"Mis clientes a veces ni se enteran de que no veo"

Soy Raquel Marqués, nací en Santiago, pero vivo en Foz, donde pasé algún verano de pequeña. Mi padre es de A Pontenova. Tuve una enfermedad degenerativa en la retina y estoy ciega, y trabajo como fisioterapeuta. Tengo un niño de dos años y me he sentido muy bien acogida en este pueblo
Raqule Marqués en la clínica Fidalgo, de Foz, junto a su perro guía. JOSÉ Mª ÁLVEZ
photo_camera Raqule Marqués en la clínica Fidalgo, de Foz, junto a su perro guía. JOSÉ Mª ÁLVEZ

¿Cómo llega usted a Foz?

Estaba viviendo fuera de Galicia y quería volver. No quería una gran ciudad y quería un pueblo de costa, y me surgió la oportunidad laboral de venir a Foz.

¿Cuál es su actual profesión?

Soy fisioterapeuta, que es de lo que ejerzo hoy en día, pero estudié también enfermería y gerontología.

¿Qué estudió primero?

Tengo una enfermedad degenerativa de la retina y he ido perdiendo visión. Empecé con enfermería, pero empecé a perder vista y vi que no iba a poder ejercer como tal. Hice un máster en gerontología, para dedicarme más a la administración y dirección, pero no fue una buena experiencia. Y, por último, estudié fisioterapia en la escuela de la Once en Madrid e hice un máster.

¡Vaya trayectoria!

Sí. La carrera de fisioterapia empecé viendo. Estudiaba en papel, luego tuve que pasarme al ordenador con la pantalla ampliada, más tarde con el audio... Fue una adaptación de ver un poco a no ver nada. Al final, te tienes que ir adaptando y buscas la solución. Me adapté bien.

¿Qué le dicen los pacientes cuando los trata con su discapacidad?

Llevo cuatro años en Foz y me conoce la gente. A veces ni se enteran de que no veo hasta el final de la sesión o sesiones posteriores.

¿Se maneja bien en la clínica?

Sí, me muevo perfectamente, no necesito ayuda, y tampoco tengo ninguna alteración en los ojos que llame la atención.

¿Ha desarrollado más los otros sentidos al perder la vista?

No, no es que desarrolles más los otros sentidos, pero sí te fijas más en ellos. Tanto en el olfato, gusto, oído y el tacto, que es el que más utilizo en mi profesión. En ese sentido tengo mucha sensibilidad a nivel de tacto.

¿Está preparado Foz para las personas con su discapacidad?

No. Los pasos de cebra no están rebajados, hay escaleras en medio de las aceras... En Foz me veo limitada, más que en Madrid o Alicante, donde he vivido, o Santiago, de donde soy. Hay grandes diferencias.

¿Y cómo se maneja por Foz?

Tengo un perro guía, en este caso una perra, que se llama Estela, y voy con ella de casa al trabajo.

¿Cómo llevó usted esta enfermedad que la dejó sin vista?

Requiere un proceso. La vista es un órgano muy importante, todo está hecho para la vista y cuando me diagnosticaron la enfermedad fue un poco duro, pero como cualquier trago en la vida, pues hay que pasarlo y poco a poco lo fui asumiendo.

¿Qué le ayudó?

Me ayudó muchísimo irme sola a Madrid, donde no sabía cómo iba el metro, y con mis limitaciones, porque entonces ya no veía bien. Salí de mi zona de confort y me fui a una gran ciudad.

Fue valiente.

Y hacer fisioterapia en la escuela de la Once también me ayudó, porque ves a tus compañeros capacitados para hacer una vida normal. Yo le preguntaba a mi amiga Patri, oye, cuando vas en metro, cómo haces esto, y me sirvió de mucho estudiar allí.

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