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El mercado de Viveiro resiste pese al descenso de la afluencia

El mercado de alimentación, en los jardines Noriega Varela de la ciudad del Landro. X.LOMBARDERO
El mercado de alimentación, en los jardines Noriega Varela de la ciudad del Landro. X.LOMBARDERO
Los vendedores perdieron clientes de concellos limítrofes con el cierre perimetral y aseguran que la gente "tiene miedo"
El mercado semanal de Viveiro sigue desarrollándose en los jardines de la ciudad, pero se resiente por el descenso de afluencia de clientes. Iván Martínez Alba, de Frutas Jose, atribuye la merma de visitantes a que «la gente no puede venir de otros concellos, hay miedo y los confinados tampoco bajan a comprar», aunque el número de puestos que concurre, se mantiene estable.

Los vecinos de Xove y O Vicedo que se acercaban los jueves al mercado ahora han dejado de acudir desde el cierre perimetral del municipio vivariense. La bajada de las ventas es considerable, según Iván Martínez, quien explica que las nuevas restricciones que sitúan a Viveiro en riesgo extremo desde ayer aún agravaron más la situación. "Con respecto a la semana pasada bajó entre un 30 y un 40%, y comparado con el año pasado -antes de la pandemia de covid-19-, más del 70%", estima.

"Un día como hoy ya sabíamos que habría menos gente, por lo que trajimos menos mercancía para que sobre lo menos posible. Al que acaba de iniciarse le resulta más complicado calcular lo que va a vender, pero nosotros llevamos en esto desde 1985 y más o menos ya lo sabemos", explica. Frutas Jose sirve productos frescos a diario al por mayor, a tiendas, hostelería -ahora cerrada- y también participa en los mercados existentes en diferentes concellos mariñanos, además de contar con tiendas en Ortigueira, Cedeira y San Cibrao. "Tenemos clientes habituales, que tienen una confianza porque saben lo que compran, es gente de toda la vida".

El comerciante no se explica «como tienen más miedo de acudir al mercado que a un supermercado, que es un espacio cerrado y sin ventilación, pues al aire libre y si se cumplen las normas de separación en teoría se entiende que el riesgo es menor».

A DOMICILIO. La empresa estrenó con el confinamiento de marzo las entregas a domicilio, que se pueden solicitar tanto llamando por teléfono como enviando un mensaje al Whatsapp. "La gente que no quiere venir, pide que se lo llevemos a casa, donde le podemos cobrar con la tarjeta, al llevar TPV, o en efectivo. El servicio tiene bastante demanda porque es muy cómodo y el precio es el mismo. En Viveiro servimos todos los días, porque vendemos al por mayor y de paso aprovechamos para realizar los encargos".

Iván Martínez comenta que los ambulantes que acuden a las ferias, de calzado y textil, también se quejan de que hay poca afluencia, porque "no se hacen eventos ni fiestas y la gente no compra ropa. Si no puedes salir para qué vas a comprar. Por eso, muchos compañeros lo están pasando tan mal o peor que la hostelería. Esto es un desastre. Esto es una cadena, hay gente que se quedó sin trabajo, están sin cobrar los Ertes y no hay dinero".

Frutas José cuenta con 13 trabajadores. "Mientras podamos aguantaremos, al ser la alimentación un sector esencial seguimos, porque son 13 familias que tienen que comer". El vendedor piensa que en este momento es prioritario acelerar el proceso de vacunación de la población en centros públicos y privados. "Es lo primordial, porque sino aún nos vamos a inmunizar porque la gente ya pasó el virus".

BURELA. Iván comenta también que el mercado semanal de Burela es el que va peor de la comarca en estos momentos. "El 75% de los clientes es gente jubilada que vive en la parte de abajo, una persona mayor no sube desde las Casas Baratas con un carrito, aún le cuesta a una joven". Está convencido de que el cambio de ubicación "echó el mercado a perder, no digo que estuviésemos bien donde estábamos, pero podían ubicarlo en la Praza do Concello y de A Mariña, en el medio del pueblo ganaría, porque la gente rota y al final lo anda todo, ya que no se llega a acuerdo para situarlo en la zona portuaria, no por eso hay que romperlo todo». La alternativa de las plazas le parece buena, por eso «no entiendo que el alcalde diga que no dan los metros, prefiero tener puesto más pequeño y estar en medio del pueblo", recalca.

El vendedor indica que cada día que acude al mercado burelés paga 15 euros, una cantidad de la que no se queja, sino de la ubicación porque "la gente no acude y no me vale la excusa de la pandemia, ahora todos se escudan en el covid-19. Ahí está Foz, que se hace en el puerto desde siempre, bajó algo, pero no como Burela, que está malísimo, lo echaron a perder ellos".

Sobre el emplazamiento señala que "el sitio está asfaltado y limpio, pero no tenemos baños. Parte de los mercaderes ya se han desanimado porque venían de lejos y con 20 euros de venta se desmoralizan porque el gasto es mayor. Es desolador, ya faltan puestos".

El mercado de Viveiro resiste pese al descenso de la afluencia
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