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Una familia pide "algo de tiempo" ante su inminente desahucio en Lourenzá

El padre, con un escrito sobre el desahucio en la mano, junto a su familia. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ
El padre, con un escrito sobre el desahucio en la mano, junto a su familia. JOSÉ MARÍA ÁLVEZ

Recibió una orden para dejar la casa el día 26 al no pagar los últimos dos meses de alquiler y los recibos

El regreso de Suiza a su tierra natal para una familia que vive en Lourenzá no está siendo fácil. Un año después de asentarse en A Mariña, la pareja y su hijo de tres años, que sufre un retraso madurativo y en el habla, por el que tiene que acudir todas las semanas a Burela al Centro de Atención Temperá, tendrá que dejar la casa donde viven de alquiler por una orden de desahucio para el día 26 de febrero a las 10.30 horas. Esta es la consecuencia de no haber pagado los dos últimos meses de alquiler y algunos recibos, en una deuda que asciende a 813 euros, según la versión de N.V. y M.P.

Tras regresar de Zúrich, el primer sitio donde se asentaron fue Riotorto. Durante los meses que estuvieron en este concello, de febrero a junio de 2017, las cosas no les iban del todo mal. "Él trabajó en Terras de Miranda y nos ayudó a encontrar ese empleo el alcalde, Clemente Iglesias", dice la protagonista, "pero ganaba 800 euros y no nos daba para vivir". "Vinimos a Lourenzá porque nos dijeron que aquí había bastante trabajo desbrozando montes y me puse como autónomo", dice él, pero realmente no le llaman con tanta asiduidad. "En los últimos tres meses habré trabajado seis semanas, la mitad", dice.

"Ahora llevamos dos meses sin pagar el alquiler y lo que pedimos es tiempo", dice ella, que no habla mal de la propietaria. "Tanto ella como su hija son muy buena gente, pero empezamos a tener problemas...", explica. ¿Qué clase de problemas? "La calefacción y el agua caliente dejaron de funcionar en agosto, y desde entonces, y sobre todo ahora en invierno, se hace muy duro, porque para bañar al niño o nosotros tenemos que calentar el agua", cuenta.

"El futuro lo vemos negro, no nos dan ninguna solución y nosotros lo único que pedimos es que nos den tiempo para buscar otra casa para irnos con nuestros animales". Porque esta familia, en un terreno cercano a la casa, tiene pollos, ovejas y gallinas, para consumo propio, además de un perro. "El problema empezó por ahí, porque a nosotros la propietaria nos dijo verbalmente que podíamos utilizar este terreno para tener animales y luego nos llevó al Juzgado de Paz porque decía que la finca no nos la había arrendado", explica la arrendataria.

La arrendadora declinó hacer declaraciones a este medio.

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