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Nuevos caminos para los obreros de Vestas y Alcoa

Pachi López, Diego Fernández y Adrián Casas. J.M ÁLVEZ
Pachi López, Diego Fernández y Adrián Casas. J.M ÁLVEZ
La mayoría de los de Chavín se fueron al paro y los de Aluminio afectados por el cese temporal de la producción tendrán otras tareas

Este 2022 es un año de cambios para los protagonistas de los conflictos laborales de Vestas y de Alcoa, que terminaron con suerte dispar. Mientras la gran mayoría de los operarios de la multinacional eólica asentada en Viveiro acabaron en el paro y se replantean ahora su futuro, los obreros de la fábrica de Aluminio sancibrense tienen un paréntesis de cierta tranquilidad durante cuatro años en los que la empresa se comprometió a no despedir; sin embargo también afrontan cambios ya que hasta 2024 dejan a un lado la fabricación de aluminio para realizar tareas de mantenimiento, limpieza y formación, y la incertidumbre sobre lo que pasará después nunca deja de sobrevolar.

El conflicto de Vestas terminó con posibilidad de empleo para 24 de los 112 operarios en la fábrica de Chavín, reconvertida ahora en centro de servicios y formación sin que trascendiera novedad alguna sobre la posible venta a un inversor que diera trabajo al conjunto de la plantilla. Así, para el resto de estos trabajadores mayoritariamente jóvenes se abren de manera forzosa nuevos horizontes.

El celeirés Pachi López busca formación eólica avanzada e Iria Fernández continúa con sus estudios de idiomas

Uno de los afectados por el Ere es el vecino de Celeiro Pachi López Meitín, de 49 años y con una hija de tres, que tras quince años en la fábrica de Chavín ya empezó a buscar un nuevo trabajo y opciones de formación superior en el sector eólico, al que le gustaría seguir dedicándose ya que le ve futuro, pese al cierre de Vestas. "Estou intentando atopar traballo pero en Viveiro é moi complicado, haberá que moverse. Por exemplo Norvento está contratando xente en Vilalba e é unha empresa que todo o mundo fala moi ben dela, é mellor irnos a algo así que a unha multinacional", comenta sobre las opciones laborales.

En cuanto a la formación apun ta que está mirando un curso avanzado de mantenimiento de parques eólicos y un posgrado del mismo sector en una universidad privada de Zaragoza. "Aínda que atope traballo vou intentar facer cursos de parte loxística de eólica e de mantemento de parques, que é o futuro", señala el celeirés, que agradece estos días para pasar más tiempo con su pequeña pero le gustaría encontrar pronto trabajo. "Son moi positivo e non me quedo quieto, desde que me levanto pola mañá estou no ordenador mirando", comenta.

Iria Fernández, de 32 años y vecina de Galdo, es otra afectada de Vestas. "Estou mirando, pero con calma, e estou tamén formándome", comenta la joven, que estudia inglés y alemán en la escuela de idiomas "porque é algo que sempre pode axudar" y que cuenta con ciclos superiores de electrónica y delineación. "Agora está complicado, na maioría dos casos teremos que cambiar de ámbito incluso porque na zona do tema industrial queda pouco", lamenta Iria, que se muestra abierta a trabajar en otros sectores.

David Mariño y Adrián Casas también están abiertos a trabajar en otros sectores

Del impacto del cierre de la empresa, como el resto de sus compañeros, todavía se está recuperando pues "todo o mundo che acaba preguntando, ninguén o fai por mal, pero é unha carga que tes aí e non podes desconectar", dice la extrabajadora de Vestas, que ahora mide más sus gastos. "Ao mellor te privas de cousas que antes non contemplabas porque non sabes o que vai pasar, necesitas manter un colchón. Nós estabamos moi tranquilos e de repente en tres meses desbaratáronnos os plans", lamenta.

A unos quinientos metros de la fábrica vive otro extrabajador, Adrián Casas, vecino de San Pedro de 40 años y padre de dos hijos pequeños, el menor de pocos meses. "Aínda estou asimilando un pouco a situación e pensei en descansar unhas semanas, pois foron tres meses bastante duros tanto anímica como fisicamente, pelexando para ao final non lograr nada", reconoce el vivariense, que llevaba casi 16 años en la fábrica y no se esperaba su cierre.  "Nunca houbo unha desconfianza de que ía pechar, era unha empresa que levaba vinte anos asentada, que nunca deu perdas, e sempre nos fomos adaptando aos cambios de produto e demais", recuerda.

Ahora buscará un empleo y no le importa cambiar de sector. "Realmente o que quero é traballar, se é no que estudei, no eléctrico, estaría ben pero se non atopo aí, non sería un inconvinte", dice, mientras espera también que se reactive la organización de fiestas y eventos que daba trabajo a su mujer. "Agora está coa baixa de maternidade porque tivemos outro neno, pero no 2020 estivo a empresa con cese de actividade, no 2021 case e, de momento, o 2022 non empeza moi ben que digamos", explica.

