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El Siempre San Prudencio capitanea este año la procesión marítima de Burela

Julio Pernas, padre e hijo, a bordo del Siempre San Prudencio. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Julio Pernas, padre e hijo, a bordo del Siempre San Prudencio. JOSÉ Mª ÁLVEZ

Padre e hijo son armador y patrón de la embarcación, que faena a la merluza, y para los que es un honor "levar a santa"

Julio Pernas, de 69 años, es el armador del Siempre San Prudencio, que patronea su hijo, de 33 años, que heredó nombre y profesión. Un trabajo duro, en el que estos días harán un alto para disfrutar de las fiestas patronales de Burela, en la que este año tendrá un papel protagonista, pues la embarcación ha sido la escogida para llevar a bordo la imagen de la virgen del Carmen en la procesión marítima del domingo.

"É unha honra, porque á virxe do Carme é a nosa patrona", cuentan ambos a bordo del barco que acaba de llegar del mar y en el que se efectúan labores de reparación, que en breve se sustituirán por las flores y las banderas para que luzca precioso para la mañana del domingo.

Será la primera vez que la embarcación lleve a la Virgen, aunque sus responsables ya han vivido esa experiencia hasta en dos ocasiones, “porque xa levamos a santa co outro barco que está no mar”, cuenta Julio padre, quien recuerda que los últimos impedimentos por los seguros hacen que la procesión sea menos masiva que hace años, pero se mantiene por tradición y las embarcaciones saldrán del muelle tras finalizar la misa de mediodía en la nave de redes, el Siempre San Prudencio delante y, a sus lados, otras embarcaciones con base en Burela. En todas ellas, se prepara comida y bebida para los asistentes y es que el día lo merece.

Julio Pernas padre empezó al mar con quince años y fue su oficio hasta los 57 con que se jubiló, “grazas a deus sen nengún percance gordo”, mientras recuerda que el de marinero “é un traballo como calquera outro, non é unha esclavitude pero é sacrificado”, reconoce.

Cada vez son menos las familias de marineros en las que hay un relevo generacional

Así lo atestigua su hijo, quien lo recuerda siempre alejado de la familia “e non nos viu medrar”, pero es una profesión que lleva en la sangre y tras un tiempo en tierra optó por embarcarse hace una década. “É algo que eu recomendo aos novos, pero teñen que ir mentalizados que hai que estar alá”, cuenta el joven, quien reconoce que cada vez son menos las familias de marineros en las que hay un relevo generacional, algo que hasta no hace mucho era una constante. “No pobo non seremos máis de cinco ou seis”, asevera.

Julio hijo acaba de arribar con el Siempre San Prudencio de una marea de merluza, una pesquería a la que se dedican casi todo el año una vez que optaron por dejar el bonito la pasada campaña y a la que no cuentan volver, al menos de manera inmediata.

El barco, de 28 metros de eslora y 6,5 de manga, tiene una tripulación de catorce personas, que volverán a hacerse a la mar en cuanto finalicen las patronales. “Pasaremos as festas en terra para voltar saír mércores ou xoves”, cuenta el patrón del barco, en el que permanecen entre doce y catorce días en cada campaña de merluza.

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