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Vilalba vive un feirón descafeinado

Ambiente en el feirón vilalbés. M. ROCA
Ambiente en el feirón vilalbés. M. ROCA
El trajín de clientes y tráfico habitual de los martes brilló por su ausencia en la localidad, en alerta máxima desde hace diez días

Cualquier martes por la mañana, y más un día de feirón, Vilalba tendría un ritmo distinto al habitual en otro día de la semana. Más gente, más coches, más movimiento, más colas en los bancos, más compras y más charlas en los bares. Pero nada de eso se vio este martes, con el municipio chairego en el nivel máximo de alerta por coronavirus desde hace diez días, lo que le ha dado otro zarpazo a esa nueva normalidad que ya había rebajado la intensidad también a esos días de mercado.

Compras esporádicas, pocos transeúntes, cruces sin atascos, apenas tráfico y muchas manos en los bolsillos y ratos muertos en los negocios fue la tónica de un día de feirón descafeinado, con el campo de la feria con la mitad del aforo, pero no por las restricciones, sino por la ausencia de vendedores.

"Un día normal de feirón, no dejan aparcar ningún coche en el recinto porque hace falta el espacio y mira hoy —por este martes—... la mitad está ocupado por coches aparcados", explica Eugenia Ríos, del café pub Oasis, ubicado justo en la entrada del campo de la feria, mientras mira con tristeza la ausencia de clientes en su local.

Tanto ella como muchos otros propietarios de negocios coinciden en que desde que Vilalba "está en rojo", como muchos dicen, se notó "un bajón" en el ambiente en la localidad. Y esa sensación se palpa, se nota y se constata en cosas tan simples como en encontrar aparcamiento en pleno centro o ver por las mañanas las calles principales con tan poco tráfico como si fuera por la tarde, y una de las muy tranquilas.

María Bermúdez: "Hai persoas que xa están adiantando as compras de Nadal porque pensan que en breve imos estar pechados"

Si por algo destaca Vilalba es por ser cabecera de comarca y, como tal, centro de servicios y compras, no solo para sus numerosas parroquias, sino también para ayuntamientos próximos como Cospeito, Xermade, Rábade, Begonte o Abadín. "Teño varias clientas de fóra que me chaman e din que non veñen porque pensan que aquí estamos pechados por estar en alerta vermella", explica María Bermúdez, de la tienda As Nubes y vecina de negocio de Eugenia.

Ambas coinciden en que los días de mercado y de feirón aprovechan mucho la sinergia de recibir gente de fuera, pero este martes no era uno de esos días.

Dejando atrás el campo de la feria y la parte alta del pueblo, al acercarse al centro sorprende por un momento encontrarse de repente a unas 30 personas haciendo cola ante el consistorio. El motivo es simple: la gestión para conseguir los bonos de 30 euros que otorga el Concello para gastar en el municipio.

Y en un razonamiento rápido de habitante vilalbés, se cae en que es martes, día de mercado, o feirón, cuando vienen de las parroquias a comprar y aprovechar para hacer gestiones. Hay hábitos que el coronavirus puede reducir, pero no cambiar.

Eso lo comprueban cada día los taxistas, que, aunque la frecuencia de los viajes se redujo, la gente mayor de las parroquias, sus clientes principales, siguen acercándose al centro para cosas necesarias como ir al centro de salud, hacer la compra o gestiones en el banco. "Un martes ou un venres adoita ser máis movido, pero a xente está recelosa de vir á vila. Pero hai unhas necesidades básicas que teñen que cubrir e, se antes viñan dúas ou tres veces á semana, agora só o fan unha e aproveitan ese día para facer todo", explica Carlos Rey.

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Y estos días la gestión estrella son los citados bonos, los cuales los negocios agradecen porque es un aliciente para que los vilalbeses gasten en un mes de por sí malo y que la alerta máxima quiere convertir en nefasto. "Algún cliente xa me dixo que viña porque tiña o bono, que se non, non", reconoce María Bermúdez, al tiempo que Mariví Sanjurjo, de Sanjurjo Moda, agradece la iniciativa. "Las ventas bajaron, la gente tiene miedo, por eso todo lo que se haga, por pequeño que sea, ayuda y nos viene muy bien", dice, y recuerda las precauciones que se toman en los comercios.

Mientras, el coronavirus inunda las conversaciones en Vilalba y la preocupación y la incertidumbre entre los vecinos, que en solo 15 días pasaron de ver que había diez casos a casi 70, crece. "É o tema de conversación aínda que o queiras evitar. Que cantos casos hai, se nos cerrarán...", admite la peluquera María José Paz. Y a la espera de posibles novedades, se añora el trajín de un día de mercado cualquiera.

Vilalba vive un feirón descafeinado
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