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Navegantes de los de verdad

Botes de una vela latina atracados en el puerto deportivo de Ribadeo. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Botes de una vela latina atracados en el puerto deportivo de Ribadeo. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Los botes de vela latina, únicos en la ría de Ribadeo, ofrecen al marinero una comunión perfecta entre la embarcación y el mar. La Unesco podría ayudar a salvarles de su extinción

A los que saben de navegar les gustan los botes de vela latina. Se trata de una embarcación singular que solo se puede encontrar en el entorno de la ría de Ribadeo. Aunque no exactamente, ya que para buscar unas embarcaciones gemelas habría que desplazarse hasta el mar Báltico, en una asociación que por el momento está por explicar.

Estos botes ahora se están poniendo de moda, pero no por lo que debería de ser: una mayor utilización de ellos y nuevos talleres en los que se construyan, sino porque desde Castropol una asociación quiere que la Unesco los reconozca como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Pero, ¿qué tienen estos botes que los hace tan especial? Pues básicamente, que se trata de una navegación pura en perfecta sincronía con el mar.

En cuanto a los botes propiamente dichos, son unas embarcaciones de entre cinco y seis metros de eslora, líneas elegantes y reluciente madera de roble e iroko bañada en todo tipo de colores.

La forma de su vela es muy característica y una buena forma de reconocerles. La asociación de vela de Castropol, que trata de echarles un cabo, tiene contabilizados unos ochenta en este municipio, aunque solo veinte saldrían habitualmente al mar. Cuando lo hacen, los buenos navegantes los escoran tanto que desde la orilla parece como si estuvieran a punto de volcar. Pero no lo hacen.

Ahora hay otro problema, solo queda un taller que los construye, está en Castropol. Es el de Los Pachos, que va por su tercera generación y se las ve y se las desea contra los botes de fibra, más baratos pero sin el más mínimo encanto en comparación con esta obra maestra de la carpintería náutica de la que ahora mismo se encarga Martín González, sobrino del anterior propietario que era hijo del fundador.

Pero para salvar los botes de vela latina sería importante el concurso de Ribadeo, donde hay gran cantidad de estas embarcaciones. En los años 80 y primeros de los 90 competían en regatas que, a día de hoy, sus protagonistas echan de menos.

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