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Una terraza vacía en Ribadeo en la noche del lunes. ÁLVEZ
Una terraza vacía en Ribadeo en la noche del lunes. ÁLVEZ
La hostelería vuelve a ser uno de los grandes sectores perjudicados por las últimas restricciones provocadas por la segunda oleada del coronavirus

La declaración del estado de alarma y el correspondiente toque de queda suponen un duro golpe para hostelería y restauración. Los locales de comidas tendrán que cerrar a las 11 de la noche, momento a partir del cual la población, salvo fuerza mayor, debe recogerse.

La hostelería vivariense asume el hecho como "muy negativo" ante una situación que ya no era buena y que el nuevo estado de alarma "empeora mucho", según el gerente del bar Temple, de Covas. Domingo González asegura que "teníamos una pequeña esperanza de que nuestro presidente ampliase un poco los horarios, hasta las doce de la noche".

El hostelero señala que "esto es la puntilla, de entrada noviembre nunca fue un mes bueno, pero este año será malo y con la perspectiva de que esto se prolongue, va a haber muchos despidos este mes, muchos autonómos están pensando cerrar los locales". González explica que en su caso se verá obligado a prescindir de entre el 20 o el 30% de la plantilla, "porque si no dejan trabajar, no facturamos, los alquileres no bajan y esto así es insostenible, sumado a la falta de confianza generalizada en el consumo por la incertidumbre con Alcoa, será un mes malo y venimos de un año malo", subraya.

Descarta actos por Navidad y Semana Santa, además de augurar una "destrucción inmediata" de empleo, "ya no puedes decir que puedes recuperar el mes siguiente, esto es otra vuelta de tuerca encima del sector, cuando se ha demostrado que solo el 3% de los contagios proceden de la hostelería y el 70% tienen su origen en el botellón, los pisos y las fiestas privadas, pero es fácil demonizar a la hostelería y obligarla a cerrar, mientras campan a sus anchas las fiestas privadas y botellones".

Domingo González: "Esto es la puntilla, noviembre nunca fue un mes bueno, pero ahora será malo y venimos ya de un año muy malo"

NEGRO FUTURO. González cree que el "Gobierno reflexionará tarde y mal cuando vea los Erte, que se convertirán en Ere y después en cierres de empresas y autónomos. El problema vendrá en abril cuando haya que devolver los préstamos del Ico y no se pueda hacer frente a las cuotas", dice.

El gerente del resort Thalasso Cantábrico Las Sirenas de Viveiro, José Manuel Pereira, explica que por ahora solo modifican el horario interno de trabajo y agradece que esta semana no se registrasen variaciones en las reservas, pero no puede predecir lo que ocurrirá en unas semanas. "Dentro del hotel no nos afecta, valoramos adelantar la hora de las cenas para el cliente externo, empezamos con la comida para llevar y barajamos nuevas alternativas para incentivar a la clientela de proximidad, porque la movilidad entre regiones está más restringida".

Consciente de la complicada situación, por ahora mantienen el empleo, pero no descarta cambios porque "con el brote de julio ya hubo que volver a despedir. La idea es mantenernos, pero va a ser difícil, aunque mientras estemos de pie vamos a dar la batalla", asegura Pereira.

MARGEN ESCASO. El cambio de la hora de cierre provoca también que los hosteleros tengan que modificar el tiempo para las cenas y el margen es mucho más escaso. "No meu caso agora o horario de cociña será de 8 a 10 da noite; a partir desa hora non imos deixar que ninguén se sente porque non queremos deixar á xente a medias", asegura Alejandro Ladra, propietario de A Parrillada de Jandro, en Burela, que ve complicado acostumbrar a la gente a un nuevo horario. "Para que iso puidera suceder habería que adecuar tamén os horarios de traballo. Non se lle pode pedir a unha persoa que come ás tres e media da tarde por cuestións laborais que cee ás 8 ou ás 9. Para que os costumes cambiasen tamén o terían que facer os horarios de traballo, empezar a xornada antes e acabala antes".

José Manuel Pereira: "La idea es mantener el empleo, pero va a ser difícil, aunque mientras sigamos en pie vamos a continuar dando la batalla"

Las pérdidas de clientela y facturación están fuera de toda duda en un porcentaje brutal, según explica Jandro. "Se un viernes normal podemos ter 7 mesas ocupadas ceando pois agora pasaremos a 2 ou 3 no mellor dos casos, e estou sendo optimista", afirmó, descartando también que la situación pueda mejorar de cara a la Navidad y las cenas de empresa, una fuente de ingresos muy importante. "Ademais dos horarios, están as restricións do número de xente e a distancia entre mesas, aparte de non poder utilizar a barra. Ningunha empresa de 20 traballadores vai querer cear para poñerse en varias mesas, penso que os hostaleiros xa descartamos que esta situación vaia cambiar o suficiente para poder aproveitar as comidas de empresa", señaló.

SIN CLIENTES DE ASTURIAS. Una de las localidades más afectadas por las últimas medidas es Ribadeo, sobre todo por el cierre perimetral de Asturias que afecta negativamente a todos los comercios de Ribadeo y especialmente a la hostelería. "Eu diría que nós traballamos casi nun 80% para os clientes que veñen de Asturias, así que o golpe ven por partida dobre, non só polo horario, que tamén", señaló Juan Andrés Fernández, propietario del resturante Porta Norte.

Fernández considera que la comarca de A Mariña está siendo maltratada desde que comenzó la pandemia, ya que las decisiones que se toman son ilógicas. "En julio pechouse toda a comarca cando a maior parte dos casos estaban en Burela, pero os municipios do resto tivemos que tragar con isto. Agora anuncian un peche dun montón de meses para toda España sen ter en conta os niveis de cada sitio. Esperábamos que polo menos puxeran unha hora máis, pero nada", señaló.

También Javier Montero, propietario del restaurante que lleva su nombre, criticó la situación a través de Facebook y lamentó la criminalización que se está haciendo de la hostelería.

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