Vocación de servicio que va en la sangre

Tres guardias civiles chairegos comparten orgullosos profesión con sus hijas en cuerpos de seguridad del Estado o el Ejército
Javier y Nerea Teijeiro. EP
photo_camera Javier y Nerea Teijeiro. EP

Javier Teijeiro, José Luis Pardo y Clemente Miragaya decidieron hace tres décadas encaminar sus vidas al servicio público ingresando en la Guardia Civil. Una vocación que, sin pretenderlo, heredaron sus respectivas hijas, Nerea, Alicia y Claudia. Los seis muestran un orgullo mutuo. Ellos, por haber transmitido la importancia de ayudar a la ciudadanía. Ellas, por tener el mejor espejo en el que mirarse y del que aprender.

José Luis y Alicia Pardo

El cuartel de la Guardia Civil de Vilalba cuenta entre su plantilla con dos agentes que se conocen muy bien entre sí: José Luis Pardo y su hija Alicia, que con 24 años está realizando el periodo de prácticas en Seguridad Ciudadana. "Me pareció maravilloso que mi hija quisiera ingresar al cuerpo y seguir mi ejemplo", asegura José Luis, al tiempo que reconoce que sintió "gran satisfacción y orgullo" cuando recibió la noticia.

La "ilusión y vocación de servicio" fue lo que le llevó hace 30 años a ingresar en el cuerpo de la Guardia Civil, donde suma 26 años en la unidad del Seprona. Alicia, une a esa vocación la "tradición familiar" y explica que se planteó durante bastante tiempo seguir los pasos de su progenitor. "Es una de las mejores formas en las que puedes ayudar a alguien de manera más directa", asegura.

José Luis y Alicia Pardo, en su primer Pilar juntos. M.ROCA
José Luis y Alicia Pardo, en su primer Pilar juntos. M.ROCA

Esta agente vilalbesa, que compagina su trabajo con los estudios del grado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos, se sintió en todo momento muy apoyada por sus padres a la hora de recorrer un camino que "ha sido muy largo", pero del que se siente satisfecha.

De cara al futuro, dentro de esta profesión, Alicia todavía está barajando distintas opciones, pero tiene claro que lo mejor en ella es "conseguir solventar problemas de ciudadanos, que pueden ser pequeñas cosas, pero que para ellos son grandes". Y en esa experiencia que va adquiriendo cuenta con los consejos de José Luis, aunque reconoce que se le hace "un poco raro" poder "compartir los problemas y dudas" en el trabajo y que "alguien así de cercano te ayude a solventarlos".

Su padre, por su parte, la anima a que sea "ella misma, sin complejos de ningún tipo" dentro de un cuerpo en el que las condiciones laborales "han cambiado muchísimo" en general, como en la prestación del servicio, en medios materiales, compatibilidad familiar o remuneración. "No solo mejoró la situación de cara a las mujeres, sino para ambos sexos", asegura, mientras que Alicia, desde su perspectiva femenina, confirma que la vida profesional en la Guardia Civil es "totalmente igualitaria". "Así me lo hacen sentir todos mis compañeros, afirma.

Clemente y Claudia Miragaya

Los guitiricenses Clemente y Claudia Miragaya no comparten destino en sus trabajos. Y, por circunstancias de la vida, ni cuerpo de seguridad del Estado, ya que, tras un intento infructuoso para acceder a la Benemérita, la joven finalmente forma parte de la Armada española.

Clemente reconoce que siempre le gustó la Guardia Civil, donde tuvo a algunos familiares, aunque no directos. Por ello, para hacer el servicio militar accedió al cuerpo como auxiliar y estuvo en Santoña, donde conoció a su mujer.

Ayudar a la gente les compensa del trabajo ingrato que a veces tienen

Posteriormente se examinó para acceder como profesional y salió de la academia en 1993. Tras pasar por Langa de Duero (Soria) y O Vicedo, en 2002 regresó a su Guitiriz natal, desde donde fue enviado a comisiones —temporadas que pasa destinado en otros sitios— con motivo del referendum del 1 de octubre de 2017 en Cataluña, en el Pazo de Meirás a principios del 2021 durante el conflicto entre Xunta, Gobierno y la familia Franco o como seguridad de Calvo Sotelo en Ribadeo. Una experiencia larga y variada en la que lo que más destaca es "el contacto con la gente".

Igual que a su padre, a Claudia, de 29 años, también le gustó "siempre" todo el mundo de las fuerzas y cuerpos de seguridad, por lo que estudió Derecho con la idea de opositar después porque "es la carrera que tiene más temario en común". "Al acabar, quise prepararme para el cuerpo jurídico militar, pero ir por la calle es casi imposible, así que me presenté para guardia civil. Aprobé el examen, pasé las pruebas, pero me quedé de reserva con un montón de puntos. Me quedé un poco desilusionada", reconoce con cierta pena.

Tras un tiempo meditándolo, miró las plazas para el Ejército y se presentó a la Armada. "Era lo que más cerca me quedaba. No elegí tierra porque prefería un trabajo menos físico. Aprobé, entré en la escuela en mayo de 2022 y salí en febrero de 2023 y me destinaron a la Fragata Méndez Núñez (F-014), que tiene base en Ferrol", explica esta marinero que está en el destino de comunicaciones.

