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Cuando lo bueno pasa por obtener un negativo

Varias personas hacen los test en Viveiro. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Varias personas hacen los test en Viveiro. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Los antígenos se han convertido en parte de nuestra vida, unas pruebas que permiten detectar en minutos si alguien tiene el covid

La pandemia de covid nos ha cambiado la vida en muchos aspectos, también en el semántico, donde lo bueno ahora es tener un negativo, al menos en los tests de antígenos y las PCR, porque la factura anímica que nos está dejando el coronavirus equivale al peor de los suspensos.

El aumento de casos a las puertas de la Navidad cogió a todo el mundo con el pie cambiado y conseguir un test de antígenos fue una misión imposible en las farmacias de toda la comarca y de España entera. Por ello, las colas del día 23 de diciembre a las puertas de la casa del mar de Burela, el primer lugar de la comarca habilitado por el Servicio Galego de Saúde (Sergas) para la realización de test gratuitos, quedarán como una de las muchas impactantes imágenes que nos deja la pandemia en la retina.

Personas de todas las edades aguardando hasta tres horas para hacerse la prueba, que de ser negativa permitía poder estar en las comidas familiares de Nochebuena y Navidad, a la que muchos este año tuvieron que renunciar por los positivos que ya entonces empezaban a aparecer.


Andrea Ramallal comunica resultados en Viveiro. JOSÉ Mª ÁLVEZ

"Fue una auténtica locura porque la gente quería comer con los suyos y se hacían fotos con el móvil al resultado de los test para mandar a la familia y había otros que empezaban a aplaudir", recuerda Beatriz Teijeira, una de las cuatro personas que estuvieron haciendo los test diarios en la localidad, pero que desde el pasado lunes forma parte del equipo encargado de hacer las pruebas en Ribadeo y Viveiro donde la Xunta, en principio hasta finales de mes, ha dispuesto otros dos puntos gratuitos, sin cita previa, y que están abiertos de diez de la mañana a dos de la tarde, tres días a la semana cada uno de ellos.

En Burela se mantiene funcionando el de la casa del mar todos los días de la semana, desde el mediodía a las seis de la tarde. Un centro en el que las caras visibles son otras tres mujeres. Son la técnica de laboratorio Eva Fernández y las técnicas en cuidados de auxiliares de enfermería Marta María Blanco y Raquel Rodríguez, que confiesan que han vivido "días agotadores" durante las fiestas. "Hubo jornadas en que estaba entrando gente seguido" coincidiendo, recuerdan, con los días fuertes de las fiestas porque la gente quería reunirse con sus familias. El 23, el 24, el 30 y el 31 fueron los días con más usuarios y con colas que daban la vuelta al parque junto al que está ubicada la instalación y en las que se citaron muchos bureleses, pero "también gente de otros puntos de la comarca, estudiantes, gente que reside fuera y que venía a pasar las fiestas y mariñanos que querían marcharse a otros sitio", aseveran.

Unas colas kilométricas que no han vuelto a repetirse, aunque todos los días hay gente a las puertas del centro. "A veces vienen una hora antes de que abramos porque quieren estar los primeros, pero realmente no tienen más de diez minutos de espera", cuentan las profesionales.

El ajetreo de esos días festivos coincidió también con el pico alto de positivos, que llegó a estar entre el 25 y el 30 por ciento de los test realizados, unas cifras que han bajado considerablemente dejando ahora porcentajes de entre el 2 y 3 por ciento, coincidiendo también con una relajación en toda la provincia en la positividad de las pruebas, lo que apunta ya a una menor transmisión en Lugo.

El índice de positivos ha estado en el 30% de las pruebas realizadas y ahora se sitúa en menos del 5%

En general, dar un resultado positivo no es plato de buen gusto, "aunque la gente lo acepta, salvo raras excepciones que llevan mal lo de tener que estar unos días aislado, pero en general la gente lo asume, se resigna", cuentan.

Por desgracia no siempre es así y hay quien apuesta por esperar el resultado del test en el bar, como ocurrió el pasado lunes en Viveiro. Una práctica que no es la habitual, pero que indica la despreocupación de algunas personas ante una pandemia que parece lejos de acabar por culpa de variantes como Ómicron, que ha demostrado que es menos grave, pero infinitamente más contagiosa, "parece que se pega solo con mirar", apuntan las profesionales.

