Tino Reymóndez: "Cuando estás ahí arriba se te limpia de todo la mente"

Saqué la licencia para poder pilotar avionetas en 1989 y tengo el número 1.114 de España. Ahora vuelo tanto desde el aeródromo de Vilaframil, en Ribadeo, como desde el de Arnao, en Castropol. Si el tiempo es bueno, es como ir en un coche, no sientes gran cosa.

Tino Reymóndez, en su avioneta. EP
photo_camera Tino Reymóndez, en su avioneta. EP

Hace ya 33 años que Tino Reymóndez es piloto. Ahora acaba de jubilar su anterior avioneta y se compró otra de segunda mano sobre la que confiesa que le falta un pequeño ajuste: un apaño en la ventanilla para el objetivo de la que dice que en realidad es su mayor pasión: la fotografía.

Tiene una avioneta nueva.

Acabo de comprarla en Cáceres con cinco años y hubo que arreglarla algo. Aquí también se estropean, junto al mar hay que estar cuidándolas siempre.

¿A dónde va cuando sale a volar?

Bueno, eso depende un poco de las ganas que tengas, pero normalmente desde aquí se va mucho a Rozas, a La Morgal, Astorga, Vigo, A Coruña... Últimamente voy mucho hacia la Costa da Morte y vuelta evitando los aeropuertos. Al final son dos horas más o menos.

Muy poco tiempo.

Es que voy a unos 150 kilómetros por hora y en línea recta. Tampoco es tanto.

¿Este tipo de avionetas necesitan mucho mantenimiento?

Sí que hay que cuidarlas bastante, sí. Lo necesitan del mismo modo que también lo necesitan los motores de los coches. Es bueno que se muevan, así que muchas veces le doy una vuelta para matar el gusanillo y para que esté activa.

¿Cuándo empezó con esta afición tan particular?

Fui de los primeros de por aquí. Hice el curso en 1989 y tengo la licencia 1.114 de toda España. Empezaron a darlas en 1986 y ahora van en más de treinta mil.

No es entonces tan residual como parece visto desde fuera, por quienes no sabemos nada de este mundo.

No, no lo es. Aunque es verdad que la gente a la que le gusta esto responde toda a un perfil bastante parecido, porque somos gente que suele ser aficionada al mundo de los radioaficionados, a las motos... Bastante parecidos.

¿Volar se lo toma como algo más que un hobby?

La verdad es que esto para mí es muy relajante. Cuando estás ahí arriba, se te olvida todo lo demás. Es mucho mejor que tener que tomar un Valium 5. Las vistas que hay son siempre espectaculares y los vuelos son, normalmente, tranquilos. Esto es muy suave y ayuda muchísimo a desestresarse. Solo con estar pendiente de todo lo que hay que atender, ya te ayuda. Pero luego cuando estás volando se te libera la mente muchísimo.

Esta afición a volar le facilitará un poco otra que tiene, la de la fotografía. ¿Las compatibiliza para poder hacer fotos aéreas?

Sí, sí. Por supuesto. Yo creo que, quizás, las fotos sean en realidad lo que más me gusta. En el avión que tengo ahora aún falta precisamente hacer un ajuste en mi ventanilla para poder colocar el objetivo de la cámara, aunque eso será lo de menos.

¿Son muy seguros?

Muchísimo. Cada vez nos piden más y más medidas de seguridad y Aviación Civil la verdad es que es un ente muy estricto. Los planes de vuelo, por ejemplo, son como cualquier vuelo comercial. Es bastante complejo.

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