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Un grupo de jóvenes repara el daño y paga el coste de lo sustraído de una máquina en Viveiro

Domingo González, junto a la expendedora contra la que cargaron los jóvenes. JM PALEO
Domingo González, junto a la expendedora contra la que cargaron los jóvenes. JM PALEO
"É unha actitude que lles honra e que lles valerá de lección para a vida e tamén para o resto da xente de que é importante comportarse e coidar as cousas", indica el hostelero afectado

Tenéis una semana para pasaros por el local y devolver lo robado o abonarlo o, de lo contrario, vuestros vídeos y fotos sabéis donde acabarán. Así rezaba parte del texto colgado por el empresario de hostelería vivariense Domingo González tras el ataque de madrugada a una máquina expendedora de patatas fritas que tiene en el exterior del local. No hizo falta más que media hora porque, tras percatarse del mensaje y arrepentidos por lo ocurrido, un grupo de jóvenes acudieron raudos a pedir perdón y a hacerse cargo de los daños ocasionados.

“É unha actitude que lles honra e que lles valerá de lección para a vida e tamén para o resto da xente de que é importante comportarse e coidar as cousas”, recuerda González. El hostelero recibió primero la visita de un chaval, de unos 17 o 18 años de edad, y después de los otros cinco amigos, uno de ellos acompañado de sus padres.

“Paréceme moi ben que viñeran dar a cara e confesar que fora unha gamberrada, pois andiveron a golpes coa máquina e romperon a tapa para levar unhas patacas e nin ao depósito dos cartos foron”, dice el hostelero, que retiró la publicación en redes sociales tras el compromiso de los jóvenes de abonar al dueño de la expendedora el dinero de lo sustraído y la reparación de los daños.

“Víase que eran rapaces nobles, que fixeron unha trastada como as fixemos outros á súa idade, pero hai que saber que todo ten consecuencias”, cuenta, para recordar que “foi mellor amañar polas boas, porque como dicen sempre é mellor un mal acordo que un bo xuízo e xa volveron ao local, todo queda esquecido”, dice.

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