Claudia y Clemente Miragaya. EP
Claudia y Clemente Miragaya. EP

Desde entonces, ya fueron muchas sus misiones lejos de casa. "Salí un jueves de la academia con el diploma y al día siguiente ya me fui en tren a Cádiz y me embarqué durante dos semanas", recuerda y enumera otras salidas, como una por el Mediterráneo de tres semanas con ejercicios del Ejército del Aire y otra de casi un mes en las Islas Canarias para una prueba coordinada con otros buques, donde coincidieron con el Rey Felipe VI.

El trabajo de Claudia Miragaya se centra en todo lo relacionado con satélites y conexiones con otros buques, tierra, aviones... "Estuvimos en una navegación de la Otan. Llegan mensajes cifrados y nosotros los desciframos y los distribuimos", explica sobre su misión más larga, de cuatro meses por el Mediterráneo.

"Lo más duro es estar en el barco continuamente. Solo parábamos un par de días cada 10 o 15. Pero las condiciones de trabajo son buenas, sobre todo en el puerto base", relata la joven, mientras su padre añade que "también tiene su compensación", ya que en esos cuatro meses fuera conoció destinos como Casablanca, Estambul, Antalya, Roma, Sicilia o Atenas.

De cara al futuro, Claudia quiere presentarse el año que viene para sargento. "Quiero prepararme bien, porque es complicado", asegura, sobre una profesión en la que "a medida que subes escalas, hay menos mujeres".

Javier y Nerea Teijeiro

La llegada del cospeités Javier Teijeiro, sargento desde 2000 en el cuartel de A Pastoriza, donde trabaja desde hace casi 30 años, a la Guardia Civil fue algo "circunstancial", tal y como él mismo lo define, ya que no había nadie en su familia en este cuerpo. No fue así en el caso de su hija Nerea, que a sus 23 años ya está a punto de acabar su año de prácticas —es de la misma promoción que Alicia Pardo— dentro del Instituto Armado, destinada en el puesto de Sueca, en Valencia.

Él vio en la Guardia Civil una opción para realizar el servicio militar y poco a poco pasó a ser su futuro gracias a vivir la satisfacción de "poder ayudar y solucionar problemas". Esa vocación de ayuda a los demás fue lo que vivió desde la cuna ella, la realidad que conoció desde bien pequeña y que tuvo siempre claro que quería para ella misma cuando fuera adulta.

"Me he criado rodeada de guardias, entre ellos mi padre, y veía día a día que llegaba a casa y lo más importante era lo que había hecho. Llegaba siempre contento con la labor que hacía y lo bonito que es este trabajo, que es de vocación. Yo me crié viendo eso", explica Nerea, consciente de haber tenido "un buen ejemplo" del que aprender.

Recuerda que de pequeña jugaba "a pelearme, a detener a alguien... yo no jugaba con muñecas, las tengo en las cajas que me regalaron de niña (ríe)" y que cuando llegó el momento de elegir, lo tuvo claro.

Nerea Teijeiro, con su padre en el día de su jura de bandera. EP
Nerea Teijeiro, con su padre en el día de su jura de bandera. EP

"A ella se le dio bien siempre estudiar, era de buenas notas, la animaba a probar a hacer alguna carrera", afirma Javier. Pero Nerea le replica: "pero no era lo que quería". Y así, aunque empezó una carrera, a su vez comenzó a estudiar para ser guardia civil. "Entré en la academia de Valdemoro y dejé la carrera. Con 23 años tengo toda la vida por delante para hacer lo que quiera aquí dentro, porque hay muchísimas opciones y especialidades. Yo estoy muy contenta", asegura.

Su paso por la academia fue "la mejor experiencia" de su vida y para decidir destino para hacer las prácticas no dudó. "Quería conocer mundo. Pudiendo venirme para aquí, me fui a Valencia. Él en su momento se vino para A Pastoriza buscando tranquilidad y yo me fui para allá buscando movida. Quería un puesto con un numero de diligencias y de trabajo que fuera grande para aprender y que ahora, cuando salga de profesional, me manden a donde me manden, tener una formación con la que pueda resolver las cosas", comenta convencida de haber tomado la mejor decisión.

Pese a la distancia física que les separa en la actualidad, ambos se sienten muy cerca, porque Nerea reconoce que "todos los días" le pide consejo a su padre. "Lleva treinta y pico años en la Guardia Civil y sabe mucho más que yo", afirma, a pesar de las diferencias a nivel de trabajo que hay en sus respectivos puestos. "Aquí ves un caso concreto cada cierto tiempo que allí pasa todos los días", asegura Javier.

Nerea, Alicia y Claudia dicen que su labor es "totalmente igualitaria"

Ambos coinciden en que lo mejor de su profesión es "la vocación de ayudar, de echar una mano en lo que puedas", mientras que lo peor es que es un trabajo "muy poco agradecido, la mayoría de la gente solo ve el aspecto negativo, el de la sanción, la multa, y hasta que no nos necesitan, nadie nos lo agradece".

Un agradecimiento que sí que ven que surge en el Día del Pilar, "el mejor día del año", para Nerea. "En A Pastoriza lo compartes con los vecinos. Se reúnen más de un centenar de personas y lo preparamos todo nosotros, y, aunque no lo digan, ves a la gente agradecida y contenta", recuerdan. "Yo veía ese día a toda la gente alrededor de mi padre, diciéndole "bueno, Javier, gracias por esto, por lo otro...". Y yo, orgullosísima", sentencia Nerea.