapilló y permitió seguir con vida en mitad de una tempestad que se llevó a cinco compañeros (Míguez, Tirso, Teolindo, Camba y Collín). A sus 86 años, Antón sigue teniendo cada día presente aquellas horas pero también se asombra del gran cambio que desde la inmediata posguerra sucedió en Celeiro. El bullicio de jóvenes, el continuo ir y venir de barcos de madera, las 18 conserveras y los 25 bares han desaparecido. Queda el hierro de los pesqueros de Gran Sol y un puñado de locales de restauración, con muchos menos vecinos a bordo. 

Sus padres, de Braga él, y de Viana do Castelo ella, habían arribado a Celeiro durante la contrucción del ferrocarril de la Costa y a su término el progenitor cambió el oficio de capataz por otro en la conservera Albo. Eran ocho hermanos en un caserío del alto de A Baixá donde los primeros oficios de niño fueron cuidar dos vacas, tres o cuatro ovejas, una cabra y un caballo que la madre usaba para acarrear pescado que vendía por las aldeas. 

"Na galerna de 1961 eu non sabía nadar e viamos entrar a auga pola boca do rancho de proa", recorda Antón

Eso y recoger montones de leña que pagaban a dos o tres pesetas (cuanto menos pesaba mejor, señal de estar más seca) para la panadería local de Antón de Balseiro. Hasta recogió piñas para ganar algún sustento antes de convertirse en botero del puerto. Fue a los 15 años, cuando todavía no había muelle decente y había que embarcar y desembarcar tripulantes y pescado. Después se enroló en lanchas del bonito, anchoa y, pasada la galerna, estuvo 15 años embarcado en el Paxaro Blanco, hasta que fue vendido para Burela. En el Pino Montero pasaría por la cubierta, el puente (hoy uno de sus nietos, Bruno, es patrón de altura en Gran Sol) y en la máquina. 

Toda la vida en el mar. "Xubileime con 53 anos e aínda me sobraba cotización", dice. Y aunque ahora una pierna le da un poco la lata, espera completar este 2024 otro verano más pescando calamares junto a su hijo Tono en las dos lanchas que tienen a su cargo, la Teresiña y la María Blanca, que ahora están sobre la rampa del puerto a la espera de un repaso. "Son o último mohicano de Celeiro —insiste—; moito non vai ser pero o novo non pode morrer e o vello non pode vivir". Solo pide que cuiden lo avanzado porque, por desgracia, muchos logros y muchas personas se perdieron. 

Vacas en Riotorto

A unos 600 metros sobre el nivel del mar, en RiotortoVíctor Fernández Comendeiro trata de hacerles llevadero el invierno a sus 8 pequeñas y lanudas vacas, ganado asturiano y galaico del único que se adapta al frío nordés que por allí sopla. También es el que tiene alguna posibilidad de defensa ante el lobo que por la sierra se alimenta de potros, terneros y cabras, en general crías a las que pueda echar el diente. 

"Excepto algo en Gontán, aquí xa non quedan feiras como a asturiana de Proaza con 900 vacas", explica Víctor

En estos meses hay poco pasto en su finca de A Muria y debe completar la alimentación del rebaño. "Ganas de traballar teño poucas e o silo que comprei anda caro pois non o hai pero...", explica Nacín, como también conocen a este vecino de Vilaseca, parroquia riotortense situada más en el valle. Siempre tuvo ganado de carne a pesar de que muchos vecinos se fueron reconvirtiendo al de leche. 

"Son da casa do Carracho e en Vilaseca tamén hai a do Monxe, ou a do Coxo pero só quedamos 15 ou 16 veciños pois xente nova non hai e os vellos chega o tempo e morremos", sentencia. A Antón se le enciende la mirada con cada detalle de la lancha y los aparejos de los calamares y a Víctor le tira el ganado. "Aquí xa non quedan feiras pero o 2 de febreiro fun a Proaza, preto de Oviedo, onde había 900 vacas, e comprei dúas, e iso que a lingua azul cmplica a cousa". El buey lo deja cerca de casa "para que non se achique con este tempo no alto". 

El negocio está en los aerogeneradores que han puesto en los altos. "A min abríronme unha pista e pecháronma arredor, déronme 37.000 euros e aínda lles deixaba outro pedazo", remacha. Pero su vida está junto a las vacas.

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