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Leo Bassi: "Si hay humor la sociedad tiene energía para superar la adversidad"

Leo Bassi. BRAIS LORENZO (EFE)
Leo Bassi. BRAIS LORENZO (EFE)

El cómico de origen italiano Leo Bassi actúa el día 22 en Burela con su espectáculo El último bufón, una obra en la que reivindica la necesidad de este comediante histórico que lucha contra el poder

Reconocido mundialmente por sus extravagantes actuaciones teatrales y sus innumerables acciones provocadoras, el cómico de origen italiano Leo Bassi (nacido en Nueva York en 1952 mientras sus padres estaban de gira por Estados Unidos) desciende de un antiguo linaje de payasos circenses venidos de Italia, Francia, Inglaterra, Austria y Polonia. Durante 170 años la familia ha actuado ininterrumpidamente y Bassi defiende la esencia del bufón y la cultura circense.

En su espectáculo ‘El último bufón’ repasa sus 40 años de trayectoria.
Sí, pero no se trata de una trayectoria física sino de un recorrido filosófico por la experiencia acumulada. Es un mensaje a las nuevas generaciones de un eterno rebelde, de un bufón utópico que además a sus 66 años se descubre más orgulloso que nunca de su propia familia, que a lo largo de siete generaciones ha dado una visión rebelde del mundo. Yo represento el último avatar de esta saga, pero desde 1840 estamos luchando por una visión utópica de la sociedad, un mundo sin fronteras y sin división de clases
y porque los ricos y los pobres tengan los mismos derechos. Ese es el sueño de los payasos.

Por todo esto, ¿sigue siendo necesaria la figura del bufón?
Claro, estamos en 2018 y se está hablando de penas de cárcel por componer una canción, de penas por dibujos cómicos, está la ley mordaza. La censura parece que no ha cambiado y debemos decirle a la juventud que no están solos.

¿Nunca se alcanzará ese sueño de los payasos del que habla?
Formamos parte de una lucha eterna en la que nunca se llega a la libertad total. Pero el mensaje no es pesimista, lo importante es amar esa lucha y eso, precisamente, es lo que hace el bufón, al que le gusta molestar a los poderosos. Disfruta de ello.

En los años que usted lleva trabajando, ¿ha cambiado mucho la profesión de humorista?
Sí, pero es un cambio más a nivel de comunicación con el público. Toda la vida los payasos tuvieron el público a su lado y ahora existe una pantalla y las redes sociales, como YouTube o Twitter. Pero después el espíritu es el mismo, un humorista debe ser rebelde y estar al tanto de las cosas que pasan.

¿Aprovecha las redes sociales?
Sí, me adapté bien y las aprovecho como una manera de difundir mi planteamiento y luego el público te ve en la pantalla y siente ganas de verte en realidad. Aunque es verdad que también me generan dudas, porque al final son algoritmos los que deciden si puedes tener o no una página o si puedes o no publicar un tuit y esto es un ataque directo como el que llevaba a cabo la Inquisición. Se traslada a un nivel técnico, pero detrás de la tecnología están los humanos.

"No estoy a favor de la censura, pero creo que te hace más creativo"

¿Qué implica ese control para los humoristas?
A mí me gusta, porque sino no tendría sentido ir en contra de algo. Una vez que te acostumbras a esta forma de control, con inteligencia y sentido del humor puedes decir lo mismo. Al final te hace más creativo. No estoy a favor de la censura ni la represión, pero se puede vivir con ello.

¿Es muy diferente el humor en España que en el resto de Europa?
En el mundo latino no existe una gran diferencia: hay humor negro, cinismo... pero en el norte ya es diferente. Cada sociedad tiene su humor y no se puede decir que uno sea mejor que otro. Yo personalmente me encuentro más cómodo aquí en España que en otros lugares de Europa en los que actúo por sus similitudes a Italia.

¿Y que opina del humor gallego?
Para mí hay dos Galicias: la conservadora con un humor cerrado y la otra con ganas de libertad, de reírse y de criticar. Yo me siento más cómodo con la segunda. La gente que conocí en Galicia tiene mucha vitalidad y puedes encontrarte un gallego en casi cualquier parte, por eso me gustan, porque son un poco nómadas como yo.

¿Es obligatorio que un humorista sea simpático?
Hay un millón de maneras de ser simpático. Mucha gente se sorprende que de fuera de mis espectáculos yo sea bastante serio, pero al final si quieres hacer reír a los demás es porque te gustan los demás. Yo necesito estar con gente y me gusta que estén a mi lado
riéndose, me produce un placer intenso.

¿Resulta complicado hacerle reír?
Sí, aunque también es cierto que desde que conozco a un artista y tengo confianza en él, después me puedo reír. Hay gente que me hace reír porque sé lo que hay detrás. No me gustan las personas que con su inteligencia utilizan los chistes, que no dejan de ser sucesiones de palabras que funcionan por sí mismas, para hacer humor que les sirva a su interés.

¿Cómo sería una sociedad en la que no hubiera humor?
Estaría en decadencia, porque el humor es la materialización de la vitalidad de una sociedad. Es complicado encontrar restos de que la pérdida del humor supuso la extinción de alguna civilización, pero estoy seguro de que así fue porque si hay humor una sociedad tiene reservas de energía para superar la adversidad.

¿Qué opina del público mariñano?
No se puede generalizar, pero ahí he sentido hambre de cultura. El público te empuja a dar más.

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