Deja su clínica dental para montar una sidrería en Riotorto

Dolores Leivas he emprendido este nuevo proyecto con su marido y para "empezar de nuevo"
                      Arriba, los premiados con el accésit de Kenda y los propietarios. Abajo y al lado, interior y exterior de la bodega con su lagar.
photo_camera Dolores Leiva (en el centro), junto a su marido, Manuel Escudero López, entre de los premios de Kenda. EP

Después de 29 años ejerciendo en su clínica dental, que ella misma puso en marcha en Lugo, Dolores Leivas tomó hace casi un lustro la decisión de cambiar de rumbo, para lo cual se puso a restaurar la casa de su familia, en el municipio de Riotorto, donde creó un lagar de sidra natural que ya produce unas 5.000 botellas al año.

En declaraciones a Efe, confesó que un día pensó que tenía que "trabajar de otra manera", hacer algo diferente con su vida, y, después de emprender varios proyectos con su marido, Manuel Eduardo López, que es arquitecto de profesión, encontró el estímulo que necesitaba en sus propios orígenes.

"Heredé unas tierras de mi familia en Riotorto, de mi padre y de mis tíos, en la aldea de Espasande de Arriba. Es un sitio precioso, con una orografía muy particular. Entonces pensamos, vamos a hacer algo", explica Dolores. Como disponían de "medios" económicos "para hacerlo", se pusieron manos a la obra "y una cosa llevó a la otra".

"Mi marido es una persona muy apasionada, muy activa. Siempre le gustó mucho la sidra", aclara, por lo que se plantearon recuperar la vieja casa familiar, los manzanos "y empezar de nuevo" con un "lagar".

Además de los manzanos que ya había, plantaron otros "doscientos cincuenta", muchos de ellos "mi marido con sus propias manos", afirma Dolores, quien también valora el hecho de que en todo el proceso contaron "con la ayuda de los vecinos".

Ahora, después de tres años, Bodega Don Pedro Leivas, un lagar de sidra natural, produce aproximadamente unas 5.000 botellas al año. Además, su producto ha recibido ya varios premios. Pero, en realidad, este proyecto va mucho más allá y tiene también una vertiente comunitaria, con una cantina a disposición de los vecinos del lugar.

"Tenemos una cantina. Es un lugar muy bonito, con paredes de piedra natural. Está abierta a la gente que quiera disfrutarla. Es un lugar comunitario. Un sitio de reunión, como se hacía antes" en las aldeas. "Un punto de encuentro para gente de la zona", apostilló.

Precisamente, el proyecto de recuperación de la casa familiar y la puesta en marcha de la bodega acaba de recibir el accésit del Premio Juana de Vega de Intervención en el Paisaje. En este caso fue concedido a Manuel Eduardo López Vázquez –su marido– y a Belinda Yepes Jiménez, del estudio lucense Kenda Urbanismo y Territorio.

El jurado valoró que esta actuación puede ser modelo de inspiración en comarcas similares por su empleo de recursos naturales locales. 

De hecho, subraya que "en este proyecto, realizado con economía de medios, prima la acertada integración de la sidrería con la topografía del paisaje para configurar espacios a diferentes niveles, ofreciendo una percepción interesante y cromática, de texturas y de volúmenes". 

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