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Una coincidencia que le cambió la vida

Xabi Nistal posa con su bicicleta. JOSÉ Mª ÁLVEZ
Xabi Nistal posa con su bicicleta. JOSÉ Mª ÁLVEZ
El mariñano, que pitará en Primera en la 2021/22, se adentró en el mundillo por un curso que le daba créditos en la carrera

Un anuncio en la Universidad de A Coruña sobre un curso de árbitro de fútbol sala cambió la vida de Javier Menéndez Nistal (Ribadeo, 1985). Entonces, en la ciudad herculina estudiaba Ingeniería Informática, pero ese curso le daba créditos de libre configuración. "Era algo relacionado con el deporte y para allí fui", dice, sin saber que aquello cambiaría su vida.

Porque tres lustros después se ha convertido, desde la semana pasada, en el único árbitro lucense de la Primera División de fútbol sala nacional, de la mejor competición liguera. Una llamada del presidente de los árbitros de fútbol sala de Galicia, Álvaro Cid, le dio la buena nueva.

Nadie se esperaba ese cambio de rumbo en su vida. Poco a poco fue creciendo como árbitro y llegó un momento que tuvo que tomar una determinación. Jugaba en Preferente con el Ribadeo FC, el club de su localidad, y era árbitro en Segunda B. "Tuve que decidir. Y ahí me ayudó mucho José Aparicio Carrasco, que era el jefe de los árbitros mariñanos; él me invitó a seguir en el arbitraje, y se lo agradezco mucho; gracias a él estoy donde estoy", señala.

Las protestas, insultos y confrontar distintos puntos de vista le hicieron madurar

Su idilio con el arbitraje fue imparable. "Cuando estás dentro, ves lo que es, a mí me llenó. Y te hace madurar mucho", dice, y se explica: "Al final vives situaciones que no habías vivido, cuando te protestan, te insultan, ves que otras personas tienen una visión de las cosas que tú no tienes, y te enfrentas a situaciones diferentes, y eso me hizo madurar".

El año y medio que llevamos de pandemia ha dado para mucho en cuestión de anécdotas. "Este año teníamos un partido en Barcelona, era en plena pandemia. Subí al avión y cuando llegamos a Barcelona se había suspendido el partido; tuve que esperar tres días allí hasta que hubiera otro vuelo de vuelta y a los 15 días tuve que ir a pitar el encuentro", recuerda.

Y es que los viajes es otro de los quebraderos de cabeza de Xabi Nistal, aunque él no cambia Ribadeo por nada. "Es cierto que estás un poco desconectado de aeropuertos y trenes, pero tengo que decirlo, soy de pueblo", y añade: "He vivido en Coruña y Avilés, y lo que me tira es la vida en el pueblo; al final tenemos tres aeropuertos a hora y media".

Su método de arbitraje es el de intentar ayudar a entenderse a todas las personas implicadas en cada partido

Nistal se considera un árbitro "que intenta unir". "Busco que no haya elementos que nos separen a jugadores, entrenadores y árbitros e intento empatizar con la gente", explica. "Tratas de ayudar en los momentos que se puede. Cuando tienes que echar un grito, lo haces, pero también una sonrisa para relajar el ambiente, y eso nos hace más humanos y hace que los jugadores nos vean también como deportistas. En el fútbol sala somos muchos actores y nos tenemos que ayudar", comenta.

Este año, Xabi Nistal ha arbitrado cerca de una treintena de partidos entre Primera División femenina y Segunda masculina. Nota diferencias entre arbitrar a hombres y mujeres. "Es distinto. Los piques entre los chicos son más sanos, cuando termina el partido se dan un abrazo y queda ahí; las chicas se lo toman más a nivel personal, ese enfado va más allá del partido, pero en general no hay grandes diferencias", argumenta.

De los partidos donde le ha tocado impartir justicia a lo largo de su carrera profesional, uno de los más importantes fue el Manzanares-El Ejido, que peleaban por ascender a Primera División. "Se notaba tensión, había mucho en juego y fue un partido muy chulo", dice, pero se queda con otro. "El partido más impresionante que he pitado fue en Córdoba, en el pabellón Vista Alegre, en un partido contra el Betis. Había más de dos mil personas, estaba casi lleno, y había ultras del Córdoba de fútbol y del Betis también; el ambiente fue increíble, aunque luego el partido no fue gran cosa", recuerda.

El árbitro ya fantasea con poder arbitrar en los pabellones más míticos del territorio español

Desde octubre, cambiará las canchas de Segunda por las de Primera. "Tengo ganas de arbitrar en las canchas de equipos que han ganado Ligas, como puede ser el Palau, en Torrejón, donde juega el Inter, en la cancha de El Pozo Murcia, recintos míticos, sitios que has visto por la televisión y que ahora voy a tener la oportunidad de estar ahí ante 2.000 personas", explica.

Otra persona muy importante en la vida de Xabi Nistal es su compañero Vilas López, que ha ascendido de categoría junto a él. "Esta temporada hemos pitado casi todos los partidos juntos", recuerda. "Yo tengo dos hermanos, pero para mí es como un hermano más, porque hemos pasado muchas vivencias juntos, momentos malos de salir juntos, y una evolución bestial los dos", señala. "El otro día lo vi en Santiago y nos dimos un abrazo muy especial", subraya.

"Exprimo las horas del día al máximo; ordeno la semana de tal manera que me dé tiempo a hacer de todo"

A nivel personal, la vida de Xabi Nistal es un rompecabezas. Tiene pareja, trabaja en astilleros Gondán y además hace deporte para mantenerse en forma. "Exprimo las horas del día al máximo y también tengo mucha ayuda de mi pareja", subraya. "Soy muy organizado, y ordeno la semana de tal manera que me dé tiempo a hacer todo", concluye el colegiado.

El triatlón empezó como vía de escape y ahora es pasión
La otra gran pasión en la vida de Xabi Nistal es el triatlón. "Empezó como una vía de escape, para desconectar del resto, y ahora se ha convertido en una pasión", dice el ribadense, que compitió en el triatlón que hubo en su localidad en mayo. "Me ayuda a mantenerme en forma, pero sobre todo a desconectar mucho del día a día, sobre todo mentalmente, si sales dos horas en bici, ves paisajes, das vueltas a las cosas...".

RUTINA. Una de sus rutinas es salir con la grupeta los domingos del Club Ciclista Eo. "Es uno de los placeres de la vida poder compartir esa afición con otra gente; nos permite subir una montaña, tomar un café, y todo después de un partido, lo que te ayuda a poder desconectar".

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