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La familia de San Roque crece con un burrito

El burrito, junto a su madre, Luna. EP
El burrito, junto a su madre, Luna. EP
La comunidad de montes de Viveiro le pondrá el nombre que sugieran los niños que lo vean. Hace poco también nació un gamo

El parque de animales del monte San Roque de Viveiro vivió esta semana todo un acontecimiento con el nacimiento de un burrito que ya con sus primeros pasos se gana el corazón de todos cuantos lo ven. De momento no tiene nombre y los encargados de ponérselo serán los niños que acudan a verlo al área recreativa.

El presidente de la comunidad de montes de San Roque, Monte Maior e Penedo do Galo, Carlos Méndez, explica que esperan unos días "para ver se cando soben os cativos alí xorde algún nome, uns chamaranlle dunha forma, outros doutra, e ao final poñemos algún nome dos que dixeran os nenos", cuenta. Será antes de que cumpla los tres meses, el plazo máximo para inscribir al animal en el libro de registro y ponerle el microchip, como tienen todos los que están al cuidado de esta comunidad.

Este burrito todavía sin nombre es hijo de Farruco y Luna, dos de los cinco animales de su especie que hay en el área recreativa —ahora seis—, y es el tercer burro que viene al mundo en este lugar, precisamente junto a su madre y a otro que falleció poco después de nacer.

Esta cría andará libremente por el área pero de momento, al igual que las de otras especies que pueden verse amenazadas por otros animales al poco de nacer, estará un tiempo protegida por un cerco en una zona aledaña a las instalaciones de los perros abandonados. "Calquera bicho lle pode atacar, entón estará alí os primeiros meses pero pódese ver perfectamente, é moi bonito", comenta Carlos Méndez, quien recuerda que hace poco tuvieron la baja de un poni devorado por el lobo.

Aparte de los seis burros y de los dos ponis que quedan, el monte San Roque cuenta con una reserva de animales en la que hay actualmente 16 gamos, unas 18 ovejas de Camerún y un ñandú. Entre los gamos también hubo un nacimiento hace poco, "hai aproximadamente quince días", pero estos animales son "moi medosos e ariscos" y no se acercan tanto. Más sociables son las ovejas, que "veñen comer á man". En cuanto al ñandú, se quedó solo y la comunidad de montes está "á procura de traerlle unha compañeira, pero non é fácil de conseguir", reconoce el presidente.

Por otro lado en el área recreativa de San Roque notan un incremento de las visitas en los últimos tiempos aunque durante la pandemia y los cierres también fue un lugar muy concurrido por los propios vecinos. "Ao covid custoulle traballo subir ao monte", bromea Méndez, quien reseña que "houbo moita xente do pobo, porque era un dos puntos onde se podía pasear tranquilamente ao aire libre, e agora vese máis xente de fóra, hai pouco viñeron excursións de Pontevedra con dous buses cheos de xente", dice.

Para los de Viveiro y los foráneos intentan ofrecer la mejor cara de San Roque con trabajos de mantenimiento continuos en el área recreativa. Tienen además proyectos como la mejora del parque infantil, donde quieren sustituir algunos columpios que acusan el uso y ampliar con nuevos juegos. Para ello solicitaron una subvención del GDR Terras de Miranda, pero todavía no saben si podrán contar con ella o no.

La familia de San Roque crece con un burrito
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