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Siempre al pie de una cama

María González (izquierda), Dolores González y María Losada. AMA
María González (izquierda), Dolores González y María Losada. AMA
Entre miedos, incertidumbre y preocupación hicieron las enfermeras su trabajo en la lucha contra el Covid-19. A su profesionalidad tuvieron que sumar su lado más humano para convertirse en el "soporte emocional" de los pacientes. Las mariñanas Dolores González, María González y María Losada son tres de los millones de ejemplos. 

HACE ALGO más de dos meses, las enfermeras mariñanas Dolores González, María González y María Losada reivindicaban el peso que la enfermería debe tener en el sistema sanitario y su papel como el primer eslabón con el paciente. Hoy, con la crisis sanitaria desatada por el Covid-19 son testigos en primera persona de una lucha que ve la luz al final del túnel, pero en la que no está permitido relajarse. Dolores González vivió esta pandemia desde la unidad de hospitalización del Covid; María Losada lo hizo desde el quirófano, donde se aplicó un protocolo especial; y María González desde la planta de Medicina Interna, un área del Hospital Público da Mariña en la que se produjeron varios contagios entre los profesionales. Todas, al igual que el resto del colectivo, enfrentaron la pelea contra el virus "preocupadas, pero coa convicción de que tiñamos que facer o noso traballo o mellor posible". "Existía medo ao contaxio, pero non queríamos que mermara a calidade asistencia", añaden. Y no resultó sencillo porque había muchos frentes en los que actuar, como profesionales y como personas.

"Fomos o soporte emocional do paciente", sostienen. Porque ellas eran las que estaban a pie de cama las 24 horas del día y las que cubrían las necesidades de afecto, cariño y contacto humano que necesitan los enfermos, que solo podían comunicarse con sus familias por teléfono. Y toda esta comunicación, más el trabajo asistencial con el uso de equipos de protección, "que dificultan o uso das técnicas de enfermería, producen lesións na pel, restrinxen a movilidade e dificultan a comunicación". En este sentido, recalcan la importancia de la correcta colocación de estos equipos, pero también de su retirada, "o momento máis delicado pola alta probabilidade de contaxio de non facelo correctamente". "Pese a todo", reconocen, "a humanización das unidades foi posible e tanto os pacientes coma os seus familiares se mostraron moi agradecidos, solidarios e colaboradores". 

Las profesionales destacan que a nivel psicológico la enfermería quedará marcada para siempre

Precisamente esa solidaridad también llegó de forma desinteresada al hospital en forma de material, como gorros de peluquería, pantallas, batas, así como de galletas, dulces, bolsas de comida, flores, cartas de agradecimiento y dibujos. Unas muestras de cariño que hicieron más llevadero un trabajo para el que los hospitales en general, "non estaban preparados, nin dotados da cantidade suficiente de material para facer fronte á demanda". "Foron xornadas moi duras, de gran presión asistencial e nas cales a enfermería fixo un gran esforzo, tanto persoal como asistencial", explican y subrayan su agradecimiento "polas mostras de cariño recibidas pola poboación". 

Pero la factura de estos días intensos está ahí: "A nivel psicolóxico, a enfermería vai quedar marcada para sempre. As cicatrices non son só as que provocan as máscaras e as gafas senón as que quedan por dentro". Y esas permanecerán. Son un colectivo susceptible de contagiar en tres frentes: los pacientes, los compañeros de trabajo y su propia familia, con todo lo que ello supone. Precisamente para proteger a sus familias, muchos profesionales pasaron los días más fuertes de la pandemia fuera de sus casas, "coa incerteza de non saber cando poderían voltar". Por eso, también lamentan algunas actitudes "minoritarias" de la estigmatización que sufrieron algunos sanitarios. "Houbo compañeiros na Mariña que viviron esta experiencia en primeira persoa por ser positivos na doenza ou simplemente polo feito de ir traballar", lamentan. 

Al Hospital Público da Mariña llegó no solo material de protección sino galletas, dulces, comida, flores, cartas y dibujos, fruto de la solidaridad

Después de dos meses en primera línea, las enfermeras reclaman sentirse protegidas, para lo cual apelan a la realización de test y a la dotación de material suficiente que garantice su seguridad, "xa que as cifras de sanitarios contaxiados son preocupantes e aínda son máis estremecedoras as do número de compañeiros que faleceron". 

En estos momentos de desescalada, también muestran su preocupación a que no se cumplan las recomendaciones de las autoridades sanitarias y que se vuelva atrás: "Sería terrible volver a pasar por unha situación semellante. Temos medo a que repunte o número de contaxios, o que conleva un maior número de ingresos e falecementos". Por eso, piden "coherencia e prudencia durante este periodo", para que todo el camino que se lleva recorrido, con todas las consecuencias que dejó, no haya servido para nada. En este momento, la responsabilidad personal es una de las bazas importantes para seguir doblegando al virus. 
 

Siempre al pie de una cama
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