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El derribo parcial del edificio de Nicolás Cora obliga a ocho realojos en Viveiro

El edificio objeto de la obra en Nicolás Cora. JOSÉ Mª ÁLVEZ
El edificio objeto de la obra en Nicolás Cora. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Los vecinos de las plantas cuarta y ático deben dejar las viviendas desde mañana hasta la finalización de la obra, que durará tres meses. "A xente está moi tocada", dice un residente

El cumplimiento de una sentencia judicial que obliga a derribar y reconstruir la cubierta del edificio 50 de la calle Nicolás Cora por su exceso de altura implica el desalojo de ocho viviendas, todas las de las plantas cuarta y ático cuyos vecinos fueron informados de que deberán abandonarlas mañana al ser inminente el inicio de los trabajos por parte de la adjudicataria, la constructora focense Jesús Naray. Podrán regresar una vez finalice la obra, que tiene un plazo de ejecución de tres meses.

Las obras afectan directamente a la planta quinta o ático, pero también se apuntalarán las cuatro viviendas de la cuarta y se desaloja a sus ocupantes por cuestiones de seguridad. Los trabajos consistirán en el derribo de la cubierta con "la supresión de la zona de locales para conseguir que la altura total de cumbrera no sobrepase los 4,75 metros". En la fachada que da a Nicolás Cora se eliminan la cornisa y la barandilla de las terrazas y se retranquea la fachada del ático en 23 centímetros, lo que afecta a las superficies de las cocinas y salones de las viviendas. En la fachada posterior se modifica la zona de dormitorios de dos viviendas.

"A xente está moi tocada, ter que saír da túa casa despois de trinta anos é moi duro", comenta uno de los residentes en el edificio, que añade que se trata de "unha obra moi delicada" y espera que no tengan ningún tipo de complicación en las viviendas.

La obra también afectará a los entresuelos y bajos. "El suelo de la planta baja se recrece en 23 centímetros y el techo de la entreplanta se recrece 25 centímetros por su parte inferior", dice el proyecto. Actualmente solo queda un negocio en este edificio, la lavandería y tintorería El Tinte, cuya propietaria, Jacinta Calvo, todavía no sabe cómo se verá afectado su local. "Vanme ir informando a medida que vaian avanzando as obras", dice la mujer, que lleva 19 años en este establecimiento y que cree que el derribo parcial le afectará muy negativamente.

"Nestes meses empeza a haber máis traballo coa Semana Santa, comunións, vodas...", señala Calvo, que permanecerá en el negocio ya que «non merece a pena» acondicionar otro local por tres meses y lamenta la escasez de aparcamientos que se verá acrecentada si se suprimen algunas plazas para colocar andamios o material de obra. "Esta non é a rúa de abaixo que está o muelle a cen metros, aquí non hai nada", lamenta, al tiempo que incide en la magnitud de la actuación y lo realmente poco que supone el exceso de altura: "Toda esta obra para 72 centímetros", dice.

El Concello -que gestionó el alojamiento de los vecinos, aunque la mayoría se arreglan por su cuenta- concluye con esta obra un largo proceso judicial iniciado en 1988 con la denuncia de un particular a la licencia del edificio, otorgada por el gobierno del entonces alcalde César Aja. Una sentencia obligaba a derribar a partir de la tercera planta pero el exregidor Melchor Roel se negó a ejecutarla, asumió una multa y su gobierno planteó una solución en base al Pepri, que permite cinco alturas en vías perimetrales.

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