El rastro de los Del Pino se pierde en Ribadeo

Un aeródromo y un chalé con una gran finca, las huellas del paso de la adinerada familia por la costa 
La pista para avionetas y Rafael del Pino padre. AEP
photo_camera La pista para avionetas y Rafael del Pino padre. AEP

Todavía resuena en los oídos de los ribadenses el mantra de la vinculación de la familia Del Pino con su municipio. Los más jóvenes, y no tan jóvenes, no lo entienden. Lo cierto es que la conexión de la familia Del Pino con Ribadeo comenzó con el abuelo del que es uno de los hombres del momento: Rafael. Lleva el nombre de su padre, pero no el de su abuelo: Fernando del Pino y del Pino. Fue este el que empezó a ir por Ribadeo desde Madrid cuando eran pocos y privilegiados los que lo hacían. Era un buen aficionado al mar y a la pesca, gustos que trasladó a su hijo Rafael y la pesca la practicaban juntos en la Illa Pancha.

Hasta tal punto caló esto en el que acabaría por ser el septuagésimo noveno hombre más rico de España en 2007 según la revista Forbes y presidente de Ferrovial que poco antes de morir, pidió expresamente que le llevaran al islote para recordar aquellos momentos con su padre. Solicitaron al último farero que hubo que les abriese la verja y allí mismo se despidió de esa parte de su pasado en la silla de ruedas en la que había quedado tras un grave accidente en el Índico cuando daba la vuelta al mundo.

Lo cierto es que Rafael padre, al contrario que sus cinco hijos, siempre se sintió próximo a Ribadeo porque, aunque nació en Madrid, su familia tenía arraigo en la zona y era primo segundo del general Jaime Miláns del Bosch, con papel destacado en la tentativa golpista fallida del 23-F, y también vinculado a Ribadeo. Se casó con Ana María Calvo-Sotelo, hermana del expresidente del Gobierno, lo que le acercaba aún más al pueblo. Durante toda su vida, incluso cuando era uno de los hombres más poderosos de España, siguió vinculado a Ribadeo. Se cuentan muchísimas cosas de él, casi todas ciertas: fue un gran amante del mar y frecuentó tanto la playa de As Illas como el muelle de Porcillán desde antes de que hubiese puerto deportivo, pero también después. Tuvo gestos de gran generosidad con gente necesitada del pueblo que él se ocupó muy mucho de ocultar y que nadie confirma, como la del joven al que le pagó una carrera universitaria.

Lo ocultaba porque, si algo también es cierto de él, es que no era de su agrado regalar el dinero, más bien al contrario. Daba lo que desde su punto de vista creía justo y ni una peseta más.

Con el paso de los años acabaría por construir Riocaínzos. Es una vivienda en la parroquia de Vilaframil edificada con gusto, discreción y dinero. Está apartada de la carretera general, pero poco. La finca es inmensa y está bien protegida de miradas ajenas por árboles. A dos kilómetros escasos de su casa, Rafael construyó una pista de aterrizaje para su avión. Durante años allí organizó sardiñadas.

Y sin embargo se encargó personalmente de traer a Miguel Boyer a Ribadeo en su avión privado para dar una conferencia en el Voar. Hacía años que había sido un tertuliano empedernido que en el bar Cantón se juntaba con Víctor Moro, Toto Mera o Leopoldo Calvo-Sotelo en las noches de verano. Son todos hijos de un tiempo pasado.

Ahora eso se acabó y la vinculación de los Del Pino (sus hijos) con Ribadeo se perdió. Hasta el punto de que en el club aéreo creado alrededor de la pista que el padre construyó están que trinan con el trato que reciben de sus hijos. Y no pueden comprenderlo. De sus cinco hijos: Rafael, María, Joaquín, Leopoldo y Fernando, el que más se deja ver por Ribadeo es Leopoldo y, en menor medida, Joaquín y María. Los otros, nada o prácticamente nada.

Parece que Rafael tardará en dejarse caer por Ribadeo, aunque no se descarta. Dicen los que les conocen que no les extrañaría que se pasasen algún día a descansar. Algunos hermanos lo hacen de forma esporádica, breve y tan anónima que no se les ve.

Y si se les ve, no se les reconoce. En Ribadeo disfrutan de un anonimato del que solo escapa el primogénito por una cuestión tan trascendente que pone de los nervios a la mismísima Nadia Calviño y que seguramente solucionarían si lo hablasen en una tertulia del Cantón bar. Sea como sea, los Del Pino ya son solo un rumor lejano en Ribadeo.

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