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Andrés Bouza, el camino inverso

El riotortense se calza de nuevo las botas para jugar con el Pontenova tras tres años en los que dirigió al equipo desde el banquillo

En julio de 2018, el Spórting Pontenova anunciaba que Andrés Bouza colgaba las botas y cogía las riendas del equipo desde el banquillo. Más de tres años después, con un año de parón por la pandemia provocada por el covid-19, y con 38 años, el fino centrocampista hace el camino de vuelta y se calza otra vez las botas para ayudar a su equipo en el campo. Ya lo hizo el pasado fin de semana, donde en un amistoso el conjunto pontenovés empató a cero en O Cascabeiro frente al Celta Barreiros. El inicio de Liga en Primera Autonómica tendrá que esperar hasta el día 17 y lo harán en el campo del Pol.

ANDRES BOUZA , VUELVE A JUGAR EN A PONTENOVA FC DEPUES DE HABERSE RETIRADO- FOTO JM ALVEZ"No hay gente y no me queda otra". Es la explicación que da este ingeniero de caminos de su vuelta a la competición. Ahora vive en Lugo y trabaja en una empresa que tiene la sede en Melide. Eso se traduce en que muchos días tiene que hacer 240 kilómetros de casa al trabajo y del trabajo al entrenamiento. "Me marcho a las siete de la mañana, voy a Melide, y ya sin pasar por Lugo voy directo a A Pontenova. No llego a casa hasta las doce de la noche y al día siguiente arriba otra vez a las seis de la mañana", cuenta, eso siempre que no tenga que hacer más kilómetros por su trabajo, ya que su empresa tiene obras civiles salpicadas por toda la geografía gallega.

Pero sarna con gusto no pica. Y cuenta con la aquiescencia de su pareja, comprensiva con su amor por el fútbol: "El morro lo tuerce porque lo tiene que torcer, pero ella sabe que el fútbol significa mucho para mí, que es una vía de escape, que si tengo un día complicado en el trabajo marcho a entrenar y vuelvo feliz". Quien no sabe nada de su regreso a los campos es su madre, que vive en el País Vasco. "Ni lo sabe ni le va a hacer gracia si se entera, porque sabe cómo soy, que nunca me ahorro nada y siempre llevo muchos golpes", y añade una anécdota: "Estos dos últimos años estuve jugando con los veteranos del Garabolos y me rompí la nariz. Yo no sé jugar para pasar el rato".

La relación de Bouza con el Pontenova viene de lejos, ya que desde que jugaba en Tercera con el Ribadeo entrenaba a las categorías inferiores del club. "Pero es un sitio complicado para poder traer gente de fuera, porque está muy a desmano de todo", argumenta, "y la mayoría de los chavales que quedan son los que tuve yo en cadetes y juveniles, gente del pueblo", dice. Este club no paga, por lo que cuentan también con ese hándicap, ya que otros equipos de la zona sí que pagan algo a los jugadores. Ahora mismo solo tienen quince fichas para poder empezar la temporada. "También trajimos a gente de Vegadeo y a Castrín, que viene de pasar unos años complicados, no tiene confianza. Como yo tengo amistad con él me pidió si podría venir a jugar con nosotros, aunque todos sabemos que está fuera de categoría en A Pontenova", comenta.

Sobre su momento actual, dice que ya avisó a sus compañeros de que no se ve para jugar: "No debería hacerlo muchos minutos", dice Andrés, sincero. "Voy mejorando físicamente; además, tenemos a Xaime López Rego, que es el mejor preparador físico, y un equipo de entrenadores muy bueno", cuenta Bouza, que coordina la preparación de todos los equipos, desde el sénior, donde el técnico es Pelayo, hasta la base.

"Mi madre no sabe que volví a jugar y es mejor que no lo sepa, porque me conoce y sabe que no me ahorro nada"

Durante la pretemporada, el equipo entrena tres días a la semana, "pero cuando se inicie el curso, serán dos días más el partido los fines de semana", aunque apunta de que "algunos chavales que están trabajando o estudiando fuera entrenan con otros equipos de sus lugares de residencia".

Andrés sufrió un hecho trágico hace menos de un año, cuando falleció su tío. "Era el que me echaba una mano cuando era entrenador, cuando llegaba tarde siempre estaba él. Por eso no estaba con muchas ganas, pero la verdad es que me animó todo el mundo a volver", concluye Bouza.
 

Trayectoria | Las lesiones frenaron su carrera
Andrés Bouza es un jugador con un gran talento. Una serie de lesiones que tuvo entre los 17 y los 21 años frenaron su progresión. Comenzó a jugar al fútbol en el Cárnicos Rio, un equipo que fundó su madre en Riotorto para que él, su hermano Luis y los chavales del pueblo pudieran jugar. A partir de infantil dio el salto a Lugo, primero jugó en la Residencia, más tarde en el CD Lugo, y un año también en Liga Gallega con el Vilalbés. En este tramo comenzó su odisea con las lesiones. A los 17 años rompió la rodilla. Se operó pero tiempo más tarde tuvo que pasar de nuevo por el quirófano. Estuvo casi dos años parado
Su hermano, al Rácing
Volvió a arrancar con el Lugo en Tercera. "A mi hermano y a mí nos vinieron a buscar del Santander; mi hermano se fue pero yo preferí quedarme", dice. Tuvo problemas en el pubis y se volvió a operar.
Al Castro
Mouriz le ofreció renovar por el Lugo, pero prefirió ir al Castro, con un buen proyecto en Preferente. Más tarde jugó en el Betanzos, donde consiguió el ascenso a Tercera y ahí aprendió mucho de Óscar Gilsanz, "de lo mejorcito que he tenido como entrenador", reconoce.
MVP de Preferente
Tras jugar en el Betanzos recaló en el Ribadeo, donde se volvió a topar con las lesiones, al romperse el cruzado. Aún así consiguió con el equipo celeste ascender a Tercera y ese año fue elegido el mejor jugador de Preferente de Galicia. Tras acabar su periplo en el Ribadeo, jugó dos temporadas en el Pontenova, con el que ganó la Liga y la Copa y logró el ascenso a Primera antes de coger las riendas del conjunto lucense

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