Lia Balseiro: "Cuando llego de clase me persigue, como un perro"

Este ejemplar es de raza abisinia, con remolinos en el pelo que muda sin necesidad de cortárselo. Esta especie puede vivir hasta ocho años, cinco como mínimo. Abby tiene seis meses. Son muy activas, solo duermen cuatro horas. Las otras 20 se las pasan comiendo casi todo el tiempo, y jugando, dice su dueña.
Lia con Abby, en Celeiro. JM PALEO
photo_camera Lia con Abby, en Celeiro. JM PALEO

La muerte de su hámster hizo que Lia comprase en abril pasado la cobaya Abby, que bautizó así por la raza y porque le gustaba ese nombre. Quería un conejo, pero su madre la disuadió. Pasa el curso en la residencia de A Coruña, donde solo permiten tener mascotas pequeñas. Es una privilegiada, porque tiene un cuarto al lado de habitación de su propietaria para ella sola, donde está todo el día suelta.

Lia le tiene una casita para dormir que le encanta porque se puede refugiar, "es de esconderse", y una almohada, además de una caja con la comida y para que pueda hacer sus necesidades en un rincón. "Tiene una característica, da muchos saltos por el cuarto, como si fuese un conejo", comenta. También le gusta que le rasquen el estómago.

Abby se alimenta de heno y mucha verdura. "La zanahoria le encanta, es su hortaliza favorita. El heno es un 80% de su alimentación, la verdura un 20% y el pienso es un complemento. Come muchísimo", explica su joven dueña, quien añade que no tarda en hacer la digestión, por lo que también "defeca mucho". Ello supone que "hay que limpiar mucho la zona, le pongo un papel absorbente de virutas de madera y hay que cambiárselo bastante". Señala que no aconsejan lavarla porque "lleva mal el frío y el calor, con el secador también se asusta, por eso uso un champú seco, así vive más tranquila", subraya.

Lia explica que lleva a Abby al veterinario sobre todo para que le revise los dientes, porque le crecen mucho, y para cortarle las uñas

Las cobayas van al veterinario, sobre todo para que les revisen los dientes. "Les crecen mucho, tienen que gastarlos con heno o palos de madera, y también para cortarle las uñas, las tiene afiladas y cuando la pillas a veces araña", indica. "Son animales gregarios, de convivir en grupo, pero en la residencia no puedo tener dos, aunque recomiendan por lo menos tenerle una pareja o sino entretenerla con juguetes". Ella le construye túneles y laberintos con tubos de PVC, dentro de los que coloca bolitas de pienso y que modifica "porque eso la estimula al descubrir el recorrido".

Lia indica que cuando se murió el hámster "me pillé un disgusto, porque tengo mucho apego a los animales. Esta la compré para estar conmigo, me hace mucha compañía, me espera cuando llego a casa. Cuando regreso de clase me persigue, como si fuera un perro. La tengo muy mimada, en el supermercado compramos una bolsa solo para ella", apunta.

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