Un éxodo forzado con balón y libros

Cuatro chicas ucranianas que juegan en el juvenil del Burela FS cuentan cómo es su vida en esta villa y cómo perciben la invasión rusa
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photo_camera Las jóvenes ucranianas subiendo por la calle que da acceso al pabellón Vista Alegre. AEP

En Kiev hoy el termómetro no pasa de los cero grados centígrados, con el otoño hecho jirones y el invierno sacando la cabeza. Las primeras nevadas ya han llegado. Es la capital de un país en guerra, quebrado por fuera, roto su caparazón, pero orgulloso por dentro. Las tropas defienden su territorio de los invasores rusos, liderados por Zelenski, un actor en la piel de un presidente... El presidente.

A más de 3.500 kilómetros, en la costa de Lugo, hablamos con cuatro chicas de entre 16 y 17 años. Tienen en común que juegan al fútbol sala en el equipo juvenil del Burela FS, aunque también participan de entrenamientos y partidos con el primer equipo, el nombrado en los últimos años como el mejor equipo de mundo de fútbol sala femenino. También acuden diariamente al IES Monte Castelo a seguir con su formación académica. Están entre 4º de la Eso y 1º de bachillerato. La vida, pronto, les ha puesto una zancadilla. Las han echado de casa y han aterrizado en la costa de Lugo. Un Erasmus forzado.

Dasha es la más habladora, junto con su hermana Sofía. Son gemelas. Masha y Evelina son más reservadas, sobre todo la última. Su vida está en Burela, pero su corazón se quedó en Ucrania.

De lo primero que hablan es de Burela. "Es algo pequeño, pero nos gusta, es muy tranquila y con buenas personas", dice Dasha en nombre de las cuatro, la portavoz. Y es que vienen de grandes ciudades. Dasha y Sofía vivían en Kiev, de casi tres millones de habitantes, y Evelina y Masha de Jarkov, con casi 1,5.

Ellas ya jugaban al fútbol sala en sus equipos en Ucrania, todas desde hace cinco o seis años. Y hoy juegan en el juvenil del Burela FS, aunque ya han debutado con el primer equipo en partido oficial.

Conversación. La charla transcurre en la sala de prensa del club en el pabellón Vista Alegre mientras el primer equipo masculino prepara uno de sus partidos sobre el parqué del pabellón. Aunque risueñas, cuando se les nombra su país, una sombra surca sus rostros... y sus corazones. "Echamos de menos a nuestras familias, nuestras ciudades, a nuestro país", dicen serias.

Indagamos un poco más, y sabemos que los padres de Evelina y Masha, que no son hermanas, están en Jarkov. Pero el padre de las gemelas, de Dasha y Sofía, está en el frente. "Está luchando contra los rusos, está en sitios peligrosos, no sabemos dónde", confiesan, temerosas. Su actitud es seria cuando se habla de la guerra.

Pasamos este capítulo, al que volveremos, para hablar de aspectos más agradables, "como los profesores, que nos están ayudando mucho", dicen. Y de la gente del club. "Es muy buen club, con muy buenos jugadores y también nos ayudan mucho", insisten, y hablan de que ya han jugado "en el primer equipo, en la Liga española", con una sonrisa en la boca, orgullosas. Solo Dasha ha debutado en partido oficial, las otras tres han jugado amistosos.

Cuando les pregunto si somos diferentes los españoles a los ucranianos, se miran, y asienten las cuatro. "Nosotras notamos que la gente aquí es más feliz que en Ucrania. Aquí la gente te saluda por la calle, allí eso no pasa", advierten las jóvenes jugadoras de fútbol sala del Burela FS.

¿Habláis con nuestras amigas que se han quedado allí? "Sí, pero la situación es muy difícil. No pueden ir al colegio porque no hay luz, los rusos están atacando... (consulta el móvil, un traductor) nuestras infraestructuras", dice Dasha. ¿Las notáis tristes? "No, están acostumbradas a lo que están viviendo", subraya. La respuesta me deja el corazón encogido. Niñas de 16 o 17 años acostumbradas a la guerra en plena Europa.

sus casas, a salvo. En la televisión vemos ataques a bloques de viviendas, pero sus casas en Kiev y Jarkov están a salvo... por ahora. "Una tía mía no tiene casa, y ha tenido que ir a la de su madre, de mi abuela", dice una de nuestras protagonistas con el gesto serio de preocupación.

Cuando se les pregunta si quieren volver, dudan. "Queremos volver, porque allí tenemos a nuestros padres, abuelos, nuestro país, pero cuando acabe la guerra y esté un poco mejor la situación", aseguran.

Volvemos a hablar de sus padres, con los que sus madres hablan por Whatsapp a diario. "Cuando un día no podemos contactar con él estamos temblando", afirman gráficamente. "No es fácil, no siempre hay internet", reconocen.

Les interrogo por su presidente, Volodimir Zelenski. Y lo tienen claro. "Es muy buena persona; cuando estalló la guerra, Estados Unidos le ofreció la posibilidad de salir del país, pero él quiso quedarse con sus ciudadanos a defender el país", dicen, con una madurez impropia de adolescentes, a las que la vida les ha hecho saltarse algunas etapas de dos en dos.

Masha, Dasha, Sofía y Evelina sienten que su país está siendo respaldado por la mayoría de los estados. "Estamos apoyados por todos los países", dicen, orgullosas de Ucrania, una tierra a la que quieren regresar.

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