El ritual de los que acuden a hacer un test es siempre el mismo, esperar con paciencia y distancia a la entrada del recinto —en Ribadeo es el pabellón de deportes de la Avenida de Luarca y en Viveiro, el salón multiusos en el consistorio— acceder y colocarse en uno de los puestos habilitados, todos ellos atendidos por mujeres; rellenar un papel con sus datos personales mientras la profesional abre la caja del test para empezar la prueba, para lo que se recomienda toser con la mascarilla puesta hasta tres veces para generar saliva, antes de retirarla e introducir el hisopo frotando bien la cara interna de las mejillas, un bastoncillo que se mete en un pequeño recipiente, donde se han depositado unas gotas de reactivo, que después colocan en la cajita a la espera de que en diez minutos marque una raya —el ansiado negativo— o dos, el temido positivo.

Un tiempo durante el que en Burela los usuarios aguardan en una sala contigua a la que se hacen las pruebas y en Viveiro a las puertas del consistorio a la espera de que Eva, en el equipo burelés, o Andrea Ramallal, en el de Viveiro, comuniquen el resultado. "La mayoría de la gente se resigna y otros no se explican cómo han podido contagiarse, pero hacen lo que se les pide. No somos policías, pero hay que ser responsables", explica Ramallal.

Una técnico de laboratorio que comparte equipo con otras cuatro mujeres, que realizan los test en Viveiro y en Ribadeo, y del que forma parte la administrativa Juani Casas, la encargada de transmitir de forma inmediata los positivos registrados, con el fin de que el Sergas active el protocolo casi en tiempo real. Poco más del 5 por ciento se registraron en la jornada del martes en Viveiro, con 305 pruebas realizadas y 16 positivos, mientras que el lunes en Ribadeo salieron 13 casos de los 263 test hechos, un 4,94%.

Las técnicos de enfermería Beatriz Teijeira, Patricia Vallecillo y Carmen Varela son las encargadas del proceso y también de hacer la prueba a las personas con alguna dificultad, sobre todo los mayores. Es a ellos, como constatan también en Burela, "a los que les cuesta a veces seguir las explicaciones y se ponen bastante nerviosos porque muchos siguen relacionando esta pandemia con la muerte y por suerte ya no son los datos del principio". No solo ellos, también los niños, que todos los equipos reconocen que son como una lotería. "Los hay que son muy buenos y se dejan hacer ellos solos y otros que no quieren ni abrir la boca porque se han hecho ya PCR y piensan que esto es lo mismo, pero cuando lo hacen ven que no duele nada", recuerdan las profesionales, que se dan mucha maña para atenderlos con la calma que necesitan. El perfil de gente que acude a hacerse los tests es muy variado y se ha pasado de atender a familias enteras en Navidad a hacerlo básicamente a personas con síntomas o que son contactos de positivos, que son la mayoría. También hay asintomáticos, que quieren saber si han podido cogerlo dada la gran explosión de casos registrados con la variante Ómicron.

Para algunos es hasta su tercera visita en unos días, pues dan negativo a pesar de que viven con un positivo y repetir la prueba es clave para garantizar un correcto resultado. "El resultado es fiable, pero es importante el momento en que se hace el test y es importante tomar la muestra entre los tres y cinco días después de haber estado en contacto con un positivo y dentro de esos días hay un momento puntual que se pilla mejor la carga que otros, porque es muy importante hacer los test cuando tienes carga viral alta y por eso un día puedes dar negativo y al siguiente, positivo. Es un test de antígenos no una PCR", insisten las responsables de los cribados que se hacen en la comarca, para los que no hay que comer, beber o fumar en la media hora previa a la prueba.

El Gobierno central regula el precio de venta de las pruebas
La Comisión Interministerial de los Precios de los Medicamentos, órgano colegiado del Ministerio de Sanidad del que forman parte otros ministerios y las comunidades autónomas fijó ayer el precio máximo de los test de autodiagnóstico de antígenos a la venta en farmacias en 2,94 euros. Un coste que entrará en vigor mañana, tras la publicación hoy en el BOE.

6 EUROS
Es el precio medio al que se estaban vendiendo en las farmacias mariñanas, aunque un estudio de Facua habla de un abanico de precios de entre los 4,95 y los 10 euros, dependiendo de los puntos de España.

RÉCORD
Las fiestas navideñas trajeron un récord en el número de ventas, con datos que hablan de más de siete millones en la semana de Navidad y ocho y medio en la siguiente, del 27 de diciembre al 2 de enero, lo que supone un gasto global de más de 108 millones de euros.

GRATIS
Los mariñanos cuentan con puntos para hacer los tests gratis en su área sanitaria. A la semana completa en Burela se suman días alternos en Ribadeo y Viveiro, de manera que lunes, miércoles y viernes están el pabellón ribadense y martes, jueves y sábado en el multiusos de la ciudad del Landro. En todos realizan pruebas de saliva, con autotest controlados preparados también para poder hacerlos naseofaríngeos.

Cuando lo bueno pasa por obtener un negativo
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