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Así se mueve el turismo en Foz

Mercadillo de Foz. IRIA L.V.
Mercadillo de Foz. IRIA L.V.

El sol moviliza el turismo y sus rutinas. La mentalidad vacacional se nota en los supermercados, en los paseos y, sobre todo en las terrazas. El concello focense tiene asumidas sus propias rutinas en torno a las playas y establecimientos clave. El puerto es una ruta habitual para desconectar, comprar o para encontrarse con los amigos

BUENAS TEMPERATURAS, playas céntricas, terrazas para ir con ropa ligera y gafas de sol...y tráfico bastante denso. Foz en estado puro donde todo ello sirve para quedar con los amigos y conocidos. Muchos disfrutan de sus relajantes rutinas de verano entre programaciones culturales y comerciales. Este martes, el mercado volvió a su lugar en el puerto, auténtico punto neurálgico focense en estas fechas.

El San Lourenzo de la semana pasada disparó la afluencia turística pero la brisa y el calor, el mar y la playa siguen atrayendo a los visitantes. Con máximas que superan los veinte grados, vecinos y "madrileños" ponen rumbo a la arena desde por la mañana.

RUTINAS TURÍSTICAS. La llegada a Foz en agosto sigue un tanto caótica. El estrés de los conductores se palpa en el ambiente entre acelerones y bocinazos. La policía local dirigiendo el tráfico para regularlo y hacerlo más fluido es el habitual encuentro a la llegada a la villa. Veraneantes y focenses de pro conviven en un clima cálido, marítimo.

El mercado semanal devolvió el bullicio acostumbrado al puerto. La indumentaria habitual por la calle es similar: pantalones cortos y gafas de sol. Niños y niñas chillan su diversión en la plaza Conde de Fontao mientras juegan bajo la mirada paterna, otra rutina diaria. La cantidad de gente es tal en ciertas calles, que los viandantes cruzan por el medio de la vía, tomándola como un espacio más en el que pueden ejercer su derecho a pasear. Eso sí, esta actividad es una de las más comunes en el entorno de la zona portuaria.

Las rutas a pie por el puerto pesquero a orillas del mar y de las playas sirven de caminata diaria para desconectar y relajarse, complementando de esta manera un segundo objetivo: hacer deporte.

A excepción de Álvaro Cunqueiro que está en obras, en cualquier calle se escuchan planes de vacaciones. Los "vamos a comer a la playa" o "vamos a tomar algo con nuestros amigos" son habituales.

"Seleccionamos algunas terrazas por tranquilidad" dicen algunos visitantes asiduos, aunque muchas están llenas de gente

El "terraceo" es otro de los hábitos por excelencia . Grupos de madrileños y madrileñas, entre los que se incluye Cristina Pérez, veraneante habitual de la zona, subrayan la buena ubicación de Foz y la tranquilidad de alguna terraza, donde disfrutaban este martes, aludiendo a los puntos fuertes de la gastronomía local. La mayor parte de los bares apuestan por el consumo en las terrazas. Una mirada con detalle a la hostelería revela el triunfo de sus plataformas exteriores, llenas de gente en horas punta. Los vinos y cervezas parecen los favoritos, principalmente superado el mediodía. La peatonalización de algunas calles también ayuda, como la cercanía a las zonas de baño de las playas.

Ambas playas focenses, tanto la céntrica Rapadoira, como la atractiva playa de Llas, se convierten en auténticos mares de sombrillas que los clientes prolongan en las terrazas. Estos entornos naturales son testigos de como los veraneantes acuden en masa a disfrutar del sol, playa y arena. Otro clásico son los picnics, esas meriendas que marcan tendencia veraniega. Estas actividades, junto a los paseos, no son las únicas ya que las rutas en lancha por la ría de Foz son otras de las formas en la que los turistas disfrutan de las vistas que el pueblo ofrece, buscando la mayoría aquellas que se ofrecen desde el espigón.

PESCADO Y CARNE. Los vistantes se ralentizan. Pasan por las tiendas, se detienen en los escaparates. Los supermercados concentran a la clientela en las zonas de pescadería y carnicería. Las cervezas, pan y desayunos son otros de los productos más destacados de la lista de la compra.

LOS SOBRESALTOS. Foz, el vecindario, se acomoda a todo el ajetreo de estas semanas clave para el pueblo, en el que no faltan tampoco los cacos. Entre la avalancha turística también se mezclan los amigos de lo ajeno. En la madrugada del martes entraron por segunda vez en lo que va de mes en un céntrico taller de la calle Valle Inclán. Un  cristal roto y la pérdida de la calderilla de la registradora fueron las pérdidas. Quizás las cámaras del local los señalen entre el gentío turístico. Quizás sean los mismos autores de otro robo en un bar cercano, donde también se llevaron monedas y lotería.

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