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El pan nuestro de cada día

Eugenio Freije, en la Panadería Trabada. P.V.
Eugenio Freije, en la Panadería Trabada. P.V.

Los panaderos celebran a su patrón en medio de cambios en el sector y un trabajo y dedicación continuos

Poca gente sabe que el San Honorato que se celebra hoy es el patrón de los panaderos. Aunque sea por encima los demás sabemos más o menos cómo lo van a celebrar y no nos equivocaremos: trabajando. El pan no puede faltar nunca. Y no falta. En los últimos años se produjo un despegue del pan, tanto a nivel de apreciación popular como de variedades. Lo hay de todos tipos y los profesionales se fueron amoldando a las nuevas exigencias de su clientela. 

En Trabada se encuentra un profesional del ramo con mucho camino a sus espaldas pese a tener 56 años. Es Eugenio Freije, de Panadería Trabada, que comenzó nada menos que con doce años, compaginando el colegio y la panadería Aenlle que había por aquel entonces. Luego lo dejó unos años y volvió ya con este negocio que dice que "me gusta moito, aínda que é moi escravo".

Su jornada laboral arranca en torno a las once de la noche y se prolonga hasta más allá de la una de la tarde del día siguiente. Aún así, asegura que "me gustaría probar cousas novas, pero a verdade é que non podo por falta de tempo". Todo ese tiempo que él y sus colegas dedican al pan se ve luego reflejado en un producto excelente "que ao día seguinte está perfecto".

Reconoce que la tecnología les hizo la vida más fácil en algunos aspectos, como al sustituir la leña por el pellet, que les evita un montón de trabajo cada día. Él empezó con la leña "e era moito máis traballoso. Agora tamén hai que quentar o forno, pero afórrase moito tempo".

El paso de los años hizo que lo que en principio era solo pan y empanada ahora Panadería Trabada lo convirtiese en un negocio mucho más amplio, con pastelería y bollos de varios tipos. Eugenio Freije dice que "hai que facelo para ir cos tempos porque senón aquí non queda xente. Eu só podía facer pan de sobra para todo Trabada. Por iso abrimos despachos na Veiga, en Ribadeo e en Burela. Tamén vendemos en Xixón, en Avilés ou en Oviedo, buscando mercados novos porque senón é imposible, no rural non queda ninguén".

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