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Perfil | Gustavo Ortega echa amarras

El que fue capitán marítimo de Burela entre 1999 y 2005 se jubila tras 15 años en A Coruña. Peleó para que Lugo consiguiese su reconocimiento como provincia marítima

El capitán marítimo de A Coruña, Gustavo Ortega Romero, iniciará este mes la que promete ser su singladura más placentera: la de la jubilación. Este andaluz criado en Madrid y gallego de adopción pondrá así fin a una intensa carrera ligada al mundo del mar que lo llevó de su Cádiz natal a Burela y de allí, a la ciudad herculina, donde fue el máximo responsable de la Capitanía en los últimos quince años.

GUSTAVO1Desde que empezó a navegar a los 19 años, en las prácticas que ponían fin a su carrera universitaria de la Marina Mercante, este amante del salitre recorrió medio mundo subido a cualquier cosa que flotase. Trabajó de aprendiz en un petrolero y estuvo en la reserva activa de la Armada, hasta que en 1990 cambió el agua por la oficina, cuando empezó a trabajar para la Administración. Eso sí, siempre en los puertos. Primero en Bermeo, luego en Cádiz, de allí a Burela y, al final, a A Coruña.

Pero en ese periplo vital y profesional por mar y tierra hay un lugar que lo dejó especialmente marcado: A Mariña. Allí recaló para asumir la Capitanía Marítima de Burela en diciembre de 1999, sustituyendo al que había sido el primer capitán de la historia lucense, Bernardo Rodríguez. «Me voy profundamente agradecido; han sido años muy gratificantes», confesaba Gustavo Ortega cuando seis años después, en diciembre de 2004, se oficializaba su marcha para la Capitanía Marítima de A Coruña. En ese tiempo en A Mariña, Ortega dejó muchos amigos y una muy buena imagen entre el sector, que todavía hoy lo recuerda con mucho cariño.

De hecho, bajo su mandato se modernizó la institución y él mismo se erigió en uno de los impulsores del reconocimiento de Lugo como provincia marítima, un éxito colectivo que se hizo realidad en un Consejo de Ministros de mayo de 2002. Desde entonces, todos los barcos lucenses se pudieron registrar con las siglas y el folio propio (LU), poniendo fin a toda una vida de dependencia de Ferrol (FE). Es una de las ventajas que concede ser provincia marítima. Sobre la creación de una autoridad portuaria lucense, Ortega ya nunca se mojó tanto, al menos en público, donde siempre dejó ese asunto «a los políticos».

En el cambio de año de 2004 a 2005, este capitán con apellidos de dictador latinoamericano aterrizó en A Coruña para dirigir una Capitanía con mucho más volumen de tráfico y más territorio. En Rota y Burela se había curtido ya con los efectos del Prestige o los accidentes del Marja y el Ispat Gaurav, pero la ciudad herculina es otra liga. Allí bregó con incidentes tan sonados como el del buque Ostejijk —el famoso barco del nitramón—, la detención del Rodanus por contaminación, diversos naufragios y, a modo de despedida, la crisis del Blue Star en Ares. Está claro que Gustavo Ortega Romero no tuvo respiro ni en su adiós.

Ahora, apura sus últimos días en el cargo para despedirse de compañeros y amigos, muchos de ellos en A Mariña. A sus 68 años, con dos hijos, Gustavo Ortega echa amarras. Quizás sea un buen momento para hacer un crucero, una espinita que siempre tuvo clavada porque el del pasaje fue el único sector que no probó como profesional. Aunque como turista también se disfruta. Y mucho.

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