La cara más visible del conflicto de Vestas fue la del ya expresidente del comité, David Mariño. "Moito non puiden desconectar, porque ao final séguenme chamando para aclarar cousas e sinto que teño responsabilidade coa xente; tampouco podo apagar o teléfono e esquecerme de todo", comenta este trabajador que sufrió una carga de presión adicional. "Creo que é necesaria unha desconexión, un tempo de olvidarse, de dedicarse a un mesmo e creo que é o que vou facer, intentar recuperar a miña vida que estaba en stand by", dice Mariño, que tiene formación en electrotecnia y está en el último curso del grado profesional del conservatorio de Viveiro.

Junto a su pareja tiene una hipoteca sobre una casa que compraron para ir reformando en Xove pero ahora se plantean incluso irse fuera. "De industria hai poucas opcións e ao mellor nalgún momento temos que agarrar os bártulos e ir para onde sexa", algo que reconoce que no le hace ninguna gracia aunque sostiene que "as facturas hai que pagalas, con optimismo ou sen el".

ALCOA Y VESTAS

ALUMINIO. En la fábrica de Aluminio acaban de vivir una situación inaudita con el apagado controlado de las cubas de electrolisis, que sus más de 40 años solo dejaron de funcionar, entonces de forma abrupta, en la crisis del Casón en 1987. Este cometido lo realizaron los propios trabajadores y tuvo en ellos un fuerte impacto emocional tras muchos meses luchando precisamente por que no se parara el corazón de la fábrica.

Poco después de lo del Casón empezó a trabajar en la planta el ribadense Miguel Ángel Fernández. "Levo 32 anos a turnos alí e agora ver todo en silencio impresiona, faise duro", dice este operario de electrolisis, que reconoce que parar las cubas también tuvo sus complicaciones: "É un traballo engorroso e pesado. Hailles que sacar o baño líquido para que quede só a parte do aluminio que se vai solidificar para que despois o rearranque sexa máis sinxelo, e hai que ir cortocircuitando, ir parando unha por unha", comenta.  Con 55 años y una hija de 16, reconoce que en casa lo pasaron mal estos años "porque dependemos só do meu traballo" y ahora tiene la esperanza de que se pueda rearrancar. "Se non aceptaramos isto a empresa faría un Ere e estaríamos igual, con todo parado pero nós na casa", dice el trabajador, que lamenta el escaso apoyo de los políticos.

El silencio de las series tras el apagón es "desolador" para los obreros que lucharon por mantenerlas activas

"Levaba quince anos alí ao calor de aquilo e é complicado ver todo frío, sen actividade, dá moita pena velo así", comenta Diego Fernández Rey, vecino de Foz que también trabaja en electrolisis, en concreto en la serie a que fue la última en dormirse. El operario, de 37 años y con dos hijos, recuerda que pasaron unos años "moi difíciles", que la plantilla "quería unha solución para o futuro da comarca" y en la votación del acuerdo que proponía Alcoa eligieron "o menor dos males, pois a outra opción ía ser peor". Ahora se aferran a que se retome la fabricación en 2024 pero "a preocupación séguela tendo porque non sabes o que vai pasar", reconoce.

El ribadense David López, cubista en electrolisis, coincide en que la incertidumbre fue y es la peor compañera: "Hubo muchas expectativas, muchos rumores, y al final cuando Alcoa decidió que se iba a quedar con la fábrica y que tenía el plan de volver a arrancar las cubas en 2024 fue como si nos diéramos cuenta de que las cubas se iban a parar, de que era prácticamente imposible tener la fábrica en funcionamiento por el coste de la energía y si tensábamos mucho la cuerda la negociación se podía romper y nos íbamos a encontrar con las cubas paradas y con un Ere", opina. El trabajador espera que Alcoa cumpla ese compromiso y también el de las inversiones, además de lograr un contrato de energía ventajoso para, con todo ello, "hacer una fábrica competitiva y garantizar el trabajo para muchos años".

Confían en que Alcoa cumpla y que los gobiernos apoyen o volverán a "dar guerra"


En mantenimiento central de Aluminio trabaja el focense Walter Lage, de 45 años y con unos 19 en la fábrica. "Os compañeiros fixeron moi ben o apagado das cubas para poder rearrancalas pero é algo que lles afecta, sobre todo porque agora entras na serie e o que te encontras é a ausencia de ruído, un panorama desolador", relata, y "a xente está triste, co temor de se rearrancaremos ou non". Lo que sucederá "non o sabe ninguén", dice este trabajador, que espera que Xunta y Gobierno trabajen de la mano para ayudar a lograrlo. Lage comenta que él es positivo —el apoyo familiar es muy importante, destaca— y si para el 2024 no hay rearranque tiene claro que volverán "a dar guerra". Lo único bueno, añade, es que tanto ellos como las auxiliares continúan trabajando y cree que habrá suficientes tareas para hacer en la fábrica en los próximos dos años.

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